De ruta por Jerez, capital de la gastronomía española 2026

Descubre la esencia de Jerez de la Frontera, Capital Española de la Gastronomía 2026: vino, tradición y alta cocina andaluza.

Redacción GeoGastronómica
20 de octubre de 2025
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Índice

Jerez de la Frontera acaba de ser nombrada Capital Española de la Gastronomía 2026, un reconocimiento que confirma lo que los jerezanos ya sabían: que su ciudad es mucho más que vino y caballos. Bajo el lema “Come, bebe, ama Jerez”, la candidatura fue elegida por su capacidad para unir tradición y modernidad, con más de medio centenar de actividades previstas a lo largo del año. No se trata solo de celebrar el paladar, sino de rendir homenaje a una forma de vivir donde la comida, el vino y la conversación son una misma cosa.

La noticia ha despertado una oleada de orgullo local. En los bares del centro, los brindis se repiten, y en las bodegas se percibe una mezcla de emoción y vértigo. Jerez se prepara para recibir visitantes que buscan algo más que un plato bien servido: buscan una experiencia que huele a tierra blanca, suena a bulería y sabe a historia.

El trasfondo histórico de una cocina con raíces

Para entender la cocina de Jerez, debemos retroceder un poco. Esta ciudad gaditana, con su vinculación al viñedo y al comercio del vino fino, ha conformado durante siglos una economía y una cultura alimentaria muy particulares. Las bodegas, las enormes botas de roble, los tabancos donde se bebía a pie de tinaja … todo ha dejado huella.

En el siglo XIX, Jerez exportaba vinos a medio mundo, y con ello surgieron tablones de tapas, chacinas, pescados de la cercana costa y hortalizas de la campiña que eran servidas en bodegones. La mezcla del campo (la albariza, la vid, el olivo) y del mar (el marisco de la Bahía de Cádiz) generaron una cocina que —aunque humilde— siempre fue rica en sabor y ligadas a la tierra. Con el paso del tiempo, platos como las berzas jerezanas, los riñones al jerez o la cola de toro (estofado de toro) se convirtieron en emblemas de la cocina local.

La modernidad no detuvo este legado. En las últimas décadas los chefs jerezanos comenzaron a re‐interpretar esos platos, cuidando el producto y elevando la experiencia gastronómica. Hoy, la ciudad alberga locales con estrella Michelin, pero también mantiene intactos los aromas y sabores de antaño. Esta continuidad entre pasado y presente es lo que hace que la gastronomía de Jerez tenga una dimensión histórica viva.

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Catedral de San Salvador de Jerez de la Frontera.

La comida como lenguaje del alma jerezana

Comer en Jerez es participar en una conversación que comenzó hace siglos. Las familias se reúnen alrededor de la mesa con la misma devoción con que otros lo harían frente a un altar. En los tabancos —esas tascas con alma de bodega— se sirven copas de fino directamente de la bota, acompañadas de tapas sencillas pero llenas de carácter. El murmullo de la gente, el tintineo de los vasos y una guitarra que suena al fondo crean una escena que se graba en la memoria.

Para los jerezanos, la comida es un acto de identidad colectiva. Aquí se come despacio, con el mismo respeto con el que se escucha una bulería improvisada. En cada plato se reconoce el vínculo entre tierra y comunidad, entre tradición y presente. El vino no se bebe: se conversa con él. Y ese espíritu es, quizás, el verdadero motivo por el que Jerez ha conquistado este título.

Si cerramos los ojos y pensamos en Jerez, quizá nos aparezca la copa de fino brillando bajo una luz cálida, y al lado, un tablao de chacinas, una berza humeante o un montadito de pringá. Estos son algunos de los sabores que constituyen el ADN gastronómico de la ciudad.

Ingredientes y platos tradicionales de la gastronomía jerezana

Entre los ingredientes más significativos destacan la vid (y sus derivados: vinos finos, olorosos), la albariza, el aceite de oliva virgen, los pescados de la Bahía de Cádiz (aunque Jerez es terra adentro), las carnes de toro y cerdo ibérico, las hortalizas de proximidad y la chacina. Combinados, dan lugar a platos como la berza jerezana, un guiso campestre de legumbres, espinacas, calabaza, tocino y morcilla, que sirve de confort en inviernos suaves o los famosos riñones al jerez, un clásico de la cocina de fogón donde la uva y la bodega se cuelan en el estofado. Otro plato estrella de la ciudad es la cola o rabo de todo estofado, plato de herencia taurina, que ahora aparece en menús de autor bajo nuevas formas.

La cocina tradicional se manifiesta también en el uso de la despensa local: pimientos de la tierra, tomates maduros, ajos; todo ello confluyendo en una cocina que fue simple y ahora es memoria y renovación.

Callejear por Jerez implica el tapeo sagrado. De obligado cumplimiento son las tapas y montaditos que combinan pescadito frito, chacinas y vinos en vasos pequeños, frente a la barra de un tabanco.

Y no podemos hablar de Jerez sin mencionar la bebida que lo identifica: el vino de Jerez, especialmente el fino y la manzanilla. Esa copa que refresca el paladar, que abre el apetito, que acompaña una tapa. En tabancos antiguos, se sirve directamente de la bota, y la experiencia se convierte en ceremonial: copa pequeña, vino frío, charla y fuera. Además, el rebujito —mezcla de manzanilla con refresco y hierbabuena— aparece en ferias y fiestas, y es otro símbolo de la ciudad.

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Degustación de oloroso de Jerez.

Un recorrido gastronómico por el corazón de Jerez

Empezar el día en Jerez es hacerlo con una visita al Mercado Central de Abastos. Allí el bullicio es parte del encanto: voces que ofrecen pescado recién llegado de Sanlúcar, verduras de la huerta, quesos, chacinas y un sinfín de productos que hablan de cercanía. Entre los puestos, algún cocinero joven busca inspiración, mientras los vecinos charlan sin prisa.

Desde el mercado, basta con seguir el aroma del café hasta la Plaza del Arenal y la Calle Larga. Las terrazas comienzan a llenarse y los tabancos abren sus puertas. Entrar en el Tabanco El Pasaje, fundado en 1925 —cumple un siglo en este 2025—, es sumergirse en el alma de la ciudad. Allí, entre copas de fino y tapas de pringá o menudo, el visitante se siente parte de algo antiguo y auténtico. A menudo, una voz flamenca se alza entre el murmullo, recordando que el arte y el vino aquí son inseparables. Comer o tapear en estos lugares puede costar entre 20 € y 40 €, y la experiencia vale mucho más que el precio.

Para quienes buscan la excelencia sin renunciar a la esencia local, el nombre inevitable es Lu, Cocina y Alma, liderado por Juanlu Fernández —dos recientes cuchillos en la lista The Best Chef Awards— ofrece una propuesta andaluza con dos estrellas Michelin que combina la tradición francesa con los sabores de la región. Su cocina es un homenaje contemporáneo a los guisos de antaño, a los caldos de madre y a la memoria de la cocina del sur. Comer allí es una experiencia emocional tanto como gastronómica, con precios que oscilan entre los 180 € y 210 €, dependiendo del menú elegido. Ambos locales demuestran que la alta cocina jerezana puede mirar al futuro sin olvidar de dónde viene.

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Juanlu Fernández, chef de Lú, Cocina y Alma. [Foto: The Best Chef]

Muy cerca se encuentra Mantúa, en la Plaza Aladro. Su chef, Israel Ramos, ha logrado que su restaurante se convierta en símbolo de la nueva cocina jerezana: elegante, respetuosa con el producto, pero atrevida en la técnica. Ofrece dos menús degustación por 115 € o 145 €, viajes sensoriales que parten de la campiña y terminan en el mar.

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Israel Ramos, chef de Mantúa. [Foto: Mantúa]

Por la tarde, el paseo continúa hacia el Alcázar, la Catedral y la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre. La ciudad respira elegancia, historia y una calma que se contagia. En mayo, la Feria del Caballo transforma el recinto ferial en un espectáculo de color y sabor: rebujitos, tortilla, jamón, música, caballos y sonrisas. Cada caseta es un pequeño templo del hedonismo andaluz. Es el mejor momento del año para entender por qué la gastronomía jerezana se come al mismo tiempo que se celebra.

La cocina actual de Jerez: innovación con raíces

La cocina de Jerez contemporánea vive un momento apasionante. Nuevas generaciones de chefs están reinterpretando el recetario clásico con mirada cosmopolita. Ya no se trata solo de rescatar los sabores de siempre, sino de contarlos de otra manera, de ponerlos en escena con elegancia, sin artificios.

Israel Ramos y Juanlu Fernández encabezan esta nueva ola, pero junto a ellos surgen jóvenes talentos que apuestan por la sostenibilidad, el producto local y los pequeños productores. La ciudad se está convirtiendo en un laboratorio gastronómico donde el pasado y el futuro dialogan a diario. Lo que antes era una cocina de taberna ahora se codea con el fine dining europeo, sin perder su acento andaluz.

El jurado que otorgó la Capitalidad lo destacó: Jerez representa el equilibrio entre autenticidad y vanguardia. En una época en la que muchos destinos buscan reinventarse, esta ciudad lo consigue simplemente siendo fiel a sí misma.

Jerez de la Frontera no solo ha sido elegida Capital Española de la Gastronomía 2026; se ha ganado ese título a pulso. Su cocina no se apoya en modas, sino en una verdad esencial: la de una tierra que ha sabido convertir la sencillez en arte.

Quien llega a Jerez no viene solo a comer: viene a vivir. A dejarse envolver por su luz dorada, su vino generoso y la calidez de su gente. Cuando uno se va, algo de ese espíritu —esa mezcla de vino, risa y tiempo— se queda dentro para siempre. Y como dice el eslogan de la candidatura, además de comer y de beber, se acaba amando a Jerez.

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<h1>De ruta por Jerez, capital de la gastronomía española 2026</h1>
<p><strong>Jerez de la Frontera</strong> acaba de ser nombrada Capital Española de la Gastronomía 2026, un reconocimiento que confirma lo que los jerezanos ya sabían: que su ciudad es mucho más que vino y caballos. Bajo el lema “Come, bebe, ama Jerez”, la candidatura fue elegida por su capacidad para unir tradición y modernidad, con más de medio centenar de actividades previstas a lo largo del año. No se trata solo de celebrar el paladar, sino de rendir homenaje a una forma de vivir donde la comida, el vino y la conversación son una misma cosa.</p>



<p>La noticia ha despertado una oleada de orgullo local. En los bares del centro, los brindis se repiten, y en las bodegas se percibe una mezcla de emoción y vértigo. <strong>Jerez </strong>se prepara para recibir visitantes que buscan algo más que un plato bien servido: <strong>buscan una experiencia que huele a tierra blanca, suena a bulería y sabe a historia.</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">El trasfondo histórico de una cocina con raíces</h2>



<p>Para entender la cocina de <strong>Jerez</strong>, debemos retroceder un poco. Esta ciudad gaditana, con su vinculación al viñedo y al comercio del vino fino, ha conformado durante siglos una economía y una cultura alimentaria muy particulares. Las bodegas, las enormes botas de roble, los <strong>tabancos</strong> donde se bebía a pie de tinaja … todo ha dejado huella.</p>



<p>En el siglo XIX, Jerez exportaba vinos a medio mundo, y con ello surgieron tablones de tapas, chacinas, pescados de la cercana costa y hortalizas de la campiña que eran servidas en bodegones. La mezcla del campo (la albariza, la vid, el olivo) y del mar (el marisco de la Bahía de Cádiz) generaron una cocina que —aunque humilde— siempre fue rica en sabor y ligadas a la tierra. Con el paso del tiempo, platos como <strong>las berzas jerezanas, los riñones al jerez o la cola de toro (estofado de toro</strong>) se convirtieron en emblemas de la cocina local.</p>



<p>La modernidad no detuvo este legado. En las últimas décadas los chefs jerezanos comenzaron a re‐interpretar esos platos, cuidando el producto y elevando la experiencia gastronómica. Hoy, la ciudad alberga locales con estrella Michelin, pero también mantiene intactos los aromas y sabores de antaño. Esta continuidad entre pasado y presente es lo que hace que la gastronomía de Jerez tenga una dimensión histórica viva.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-2-22-1200x900.webp" alt="Imagen de De ruta por Jerez, capital de la gastronomía española 2026" class="wp-image-8644" title="Imagen de De ruta por Jerez, capital de la gastronomía española 2026 9" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-2-22-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-2-22-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-2-22-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-2-22-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-2-22.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Catedral de San Salvador de Jerez de la Frontera.</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">La comida como lenguaje del alma jerezana</h2>



<p>Comer en <strong>Jerez</strong> es participar en una conversación que comenzó hace siglos. Las familias se reúnen alrededor de la mesa con la misma devoción con que otros lo harían frente a un altar. En los tabancos —esas tascas con alma de bodega— se sirven copas de fino directamente de la bota, acompañadas de tapas sencillas pero llenas de carácter. El murmullo de la gente, el tintineo de los vasos y una guitarra que suena al fondo crean una escena que se graba en la memoria.</p>



<p>Para los jerezanos, la comida es un acto de identidad colectiva. Aquí se come despacio, con el mismo respeto con el que se escucha una bulería improvisada. En cada plato se reconoce el vínculo entre tierra y comunidad, entre tradición y presente. El vino no se bebe: se conversa con él. Y ese espíritu es, quizás, el verdadero motivo por el que Jerez ha conquistado este título.</p>



<p>Si cerramos los ojos y pensamos en Jerez, quizá nos aparezca la copa de fino brillando bajo una luz cálida, y al lado, un tablao de chacinas, una berza humeante o un montadito de pringá. Estos son algunos de los sabores que constituyen el ADN gastronómico de la ciudad.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Ingredientes y platos tradicionales de la gastronomía jerezana </h2>



<p>Entre los ingredientes más significativos destacan <strong>la vi</strong>d (y sus derivados: vinos finos, olorosos), <strong>la albariza, el aceite de oliva virgen, los pescados de la Bahía de Cádiz</strong> (aunque Jerez es terra adentro), <strong>las carnes de toro y cerdo ibérico, las hortalizas de proximidad y la chacina.</strong> Combinados, dan lugar a platos como la <strong>berza jerezana</strong>, un guiso campestre de legumbres, espinacas, calabaza, tocino y morcilla, que sirve de confort en inviernos suaves o los famosos <strong>riñones al jerez</strong>, un clásico de la cocina de fogón donde la uva y la bodega se cuelan en el estofado. Otro plato estrella de la ciudad es la <strong>cola o rabo de todo estofado</strong>, plato de herencia taurina, que ahora aparece en menús de autor bajo nuevas formas.</p>



<p>La cocina tradicional se manifiesta también en el uso de la despensa local: <strong>pimientos de la tierra, tomates maduros, ajos</strong>; todo ello confluyendo en una cocina que fue simple y ahora es memoria y renovación.</p>



<p>Callejear por <strong>Jerez</strong> implica el tapeo sagrado. De obligado cumplimiento son las <strong>tapas y montaditos </strong>que combinan pescadito frito, chacinas y vinos en vasos pequeños, frente a la barra de un tabanco.</p>



<p>Y no podemos hablar de <strong>Jerez</strong> sin mencionar la bebida que lo identifica: el vino de <strong>Jerez</strong>, especialmente el <strong>fino y la manzanilla</strong>. Esa copa que refresca el paladar, que abre el apetito, que acompaña una tapa. En tabancos antiguos, se sirve directamente de la bota, y la experiencia se convierte en ceremonial: <strong>copa pequeña, vino frío, charla y fuera.</strong> Además, el <strong>rebujito</strong> —mezcla de manzanilla con refresco y hierbabuena— aparece en ferias y fiestas, y es otro símbolo de la ciudad.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Untitled-image-2025-10-20T115537.083-1200x900.webp" alt="Imagen de De ruta por Jerez, capital de la gastronomía española 2026" class="wp-image-8646" title="Imagen de De ruta por Jerez, capital de la gastronomía española 2026 10" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Untitled-image-2025-10-20T115537.083-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Untitled-image-2025-10-20T115537.083-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Untitled-image-2025-10-20T115537.083-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Untitled-image-2025-10-20T115537.083-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Untitled-image-2025-10-20T115537.083.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Degustación de oloroso de Jerez.</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Un recorrido gastronómico por el corazón de Jerez</h2>



<p>Empezar el día en Jerez es hacerlo con una visita al <strong>Mercado Central de Abastos</strong>. Allí el bullicio es parte del encanto: voces que ofrecen pescado recién llegado de <strong>Sanlúcar</strong>, verduras de la huerta, quesos, chacinas y un sinfín de productos que hablan de cercanía. Entre los puestos, algún cocinero joven busca inspiración, mientras los vecinos charlan sin prisa.</p>



<p>Desde el mercado, basta con seguir el aroma del café hasta la <strong>Plaza del Arenal y la Calle Larg</strong>a. Las terrazas comienzan a llenarse y los tabancos abren sus puertas. Entrar en el <strong><a href="https://tabancoelpasaje.com/" target="_blank" rel="noopener">Tabanco El Pasaje</a></strong>, fundado en 1925 —cumple un siglo en este 2025—, es sumergirse en el alma de la ciudad. Allí, entre copas de fino y tapas de pringá o menudo, el visitante se siente parte de algo antiguo y auténtico. A menudo, una voz flamenca se alza entre el murmullo, recordando que el arte y el vino aquí son inseparables. Comer o tapear en estos lugares puede costar entre 20 € y 40 €, y la experiencia vale mucho más que el precio.</p>



<p>Para quienes buscan la excelencia sin renunciar a la esencia local, el nombre inevitable es <strong><a href="https://lucocinayalma.com/" target="_blank" rel="noopener">Lu, Cocina y Alma</a></strong>, liderado por <strong>Juanlu Fernández</strong> —dos recientes cuchillos en la lista The Best Chef Awards— ofrece una propuesta andaluza con dos estrellas Michelin que combina la tradición francesa con los sabores de la región. Su cocina es un homenaje contemporáneo a los guisos de antaño, a los caldos de madre y a la memoria de la cocina del sur. Comer allí es una experiencia emocional tanto como gastronómica, con precios que oscilan entre los 180 € y 210 €, dependiendo del menú elegido. Ambos locales demuestran que la alta cocina jerezana puede mirar al futuro sin olvidar de dónde viene.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-1-9-1200x900.webp" alt="Imagen de De ruta por Jerez, capital de la gastronomía española 2026" class="wp-image-8642" title="Imagen de De ruta por Jerez, capital de la gastronomía española 2026 11" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-1-9-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-1-9-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-1-9-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-1-9-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-1-9.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Juanlu Fernández, chef de Lú, Cocina y Alma. [Foto: The Best Chef]</figcaption></figure>



<p>Muy cerca se encuentra <strong><a href="https://www.restaurantemantua.com/" target="_blank" rel="noopener">Mantúa</a></strong>, en la Plaza Aladro. Su chef, Israel Ramos, ha logrado que su restaurante se convierta en símbolo de la nueva cocina jerezana: elegante, respetuosa con el producto, pero atrevida en la técnica. Ofrece dos menús degustación por 115 € o 145 €, viajes sensoriales que parten de la campiña y terminan en el mar.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-4-19-1200x900.webp" alt="Imagen de De ruta por Jerez, capital de la gastronomía española 2026" class="wp-image-8643" title="Imagen de De ruta por Jerez, capital de la gastronomía española 2026 12" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-4-19-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-4-19-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-4-19-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-4-19-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-4-19.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Israel Ramos, chef de Mantúa. [Foto: Mantúa]</figcaption></figure>



<p>Por la tarde, el paseo continúa hacia el Alcázar, la Catedral y la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre. La ciudad respira elegancia, historia y una calma que se contagia. En mayo, la Feria del Caballo transforma el recinto ferial en un espectáculo de color y sabor: rebujitos, tortilla, jamón, música, caballos y sonrisas. Cada caseta es un pequeño templo del hedonismo andaluz. Es el mejor momento del año para entender por qué la gastronomía jerezana se come al mismo tiempo que se celebra. </p>



<h2 class="wp-block-heading">La cocina actual de Jerez: innovación con raíces</h2>



<p>La cocina de <strong>Jerez</strong> contemporánea vive un momento apasionante. Nuevas generaciones de chefs están reinterpretando el recetario clásico con mirada cosmopolita. Ya no se trata solo de rescatar los sabores de siempre, sino de contarlos de otra manera, de ponerlos en escena con elegancia, sin artificios.</p>



<p><strong>Israel Ramos y Juanlu Fernández</strong> encabezan esta nueva ola, pero junto a ellos surgen jóvenes talentos que apuestan por la sostenibilidad, el producto local y los pequeños productores. La ciudad se está convirtiendo en un laboratorio gastronómico donde el pasado y el futuro dialogan a diario. Lo que antes era una cocina de taberna ahora se codea con el <em>fine dining </em>europeo, sin perder su acento andaluz.</p>



<p>El jurado que otorgó la Capitalidad lo destacó: <strong>Jerez representa el equilibrio entre autenticidad y vanguardia.</strong> En una época en la que muchos destinos buscan reinventarse, esta ciudad lo consigue simplemente siendo fiel a sí misma.</p>



<p><strong>Jerez de la Frontera</strong> no solo ha sido elegida <strong>Capital Española de la Gastronomía 2026</strong>; se ha ganado ese título a pulso. Su cocina no se apoya en modas, sino en una verdad esencial: la de una tierra que ha sabido convertir la sencillez en arte.</p>



<p>Quien llega a<strong> Jerez </strong>no viene solo a comer: viene a vivir. A dejarse envolver por su luz dorada, su vino generoso y la calidez de su gente. Cuando uno se va, algo de ese espíritu —esa mezcla de vino, risa y tiempo— se queda dentro para siempre. Y como dice el eslogan de la candidatura,<strong> además de comer y de beber, se acaba amando a Jerez.</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">NEWSLETTER</h2>



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<p>Este artículo fue publicado originalmente en <a href="https://geogastronomica.com/">GEOgastronómica</a>. Lea el <a href="https://geogastronomica.com/de-ruta-por-jerez-capital-de-la-gastronomia-espanola-2026/">original</a>.</p></div>
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