Diez platos esenciales en el Día de Muertos en México

De los tamales a los dulces de alfeñique, así honra México a sus difuntos en el Día de Muertos.

Redacción GeoGastronómica
31 de octubre de 2025
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Índice

Gastronomía del Día de Muertos: el ritual del recuerdo

En México, el Día de Muertos se vive como una fecha en la que la comida adquiere un valor que va más allá de lo cotidiano. Un momento para reunir familia, memoria y sabor en torno a una mesa que no distingue entre vivos y ausentes. Desde finales de octubre, los mercados comienzan a llenarse de flores de cempasúchil, calaveritas de azúcar y pan recién horneado. En muchas casas, se cocina con calma y se colocan los platillos preferidos de quienes partieron, como una forma de decir “aquí seguimos compartiendo”.

La idea de que las personas mueren cuando se las olvida, tan bien reflejada en la película Coco, resume la esencia de esta celebración. En la cultura mexicana, recordar es una forma de mantener viva la presencia de los seres queridos. Cada receta expresa la identidad de un pueblo que conserva la costumbre de celebrar la vida a través del alimento. Preparar un tamal, amasar pan de muerto o servir una taza de atole son gestos cotidianos que sostienen la memoria colectiva. Durante esos días, México huele a maíz, piloncillo y canela. Todo ese universo de aromas y sabores define una de las tradiciones más reconocidas del país, una que ha trascendido generaciones sin perder su esencia.

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Momento de recogimiento de una familia mexicana.

Visión antropológica de la tradición

La celebración del Día de Muertos tiene raíces que entrelazan lo ancestral con lo cotidiano. En el México prehispánico, el tránsito del alma era parte del tejido ritual: el paso por el Mictlán, la ofrenda a quienes habían partido, la convicción de que la muerte no era un fin, sino otro estado.

Con la llegada del virreinato español se sumaron elementos católicos, ceremoniales y simbólicos que derivaron en lo que hoy conocemos como Día de Muertos. Esa fusión dio origen a ofrendas donde los elementos materiales —flores, velas, agua, sal— conviven con los platillos favoritos de los difuntos, como si la mesa fuese escenario de un reencuentro.

Para los mexicanos de hoy, la comida del 1 y 2 de noviembre representa una invitación: “Ven, huésped antiguo, siéntate, comparte”. En muchas casas, la mesa se prepara para ambos: uno, para quienes reviven el recuerdo de los seres queridos, y otro, para el reencuentro simbólico. Las olla­s humeantes, los aromas cítricos del pan, el dulzor intenso del piloncillo y la saltra­tra de la ofrenda funcionan como actos de cuidado, homenaje y pertenencia. Desde un punto de vista social, cada platillo es una ficha de identidad regional; desde un punto de vista emocional, cada cucharada es un susurro de memoria.

El Día de Muertos se vive en casa, pero también se despliega hacia el espacio público: en ciudades como Ciudad de México, Oaxaca o Morelia, los desfiles recorren las calles con música, catrinas, danzas y carros alegóricos, creando un ambiente festivo que refuerza el sentido colectivo de la memoria.

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Desfile en el Día de Muertos por las calles de Ciudad de México.

Bebidas, altares y rituales saborizados

La mesa del Día de Muertos está acompañada por bebidas que calientan, que invitan a la conversación, que quedan guardadas en la memoria del paladar. El Atole, espeso, vibrante, perfumado con canela o vainilla, es una de esas bebidas que definen el ritual: se sirve caliente, se coloca una taza en la ofrenda, se comparte entre familiares.

También el chocolate caliente (o champurrado) aparece como acompañante o tributo líquido, buscando la continuidad entre generaciones. En algunos altares de casas conviven frutas de temporada, dulces de alfeñique, pan de muerto recién hecho, y el chocolate caliente. Un conjunto que parece un poema escrito con ingredientes.

Los diez platos imprescindibles en el Día de Muertos

Podría ser alguno más pero nos detenemos en diez de los platos que concentran la gastronomía de esta festividad. Cada uno tiene su historia interna y su vinculación con el ritual del reencuentro.

Pan de muerto

El pan de muerto es sin duda el emblema culinario de esta fecha. Su masa esponjosa, aromatizada con agua de azahar o ralladura de naranja, se moldea en forma circular y se decora con tiras que recuerdan huesos.

Su origen mezcla la tradición española del pan de ánimas con la creatividad indígena del Nuevo Mundo. Se coloca sobre el altar —y se sirve en la sobremesa— para simbolizar el ciclo de la vida y de la muerte. Su textura es aireada y su sabor dulce pero ligero.

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Elaboración del pan de muerto.

Tamales

Los tamales hacen acto de presencia en muchas mesas y ofrendas. Elaborados con masa de maíz —ingrediente milenario en Mesoamérica— y rellenos de pollo, cerdo, frijol o verduras según la región, envueltos en hojas de plátano o de maíz. Al parecer, su inclusión tiene que ver con la facilidad de preparación colectiva y con su carácter simbólico como alimento de comunidad.

Al desplegar la hoja, al hincar el tenedor, se siente la tradición: la masa tibia, el vapor que emerge, la hoja moviéndose entre dedos.

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Tamales tradicionales envueltos en hoja de maíz.

Mole

Cuando hablamos de mole en festividades solemnes, hablamos de capas de sabor, de fusiones históricas. En diversas regiones —por ejemplo Puebla u Oaxaca— se prepara el famoso Mole Poblano o alguna de las siete variantes oaxaqueñas. Su composición incluye chiles secos, semillas, especias, semillas de cacao, y una cocción paciente.

Lo vemos servido con pollo o guajolote, acompañado de arroz rojo. Este guiso adquiere dos connotaciones opuestas pero que al final acaban encontrándose: un plato de fiesta en numerosas celebraciones, y en el Día de Muertos adquiere otro matiz, un alimento que acoge a los vivos y a los ausentes.

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Pollo con mole.

Calabaza en tacha

Este dulce es un soplo otoñal hecho sabor: calabaza cocida lentamente con piloncillo, canela y clavo. Su color ámbar y su aroma llena la cocina mientras se cocina. Es tradicional colocarla en el altar, como representación de la abundancia de la tierra y del vínculo con la cosecha. En la sobremesa, aporta un final dulce y reposado que abre espacio para la conversación. Es uno de los platos más típicos de la festividad.

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Calabaza en tacha.

Atole

Ya lo mencionamos como bebida, pero el atole merece su lugar entre los platos de la mesa porque se sirve de forma casi ritual. Se prepara con masa de maíz, leche o agua, endulzada con piloncillo o azúcar, y aromatizada con canela o vainilla. Su textura cremosa, su temperatura caliente y su sabor reconfortante lo convierten en un elemento que reúne. En las horas que preceden la noche de velación, nos imaginamos una taza humeante de atole y la conversación que fluye entre familiares evocando recuerdos.

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Atole de maíz.

Pozole

El pozole es otro registro importante. Preparado con maíz cacahuazintle (o similar), carne de cerdo o pollo, y acompañado con cebolla, rábanos, lechuga o repollo, limones y chiles al gusto.

En algunos estados se cocina especialmente para compartir tras visitar el panteón, como gesto de unión y de continuidad. En su sabor se mezclan el maíz, la carne, el condimento, y el momento de estar juntos.

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Plato de pozole.

Dulces de alfeñique

Las calaveritas de azúcar son quizá el ícono más delicado de ofrenda-dulce. Se moldean con azúcar y se decoran con colores vivos, a veces llevan el nombre del difunto o de un familiar.

No se trata únicamente de comerlas: se colocan en el altar, se regalan, se admiran. Su textura es firme, su dulzor limpio, su presencia simbólica. En las casas los niños observan las calaveritas con una mezcla de asombro, respeto y preguntándose cuando podrán saborearlas.

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Dulces de alfeñique.

Frutas de temporada

En la mesa generalmente también aparecen frutas como guayabas, mandarinas, tejocotes o incluso cañas. Estas frutas aportan frescura, jugosidad, color y aroma al conjunto. Son más que simple acompañamiento: representan el ciclo de la tierra, lo que se da, lo que regresa. Algunos antropólogos señalan que la fruta sirve para “invitar al gusto vivo del difunto”.

Y en ese contexto, partir una mandarina, sentir su olor ácido-dulce o ver el color violáceo del tejocote, es algo que los mejicanos llevan en lo más profundo de su memoria.

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Frutas variadas en el altar de muertos.

Arroz con leche

Este postre tradicional ocupa un lugar en muchas sobremesas familiares del Día de Muertos. Preparado con arroz, leche, azúcar o piloncillo, y perfumado con canela y a veces ralladura de naranja, ofrece una textura suave, cremosa, reposada. Es el que abre el cierre de la comida, brinda satisfacción, ofrece conversación entre cucharadas. Aunque menos mencionado en fuentes específicas de esta festividad, aparece en diversos relatos orales familiares que hemos escuchado, constituyéndose como parte de la “mesa de recuerdos”.

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Arroz con leche.

Enchiladas y guisos caseros

En los hogares mexicanos, además de los platillos emblemáticos, se suelen preparar los guisos favoritos de los difuntos o los “platos de casa” de esos que evocan la infancia a los adultos. Pueden ser enchiladas verdes o rojas, chiles rellenos, carnitas o guisos sencillos de legumbres. Aunque menos ritualizados que el pan de muerto o el mole, estos guisos aportan autenticidad, calidez y el toque personal de cada familia. Platillos que pasan por generaciones cuyas recetas son patrimonio familiar tesoros porque ya los hacian las abuelas y las madres de las abuelas.

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Enchiladas.

La gastronomía del Día de Muertos en México trasciende lo que se come para encontrarse con lo que se recuerda. Cada plato lleva consigo una historia, cada sabor remite a un vínculo más amplio, cada mesa se convierte en testigo de lo que fue y será. Invitamos al lector a vivir esa experiencia: viajar hasta las regiones donde los altares arden de flores y velas, recorrer mercados donde tamales humean y el pan de muerto se exhibe, sentarse frente a la mesa donde los vivos y los ausentes conversan a través del aroma. Visiten México en estas fechas, entren al ritual con respeto, degustación y apertura. Que la vida no sea fugaz y el sabor permanezca.

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<h1>Diez platos esenciales en el Día de Muertos en México</h1>
<h2 class="wp-block-heading">Gastronomía del Día de Muertos: el ritual del recuerdo</h2>



<p>En <strong>México</strong>, el <strong>Día de Muertos</strong> se vive como una fecha en la que la comida adquiere un valor que va más allá de lo cotidiano. Un momento para reunir familia, memoria y sabor en torno a una mesa que no distingue entre vivos y ausentes. Desde finales de octubre, los mercados comienzan a llenarse de flores de cempasúchil, calaveritas de azúcar y pan recién horneado. En muchas casas, se cocina con calma y se colocan los platillos preferidos de quienes partieron, como una forma de decir <strong>“aquí seguimos compartiendo”.</strong></p>



<p>La idea de que las personas mueren cuando se las olvida, tan bien reflejada en la película Coco, resume la esencia de esta celebración. En la cultura mexicana, recordar es una forma de mantener viva la presencia de los seres queridos. Cada receta expresa la identidad de un pueblo que conserva la costumbre de celebrar la vida a través del alimento. Preparar un tamal, amasar pan de muerto o servir una taza de atole son gestos cotidianos que sostienen la memoria colectiva. Durante esos días, <strong>México</strong> huele a maíz, piloncillo y canela. Todo ese universo de aromas y sabores define una de las tradiciones más reconocidas del país, una que ha trascendido generaciones sin perder su esencia.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">Visión antropológica de la tradición</h2>



<p>La celebración del<strong> Día de Muertos</strong> tiene raíces que entrelazan lo ancestral con lo cotidiano. En el <strong>México </strong>prehispánico, el tránsito del alma era parte del tejido ritual: el paso por el <strong>Mictlán</strong>, la ofrenda a quienes habían partido, la convicción de que la muerte no era un fin, sino otro estado.</p>



<p>Con la llegada del virreinato español se sumaron elementos católicos, ceremoniales y simbólicos que derivaron en lo que hoy conocemos como <strong>Día de Muertos</strong>. Esa fusión dio origen a ofrendas donde los elementos materiales —flores, velas, agua, sal— conviven con los platillos favoritos de los difuntos, como si la mesa fuese escenario de un reencuentro.</p>



<p>Para los mexicanos de hoy, la comida del 1 y 2 de noviembre representa una invitación: <strong>“Ven, huésped antiguo, siéntate, comparte”.</strong> En muchas casas, la mesa se prepara para ambos: uno, para quienes reviven el recuerdo de los seres queridos, y otro, para el reencuentro simbólico. Las olla­s humeantes, los aromas cítricos del pan, el dulzor intenso del piloncillo y la saltra­tra de la ofrenda funcionan como actos de cuidado, homenaje y pertenencia. Desde un punto de vista social, cada platillo es una ficha de identidad regional; desde un punto de vista emocional, cada cucharada es un susurro de memoria.</p>



<p>El Día de Muertos se vive en casa, pero también se despliega hacia el espacio público: <strong>en ciudades como Ciudad de México, Oaxaca o Morelia, los desfiles recorren las calles con música, catrinas, danzas y carros alegóricos</strong>, creando un ambiente festivo que refuerza el sentido colectivo de la memoria.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">Bebidas, altares y rituales saborizados</h2>



<p>La mesa del <strong>Día de Muertos</strong> está acompañada por bebidas que calientan, que invitan a la conversación, que quedan guardadas en la memoria del paladar. El <strong>Atole</strong>, espeso, vibrante, perfumado con canela o vainilla, es una de esas bebidas que definen el ritual: se sirve caliente, se coloca una taza en la ofrenda, se comparte entre familiares.<br><br>También el chocolate caliente (o <strong>champurrado</strong>) aparece como acompañante o tributo líquido, buscando la continuidad entre generaciones. En algunos altares de casas conviven frutas de temporada, dulces de alfeñique, pan de muerto recién hecho, y el chocolate caliente. Un conjunto que parece un poema escrito con ingredientes.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Los diez platos imprescindibles en el Día de Muertos</h2>



<p>Podría ser alguno más pero nos detenemos en diez de los platos que concentran la gastronomía de esta festividad. Cada uno tiene su historia interna y su vinculación con el ritual del reencuentro. </p>



<h3 class="wp-block-heading">Pan de muerto</h3>



<p>El pan de muerto es sin duda el emblema culinario de esta fecha. Su masa esponjosa, aromatizada con agua de azahar o ralladura de naranja, se moldea en forma circular y se decora con tiras que recuerdan huesos.</p>



<p>Su origen mezcla la tradición española del pan de ánimas con la creatividad indígena del Nuevo Mundo. Se coloca sobre el altar —y se sirve en la sobremesa— para simbolizar el ciclo de la vida y de la muerte. Su textura es aireada y su sabor dulce pero ligero. </p>



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<h3 class="wp-block-heading">Tamales</h3>



<p>Los tamales hacen acto de presencia en muchas mesas y ofrendas. Elaborados con masa de maíz —ingrediente milenario en Mesoamérica— y rellenos de pollo, cerdo, frijol o verduras según la región, envueltos en hojas de plátano o de maíz. Al parecer, su inclusión tiene que ver con la facilidad de preparación colectiva y con su carácter simbólico como alimento de comunidad.<br><br>Al desplegar la hoja, al hincar el tenedor, se siente la tradición: la masa tibia, el vapor que emerge, la hoja moviéndose entre dedos.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Mole</h3>



<p>Cuando hablamos de mole en festividades solemnes, hablamos de capas de sabor, de fusiones históricas. En diversas regiones —por ejemplo Puebla u Oaxaca— se prepara el famoso Mole Poblano o alguna de las siete variantes oaxaqueñas. Su composición incluye chiles secos, semillas, especias, semillas de cacao, y una cocción paciente.</p>



<p>Lo vemos servido con pollo o guajolote, acompañado de arroz rojo. Este guiso adquiere dos connotaciones opuestas pero que al final acaban encontrándose: un plato de fiesta en numerosas celebraciones, y en el Día de Muertos adquiere otro matiz, un alimento que acoge a los vivos y a los ausentes.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Calabaza en tacha</h3>



<p>Este dulce es un soplo otoñal hecho sabor: calabaza cocida lentamente con piloncillo, canela y clavo. Su color ámbar y su aroma llena la cocina mientras se cocina. Es tradicional colocarla en el altar, como representación de la abundancia de la tierra y del vínculo con la cosecha. En la sobremesa, aporta un final dulce y reposado que abre espacio para la conversación. Es uno de los platos más típicos de la festividad.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Atole</h3>



<p>Ya lo mencionamos como bebida, pero el atole merece su lugar entre los platos de la mesa porque se sirve de forma casi ritual. Se prepara con masa de maíz, leche o agua, endulzada con piloncillo o azúcar, y aromatizada con canela o vainilla. Su textura cremosa, su temperatura caliente y su sabor reconfortante lo convierten en un elemento que reúne. En las horas que preceden la noche de velación, nos imaginamos una taza humeante de atole y la conversación que fluye entre familiares evocando recuerdos.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Pozole</h3>



<p>El pozole es otro registro importante. Preparado con maíz cacahuazintle (o similar), carne de cerdo o pollo, y acompañado con cebolla, rábanos, lechuga o repollo, limones y chiles al gusto.<br><br>En algunos estados se cocina especialmente para compartir tras visitar el panteón, como gesto de unión y de continuidad. En su sabor se mezclan el maíz, la carne, el condimento, y el momento de estar juntos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-3-27-1200x900.webp" alt="Imagen de Diez platos esenciales en el Día de Muertos en México" class="wp-image-8750" title="Imagen de Diez platos esenciales en el Día de Muertos en México 32" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-3-27-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-3-27-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-3-27-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-3-27-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-3-27.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Plato de pozole.</figcaption></figure>



<h3 class="wp-block-heading">Dulces de alfeñique</h3>



<p>Las calaveritas de azúcar son quizá el ícono más delicado de ofrenda-dulce. Se moldean con azúcar y se decoran con colores vivos, a veces llevan el nombre del difunto o de un familiar.<br><br>No se trata únicamente de comerlas: se colocan en el altar, se regalan, se admiran. Su textura es firme, su dulzor limpio, su presencia simbólica. En las casas los niños observan las calaveritas con una mezcla de asombro, respeto y preguntándose cuando podrán saborearlas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-9-10-1200x900.webp" alt="Imagen de Diez platos esenciales en el Día de Muertos en México" class="wp-image-8751" title="Imagen de Diez platos esenciales en el Día de Muertos en México 33" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-9-10-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-9-10-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-9-10-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-9-10-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-9-10.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Dulces de alfeñique.</figcaption></figure>



<h3 class="wp-block-heading">Frutas de temporada</h3>



<p>En la mesa generalmente también aparecen frutas como guayabas, mandarinas, tejocotes o incluso cañas. Estas frutas aportan frescura, jugosidad, color y aroma al conjunto. Son más que simple acompañamiento: representan el ciclo de la tierra, lo que se da, lo que regresa. Algunos antropólogos señalan que la fruta sirve para “invitar al gusto vivo del difunto”.<br><br>Y en ese contexto, partir una mandarina, sentir su olor ácido-dulce o ver el color violáceo del tejocote, es algo que los mejicanos llevan en lo más profundo de su memoria. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-8-11-1200x900.webp" alt="Imagen de Diez platos esenciales en el Día de Muertos en México" class="wp-image-8752" title="Imagen de Diez platos esenciales en el Día de Muertos en México 34" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-8-11-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-8-11-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-8-11-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-8-11-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-8-11.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Frutas variadas en el altar de muertos. </figcaption></figure>



<h3 class="wp-block-heading">Arroz con leche</h3>



<p>Este postre tradicional ocupa un lugar en muchas sobremesas familiares del <strong>Día de Muertos</strong>. Preparado con arroz, leche, azúcar o piloncillo, y perfumado con canela y a veces ralladura de naranja, ofrece una textura suave, cremosa, reposada. Es el que abre el cierre de la comida, brinda satisfacción, ofrece conversación entre cucharadas. Aunque menos mencionado en fuentes específicas de esta festividad, aparece en diversos relatos orales familiares que hemos escuchado, constituyéndose como parte de la “mesa de recuerdos”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-12-7-1200x900.webp" alt="Imagen de Diez platos esenciales en el Día de Muertos en México" class="wp-image-8753" title="Imagen de Diez platos esenciales en el Día de Muertos en México 35" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-12-7-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-12-7-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-12-7-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-12-7-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-12-7.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Arroz con leche.</figcaption></figure>



<h3 class="wp-block-heading">Enchiladas y guisos caseros</h3>



<p>En los hogares mexicanos, además de los platillos emblemáticos, se suelen preparar los guisos favoritos de los difuntos o los “platos de casa” de esos que evocan la infancia a los adultos. Pueden ser enchiladas verdes o rojas, chiles rellenos, carnitas o guisos sencillos de legumbres. Aunque menos ritualizados que el pan de muerto o el mole, estos guisos aportan autenticidad, calidez y el toque personal de cada familia. Platillos que pasan por generaciones cuyas recetas son patrimonio familiar tesoros porque ya los hacian las abuelas y las madres de las abuelas. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-7-9-1200x900.webp" alt="Imagen de Diez platos esenciales en el Día de Muertos en México" class="wp-image-8754" title="Imagen de Diez platos esenciales en el Día de Muertos en México 36" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-7-9-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-7-9-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-7-9-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-7-9-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/10/Pagina-7-9.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Enchiladas. </figcaption></figure>



<p>La gastronomía del <strong>Día de Muertos en México</strong> trasciende lo que se come para encontrarse con lo que se recuerda. Cada plato lleva consigo una historia, cada sabor remite a un vínculo más amplio, cada mesa se convierte en testigo de lo que fue y será. Invitamos al lector a vivir esa experiencia: viajar hasta las regiones donde los altares arden de flores y velas, recorrer mercados donde tamales humean y el pan de muerto se exhibe, sentarse frente a la mesa donde los vivos y los ausentes conversan a través del aroma. Visiten <strong>México</strong> en estas fechas, entren al ritual con respeto, degustación y apertura. Que la vida no sea fugaz y el sabor permanezca.</p>



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<p>Este artículo fue publicado originalmente en <a href="https://geogastronomica.com/">GEOgastronómica</a>. Lea el <a href="https://geogastronomica.com/diez-platos-esenciales-en-el-dia-de-muertos-en-mexico/">original</a>.</p></div>
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