Gastro Guía de Praga 2025: qué comer y dónde en la Ciudad de las Cien Torres
Gastro Guía de Praga 2025: tradición checa, cafés históricos y una escena culinaria entre pasado y vanguardia.
Índice
MAPA GASTRO GUÍA DE PRAGA 2025
La gastronomía checa y el nuevo rostro culinario de Praga
Cuando exploramos la cocina de la República Checa y, por extensión, la de su capital, Praga, encontramos, además de un repertorio de platos difíciles de pronunciar, un mapa vivo de transformaciones sociales, políticas y culturales. Durante décadas, en tiempos del comunismo, la gastronomía adquirió una dimensión utilitaria: buenas reservas de carne, menú fijo, elegancia limitada, mientras los fogones respondían más a una lógica de distribución estatal que a una apuesta por la innovación. Hoy, sin embargo, se observa un giro claro hacia la reinterpretación, la apertura internacional y un renovado orgullo por la tradición. En este contexto surge Praga como destino para los amantes del buen comer: un lugar donde la cocina tradicional convive con propuestas modernas, influencias europeas y un apetito por redescubrir raíces.

En el actual escenario gastronómico de Praga, dos líneas se cruzan con fuerza: por un lado, la cocina ‘checa de toda la vida’ — generosa, contundente, impregnada de carne de cerdo, dumplings de pan (knedlíky) y salsas densas—; por otro, una cocina emergente, donde jóvenes chefs reinterpretan recetas clásicas y abren sendas hacia tendencias nórdicas, fusión internacional y conceptos de temporada. Los platos más representativos que frecuentemente encontramos en la mesa praguense son el svíčková (ternera guisada con salsa de raíz de apio, crema y arándanos, servida con pan-dumplings), el guláš (estofado —generalmente de ternera o jabalí— con knedlíky de pan), y los chlebíčky (pequeños sándwiches abiertos con múltiples toppings). A esta triada hay que añadir la fuerte presencia de la cerveza local, que actúa tanto como complemento indispensable de la comida como símbolo de identidad nacional: Praga es una de las ciudades donde el consumo per cápita de cerveza es elevado y la cultura cervecera forma parte del tejido social.
Geográficamente, la oferta gastronómica se concentra en varios barrios que merecen atención. El casco histórico, Staré Město (Ciudad Vieja), con sus callejones adoquinados y fachadas barrocas, reúne desde tabernas tradicionales hasta bistrós sofisticados. El barrio de Malá Strana, al otro lado del río, ofrece un ambiente más tranquilo y vistas que inspiran a prolongar la comida. En tanto, la zona de Karlín y el distrito de Vinohrady emergen como espacios de vanguardia culinaria: allí los chefs jóvenes experimentan con formatos, mezclan lo local con lo global, y abren ventanas hacia una Praga entre la tradición culinaria y la reinvención.

Restaurantes de fondo: alta cocina, tradición y modernidad
En la escena de los restaurantes más valorados de Praga, en el barrio de Staré Město, encontramos el imponente La Degustation Bohême Bourgeoise, restaurante con estrella Michelin que representa el cruce entre lo clásico y lo contemporáneo. Allí, los comensales se sumergen en menús degustación donde la ternera, el pescado y las verduras de temporada se presentan con una ejecución casi coreográfica, y un equipo en cocina que recuerda un taller artístico más que una cocina tradicional. Su historia habla de una cocina checa elevada al nivel de la alta gastronomía, sin por ello renunciar al origen. La experiencia se prolonga tres horas, con múltiples amuse-bouches, platos servidos en vajillas poco convencionales y una atmósfera de celebración silenciosa.
Otra propuesta muy comentada es el restaurante SOVA Restaurant, también en el centro, que parte de la tradición checa —por ejemplo la carrillera de ternera guisada— que reinterpreta con técnicas contemporáneas y emplatados cuidados. Se trata de una opción más accesible para quien busca alta cocina sin el ritual de la estrella.
En un registro distinto pero igualmente relevante sobresale Nase Maso, que comenzó como carnicería y evolucionó hacia un restaurante informal pero de altísima calidad, especializado en carnes maduradas, hamburguesas de buey checo y platos donde el ingrediente brilla por sí mismo. El carnicero suele cortar la pieza de carne delante del cliente, que puede seleccionar la pieza.
En Malá Strana se encuentra el establecimiento Czech Slovak Restaurant, que evoca la cocina de Bohemia y Moravia compartida con la vecina Eslovaquia, con ambiente rústico-elegante, platos como el guláš de venado o pato asado con col roja y knedlíky de patata, y un servicio que habla varias lenguas pero que mantiene el acento checo.
Finalmente, no podemos olvidar el pequeño pero eficaz bistró Ferdinanda, en calles adoquinadas más tranquilas, que conjuga ambiente local, carne marinada y lúpulos artesanales: cuyo ambiente informal contrasta con su cuidado menú y se ha convertido en favorito de los residentes que buscan buena cocina sin pretensiones.

Comer bien sin vaciar la cartera: restaurantes económicos con sabor
En el casco antiguo nos encontramos con establecimientos donde se sirve cocina checa de base pero con precios moderados, ambiente relajado y un público mixto de locales y viajeros que huyen de los fogones exclusivos. Un ejemplo es el restaurante tradicional Restaurace Krcma, en un sótano de Old Town, donde sirven, entre otros platos, cerdo asado con knedlíky y col roja, dumplings esponjosos y, por supuesto, cerveza como Pilsner Urquell. Autenticidad sin glamour excesivo.
Otro lugar de esta categoría es U Parlamentu, también en Staré Město, donde la lubina o el conejo asado conviven con platos tradicionales en un ambiente más accesible que los restaurantes gourmet. Más allá del centro, el local Lahudky Zlatý Kříž se especializa en chlebíčky y platos ligeros que permiten disfrutar de la cocina local sin un menú pesado ni factura elevada —ideal para una comida tranquila antes de seguir explorando la ciudad.
En ese listado de buenas opciones también entra el concepto de taberna-cervecería como Kozlovna Apropos, que combina paredes de ladrillo y madera, cerveza artesanal, platos de guiso y una atmósfera desenfadada.
Estos establecimientos comparten una lógica: se sienten integrados en la comunidad local, no han sacrificado sabor por precio, y permiten al viajero saborear Praga sin creer que cada plato sea un evento cardinal.

Comida callejera: saborear la ciudad sobre la marcha
En Praga, la experiencia de saborear la ciudad caminando tiene un encanto particular. En las zonas accesibles desde la plaza principal y los muelles del río Vltava, emergen puestos y carritos donde se vende comida para llevar, a menudo sencilla, directa y satisfactoria. En torno a Dlouhá ulice y por algunos corredores entre Staré Město y Malá Strana se sirven trdelník —masa enrollada, azucarada y asada al fuego—, aunque conviene saber que se ha convertido en algo más turístico que tradicional.
En otros puestos se ofrece klobása (salchicha asada), panecillos con salchicha, queso y mostaza, y puestos móviles con cerveza artesanal o sidra local. Esta comida callejera no es tan abundante como en ciudades donde el street-food está plenamente institucionalizado, pero lo suficientemente presente como para permitir un bocado espontáneo entre visitas turísticas.

Cafés y bares que invitan al descanso y a la conversación
Tomar asiento en un café o en un bar con carácter es parte esencial de la experiencia gastronómica de Praga. Uno de los cafés más emblemáticos es Café Slavia, abierto en 1884 junto al río Vltava o Moldava, lugar de encuentro de intelectuales como el expresidente checo Václav Havel. Ambiente tranquilo para tomar un café, picar algo e incluso comer.
Un poco más arriba, en Národní třída, se encuentra Café Louvre, otro clásico centenario que sobrevivió a guerras y regímenes, conservando su aura de salón literario como lo conocieron Einstein o Franz Kafka. Hoy lo toman estudiantes, artistas y viajeros que buscan un rincón donde leer o debatir. La luz cálida sobre las mesas de madera y el aroma a nata fresca lo convierten en refugio perfecto para una tarde lluviosa.
En contraste, el moderno Můj šálek kávy, en el barrio de Karlín, representa la nueva generación de cafeterías praguenses: minimalismo, baristas expertos y granos tostados localmente. El café se sirve con precisión y un toque de pedagogía, como si cada sorbo quisiera contar el viaje del grano desde Colombia o Etiopía hasta el corazón de Bohemia.
Por las noches, la escena se traslada a los bares. En el elegante Hemingway Bar, los cócteles rinden homenaje a la literatura y a la destilación fina. Decoración en madera y variedad de cécteles. Un negocio inspirado en Ernest Hemingway, quien popularizó numerosos cócteles como el Daiquiri Hemingway o la versión Papa Doble aún se preparan en bares de todo el mundo. El bar Hemingway de Praga está dedicado en gran parte a sus licores favoritos: absenta, ron y champán.
Más alternativo, Anonymous Bar propone una experiencia teatral: camareros con máscaras de Guy Fawkes, cócteles que llegan envueltos en humo o servidos en frascos de laboratorio, música suave y humor irreverente. En BeerGeek Bar, el enfoque es otro: más de 30 cervezas artesanas en grifo y un ambiente relajado donde se conversa de lúpulos y fermentaciones.

Pastelerías y reposterías: dulces instantes para el paladar
La tradición pastelera praguense tiene esa elegancia silenciosa que acompaña al café sin pedir protagonismo, pero cuando se le presta atención, deslumbra. En el centro, Cukrárna Myšák es un referente histórico: inaugurada en 1911, renació hace pocos años respetando la estética art déco original. Sus vitrinas son un desfile de color y técnica: větrníky de caramelo, věnečky de crema, tartas de miel y el icónico Myšák dort, un pastel de capas finas con nata y cacao que resume un siglo de dulzura checa.
No lejos de allí, IF Café, del pastelero Ondřej Slanina, fusiona repostería francesa con tradición local. Los macarons conviven con tartaletas de amapola, mientras las cucharas repican sobre platos de porcelana floral. Cada bocado es un juego de texturas: el crujiente de la base, la ligereza del mousse, la delicadeza del glaseado.
En el barrio de Letná, Erhart Café mantiene una atmósfera de los años 30, con vitrinas de madera. Allí, los pasteles de chocolate y las tartas de frutas de temporada evocan la repostería de abuelas que aún hornean sin prisa.
A ellos se suman otras joyas como el clásico Café Savoy, famoso por su Gran desayuno con cruasán francés relleno de huevos revueltos y trufa negra, salchichas, mostaza, mayonesa de trufa, patatas fritas, ensalada verde, tortita y zumo de naranja. Todo servido con una presentación impecable bajo grandes lámparas de cristal.

Mercados alimentarios: los pulmones de la cocina local
En Praga, uno de los mercados gastronómicos más conocidos es el Dejvická Farmers’ Market (Dejvická), que abre los sábados desde la primavera hasta finales de otoño y ofrece frutas, hortalizas, panes artesanales, pastelería y mariscos. Otro escenario, menos formal pero igualmente evocador, sucede en mercados alimentarios dispersos por los muelles del río Vltava los fines de semana, donde carritos de comida local, puestos emergentes y cervezas en horario diurno crean una atmósfera ligera pero auténtica.
En esos espacios sobresale la materia prima: salchichas artesanales, col fermentada, panes de centeno, quesos con pastoreo de montaña. Y lo más importante: se aprecia la relación directa entre productor, comerciante y consumidor.

En definitiva, visitar la bella ciudad de Praga va más allá de admirar torres góticas y puentes centenarios. No hay que ignorar los sabores de su cocina, dejarnos envolver por el crujido de un dumpling, por la espuma de una cerveza bien tirada, por el dulzor reposado de una crema de vainilla en repostería local o por el bullicio vibrante de un mercado de sábado. Praga no es sólo un destino para turistas que pasan con cámaras; es un hogar para quienes aman comer, preguntar, explorar y degustar cultura.
NOTA: El texto no responde a ningún encargo comercial ni contenido patrocinado; ha sido elaborado por decisión y criterio propio del autor.
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