De Nueva Orleans a Hollywood: el viaje de los cócteles americanos
De Hemingway a Marilyn: los cócteles americanos más famosos y las historias que se esconden en sus copas.
Índice
Tragos con historia
Beber un cóctel americano es adentrarse en una parte viva de la historia del país que mejor supo mezclar hedonismo y precisión. Estados Unidos transformó la barra en un laboratorio social: allí se resolvían negocios, se cruzaban ideas políticas y nacían estilos de vida. Cada cóctel clásico norteamericano es un fragmento líquido de esa evolución: desde los destilados del sur hasta los clubes de Nueva York, pasando por los bares clandestinos de la Ley Seca.
El término cocktail apareció impreso por primera vez en 1806, definido como una “bebida estimulante compuesta de licor, azúcar, agua y bitters”. Aquella sencilla fórmula abrió un camino que marcaría la modernidad. Durante la prohibición, los bartenders se convirtieron en alquimistas, mezclando para disimular alcoholes de mala calidad. Cuando la Ley Seca terminó en 1933, la coctelería ya formaba parte del ADN estadounidense.
No es exagerado decir que los cócteles americanos no son simples bebidas, son los retratos de un país en los que vive la historia de sus bares, sus escritores, sus rebeldes y sus soñadores. El Old Fashioned refleja la sobriedad del siglo XIX; el Martini, la geometría del poder; el Mai Tai, el anhelo de escapar; el Bloody Mary, la resaca del éxito. En definitiva, cada trago cuenta algo del alma estadounidense: la búsqueda de equilibrio en medio del caos.
Hoy, los cócteles que marcaron la historia de América siguen preparándose con respeto casi reverencial. En este recorrido seleccionamos diez clásicos imprescindibles, elegidos por su origen genuinamente estadounidense, su impacto cultural y su permanencia en la coctelería internacional. Las recetas que encontrarás son las versiones más auténticas, fieles a su espíritu original, y nos hemos atrevido a maridarlas con platos que realzan su carácter.
OLD FASHIONED: el principio de todo
El Old Fashioned es el punto de partida de la coctelería moderna. Nació hacia 1880 en el Pendennis Club de Louisville, Kentucky, cuando el coronel James E. Pepper pidió al bartender que le preparara un “whiskey cocktail, the old-fashioned way”. Aquel pedido dio nombre a un mito.

Sencillo en apariencia —whiskey, azúcar, bitters y una piel de naranja—, su fuerza reside en su honestidad. Era el cóctel de los caballeros de finales del XIX, cuando la sofisticación se medía por la sobriedad del gesto. Se servía en vaso bajo, frío pero no helado, para que el hielo no robara el protagonismo al bourbon. En boca, su calidez envolvía el paladar con el mismo carácter que marcaba las conversaciones de club. No es casual que Truman lo bebiera después de la guerra, ni que Don Draper lo rescatara en Mad Men como emblema de masculinidad contenida. Acompaña maravillosamente carnes ahumadas, postres con cacao o incluso un buen puro, si se busca cerrar la noche al estilo clásico.
Ingredientes:
- 45 ml de bourbon o rye whiskey
- 1 terrón de azúcar
- 2-3 dashes de Angostura bitters
- Unas gotas de agua
- Guarnición: piel de naranja (twist) y opcionalmente una cereza maraschino
Procedimiento: Coloca el cubo de azúcar en un vaso tipo old fashioned, empápalo con los bitters y unas gotas de agua, y presiónalo hasta que se disuelva parcialmente. Añade hielo (cubos grandes) y vierte el whiskey. Remueve suavemente para integrar. Finalmente, exprime un twist de naranja sobre la bebida para liberar los aceites esenciales y colócalo como guarnición.
MARTINI: la perfección en equilibrio
De todos los cócteles americanos, el Martini encarna como ningún otro la idea de control y elegancia. Su origen se disputa entre San Francisco, donde se cree que nació su precursor “Martinez”, y Nueva York, donde alcanzó la fama definitiva. La palabra podría derivar del vermut italiano Martini & Rossi, pero también de la costumbre de llamarlo Martini cocktail en los menús de los bares de Manhattan.

En la barra, el Martini exigía precisión quirúrgica: una copa helada, la proporción justa entre ginebra y vermut seco, y un giro de limón o aceituna como firma final. Se servía tan frío que la copa se cubría de una leve escarcha; esa temperatura extrema preservaba su pureza. Fue el cóctel de escritores y diplomáticos, de Franklin D. Roosevelt alzando su copa tras el fin de la Prohibición, o de James Bond redefiniendo la masculinidad británica con su “shaken, not stirred”. Su sabor seco pedía compañía ligera: mariscos, ostras o un sencillo carpaccio, platos donde el frescor y la salinidad dialogan con su carácter punzante.
Ingredientes:
- 60 ml de ginebra
- 10 ml de vermut seco
- Guarnición: twist de limón o aceituna
Procedimiento: En un vaso de mezcla con hielo, vierte la ginebra y el vermut seco. Remueve bien hasta que el conjunto esté muy frío y ligeramente diluido. Cuela en una copa previamente enfriada. Añade el twist de limón o la aceituna como guarnición, exprimiendo los aceites cítricos si usas limón.
MANHATTAN: la elegancia líquida de Nueva York
Cuenta la leyenda que el Manhattan se sirvió por primera vez en 1874 en el Manhattan Club, durante una cena organizada por Lady Randolph Churchill —madre de Winston— en honor del gobernador Samuel Tilden. La mezcla de rye whiskey, vermut rojo y angostura resultó tan perfecta que fue bautizada con el nombre del club.

Pronto se convirtió en símbolo del refinamiento neoyorquino. Era el cóctel de las recepciones políticas, de los cabarets y de los escritores que bebían mirando el horizonte de la Quinta Avenida. Su temperatura ideal era fresca, pero no helada, para que el whiskey desplegara sus notas de madera y fruta. Mark Twain lo mencionó en sus cartas como “una copa de conversación pausada”. En los años dorados de Sinatra, el Manhattan era casi un código de estilo: se bebía despacio, con un filete o un queso fuerte, como quien prolonga el placer del diálogo.
Ingredientes:
- 50 ml de rye whiskey
- 20 ml de vermut rojo dulce
- 1 dash (chorrito) de Angostura bitters
- Guarnición: cereza maraschino
Procedimiento: En vaso de mezcla con hielo, combina el whiskey, el vermut y el bitters. Remueve hasta que esté muy frío. Cuela en copa de cóctel o copa Nick & Nora enfriada y decora con una cereza maraschino.
SAZERAC: el alma de Nueva Orleans
El Sazerac es la historia destilada de una ciudad. Nació en Nueva Orleans, hacia 1850, cuando el farmacéutico Antoine Peychaud comenzó a servir su mezcla de coñac, azúcar, absenta y bitters en pequeñas copas medicinales. Su nombre viene del Sazerac de Forge et Fils, un coñac francés popular en la época.

Con el tiempo, el coñac fue sustituido por rye whiskey, pero el ritual se mantuvo: enfriar el vaso, enjuagarlo con absenta y servir la mezcla sin hielo, apenas acariciada por el aire húmedo del Misisipi. Se decía que su calor interno curaba la melancolía, y no es casual que Tennessee Williams lo considerara un remedio poético contra la nostalgia. Su sabor complejo se integra con los quesos curados y los postres especiados de la cocina criolla, como si compartieran la misma raíz cultural.
Ingredientes:
- 50 ml de whisky de centeno (o cognac en versiones antiguas)
- 1 terrón de azúcar
- 2 dashes (chorritos) de Peychaud’s bitters
- Absenta (para enjuagar vaso)
- Guarnición: un twist de limón
Procedimiento: Enfría un vaso tipo old fashioned. Añade una pequeña cantidad de absenta para enjuagar el interior del vaso y desecha el exceso. En otro vaso, mezcla el cubo de azúcar con los bitters y un poco de agua hasta que se disuelva. Añade el whisky y hielo, remueve. Cuela la mezcla en el vaso enjuagado con absenta. Añade un twist de limón como guarnición.
MINT JULEP: el perfume del sur
El Mint Julep nació como bebida medicinal en el siglo XVIII, pero pronto se convirtió en el símbolo del sur estadounidense. Su nombre procede del árabe julab, “agua perfumada con rosas”. Originalmente elaborado con brandy, fue el bourbon de Kentucky el que lo consagró como leyenda.
En el Kentucky Derby, las plateadas copas de Julep resplandecen al sol mientras el hielo picado se derrite lentamente. La menta, triturada con azúcar, libera su frescor hasta transformar la bebida en un pequeño oasis.

No es un cóctel para beber de un trago, sino para dejar que el tiempo lo acompañe. En el sur, se sirve cuando el sol está alto y el aire se vuelve espeso; entonces, la copa plateada suda y el hielo, al derretirse lentamente, libera una neblina fría que parece acariciar el calor. El Mint Julep se disfruta a ese ritmo: despacio, con la cadencia de una tarde de verano en Kentucky.
F. Scott Fitzgerald lo convirtió en símbolo de elegancia decadente en El gran Gatsby. Hoy sigue siendo el cóctel de las terrazas y los jardines, perfecto para acompañar platos especiados, mariscos o frutas cítricas.
Ingredientes:
- 60 ml de bourbon
- 1 cucharadita de azúcar o jarabe simple
- 8-10 hojas de menta fresca
- Hielo picado
- Guarnición: ramita de menta
Procedimiento: En un vaso (idealmente de plata o metal) coloca el azúcar y algunas hojas de menta. Machaca suavemente para liberar el aroma sin romper demasiado las hojas. Añade hielo picado, vierte el bourbon y remueve suavemente para mezclar. Completa con más hielo si es necesario. Finalmente, coloca una ramita de menta como guarnición para que sobresalga del trago. (La tradición del vaso de plata y el uso de hielo picado es parte del carácter sureño del cóctel).
WHISKEY SOUR: la armonía del contraste
La primera mención escrita del Whiskey Sour aparece en el manual de Jerry Thomas de 1862, el mismo que estableció los cimientos de la mixología moderna. Su éxito radica en el equilibrio entre el ácido del limón y el dulzor del jarabe, suavizado por el bourbon.

Fue el cóctel de los artistas y músicos de mediados del siglo XX, de Marlene Dietrich a Dean Martin, quienes lo consideraban el aperitivo perfecto antes de una cena elegante. En los bares, el sonido del batido con hielo era casi una melodía de bienvenida. Se servía frío, pero no helado, para mantener la textura cremosa si llevaba clara de huevo. Su perfil fresco armonizaba con ceviches, ostras o aperitivos salados, donde la acidez realzaba cada bocado.
Ingredientes:
- 60 ml de bourbon
- 30 ml de jugo de limón fresco
- 15 ml de jarabe de azúcar (1:1)
- (Opcional) 15 ml de clara de huevo para dar textura
- Guarnición: rodaja de limón o cereza
Procedimiento: En una coctelera, combina el bourbon, el jugo de limón, el jarabe y la clara de huevo (si usas). Realiza un “dry shake” (sin hielo) para emulsionar la clara, luego añade hielo y vuelve a agitar fuerte. Cuela en vaso de cóctel o vaso bajo con hielo. Adorna con una rodaja de limón o una cereza maraschino.
MAI TAI: el sueño tropical nacido en California
Pocos cócteles ilustran mejor la fantasía americana del exotismo que el Mai Tai. Creado en 1944 por Victor “Trader Vic” Bergeron en Oakland, su nombre proviene del tahitiano maita’i, que significa “fuera de este mundo”.

Era la época dorada de los tiki bars, templos decorados con máscaras polinesias y antorchas donde los estadounidenses buscaban escapar de la rutina. El Mai Tai, mezcla de rones, curaçao, lima y sirope de almendra, encarnaba ese espíritu de evasión. Servido muy frío, con su aroma a frutas y vainilla, invitaba a imaginar playas lejanas. Elvis Presley lo popularizó en su película Blue Hawaii, y desde entonces ningún viaje al Pacífico parece completo sin uno. Su dulzor tropical combina con platos asiáticos, carnes glaseadas o postres de coco, convirtiéndose en el acompañante natural de cualquier fantasía vacacional.
Ingredientes: (Receta original atribuida a Victor “Trader Vic” Bergeron, 1944)
- 60 ml de ron añejo (la versión original usaba Wray & Nephew 17 años)
- 15 ml de curaçao de naranja
- 15 ml de orgeat (jarabe de almendra)
- 7,5 ml de jarabe de azúcar (rock candy o jarabe rico)
- Jugo de 1 lima fresca (≈ 30 ml)
- Guarnición: mitad de cascarilla de lima gastada y ramita de menta o rodaja de naranja. A elección otro ingrediente como cerezas.
Procedimiento: En una coctelera con hielo, combina todos los ingredientes excepto la guarnición. Agita bien. Vierte sin colar si usas hielo picado, en vaso “double old fashioned” lleno de hielo picado. Añade la mitad de la cascarilla de lima exprimida dentro del vaso como decoración y coloca la ramita de menta.
BLOODY MARY: el cóctel que se come y se bebe
El Bloody Mary nació en el Harry’s New York Bar de París en los años veinte, obra del barman Fernand Petiot, quien más tarde lo llevaría a Estados Unidos. Su mezcla de vodka, zumo de tomate y especias fue concebida como un revulsivo para las mañanas difíciles. El nombre, según la leyenda, evoca a la sanguinaria reina inglesa María Tudor, aunque otros aseguran que proviene de una camarera llamada Mary del bar Bucket of Blood de Chicago.

Al llegar a Nueva York, el cóctel se convirtió en un ritual de domingo. John F. Kennedy lo pedía en los brunches de Hyannis Port, y Marilyn Monroe lo bebía para calmar los nervios de los rodajes. Servido muy frío, su densidad lo acerca más a una sopa que a una bebida. Acompaña a la perfección huevos benedictinos, mariscos o platos salados del desayuno americano, haciendo del Bloody Mary una pequeña comida en sí mismo.
Y si te estás preguntado si el Bloody Mary realmente quita la resaca, te recomendamos leer atentamente este otro artículo.
Ingredientes:
- 45 ml de vodka
- 90 ml de jugo de tomate
- 15 ml de jugo de limón fresco
- 2 dashes (chorritos) de salsa Worcestershire
- Tabasco al gusto
- Sal de apio, pimienta negra (opcional)
- Guarnición: apio, aceituna, rodaja de limón, bacon u otros según gusto
Procedimiento: En un vaso alto con hielo, combina vodka, jugo de tomate, jugo de limón, Worcestershire y Tabasco. Añade una pizca de sal de apio y pimienta negra si deseas. Remueve suavemente para integrar y decora con apio, aceitunas, rodaja de limón o guarnición adicional al gusto.
MOSCOW MULE: el cobre y la audacia
Pocas historias ilustran tan bien el genio del marketing americano como la del Moscow Mule. En 1941, John G. Martin, distribuidor de vodka Smirnoff, y Jack Morgan, dueño del Cock’n Bull Pub de Los Ángeles, crearon este cóctel para impulsar las ventas del vodka y de una cerveza de jengibre casera. Servido en una taza de cobre —regalo de una amiga rusa—, el cóctel se convirtió en un fenómeno.

Martin fotografiaba a cada bartender que lo servía con una Polaroid y mostraba las fotos en su siguiente visita: así nació el primer viral del siglo XX. El Mule simbolizó la frescura de la posguerra y la apertura a nuevos sabores. Su picor de jengibre y su burbujeo lo hicieron inseparable de la comida callejera americana: tacos, hamburguesas, ceviches. En pleno verano, la taza de cobre helada se convierte en un refugio.
Ingredientes:
- 45 ml de vodka
- 120 ml de ginger beer (cerveza de jengibre)
- 10 ml de jugo de lima fresco
- Guarnición: rodaja o cuña de lima, también admite una ramita de menta.
Procedimiento: En una taza de cobre (o vaso tipo highball), llena con hielo. Vierte el vodka y el jugo de lima. Completa con la ginger beer. Remueve ligeramente para integrar y decora con una rodaja de lima.
LONG ISLAND ICED TEA: el espejismo de los setenta
Creado en Long Island, Nueva York, en los años 70, el Long Island Iced Tea fue un desafío a las normas de la coctelería clásica. Robert “Rosebud” Butt, bartender del Oak Beach Inn, mezcló cinco licores —vodka, ron, ginebra, tequila y triple sec—, un toque de limón y cola. El resultado era una bebida engañosamente suave que parecía té helado.

En plena era del rock y la liberación, su mezcla potente simbolizaba la juventud sin miedo. Los Rolling Stones lo adoptaron durante sus giras, y pronto se convirtió en el cóctel de las noches largas y los excesos elegantes. Se sirve muy frío, pero su calor llega después: acompaña frituras, nachos o hamburguesas, y representa la versión líquida del desenfado estadounidense.
Ingredientes:
- 15 ml de vodka
- 15 ml de tequila blanco
- 15 ml de ron blanco
- 15 ml de ginebra
- 15 ml de triple sec (licor de naranja)
- 30 ml de jugo de limón fresco
- 20 ml de jarabe simple
- Un chorrito de cola para darle color
- Guarnición: rodaja de limón
Procedimiento: En un vaso alto con hielo mezcla los licores (vodka, tequila, ron, ginebra, triple sec), el jugo de limón y el jarabe simple. Revuelve suavemente. Añade un chorrito de cola para equilibrar y decorar con una rodaja de limón.
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