RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour

Ruta por la RN7: glamour, libertad, paisajes y gastronomía en la carretera más icónica de Francia.

Redacción GeoGastronómica
10 de diciembre de 2025
Compartir en:

Índice

MAPA: RN7 gourmet: viaje histórico por la cocina francesa

La RN7: una carretera, un país y una forma de viajar

La Route Nationale 7, la arteria que durante décadas unió París con la Costa Azul, no nació como una simple vía de comunicación. Desde sus primeros trazos en el siglo XIX, cuando ingenieros y cartógrafos buscaban una ruta continua hacia el Mediterráneo, ya despertaba algo que hoy todavía reconocemos: un deseo de movimiento, de descubrir cómo se transforman el paisaje, la lengua y la cocina a medida que avanzamos hacia el sur.

Quienes la recorrían en sus inicios describían un tránsito lento, casi coreografiado, donde las paradas eran tan importantes como los kilómetros. La RN7 no se entendía sin sus auberges familiares, sin el olor del pan recién salido de los hornos comunales, sin los mercados instalados al borde del camino. En aquel entonces, lo gastronómico no era un atractivo añadido, sino parte esencial del trayecto, un pacto no escrito entre el viajero y Francia.

A partir de los años treinta y sobre todo en la posguerra, la carretera se convirtió en sinónimo de progreso. Mientras Europa trataba de reconstruirse, Francia encontraba en esta ruta un escaparate de modernidad. Los coches se volvían más accesibles, las vacaciones pagadas comenzaban a democratizarse y el Mediterráneo aparecía ante los ojos de las familias como una promesa de sol, reposo y libertad.

Imagen de RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour
Tramo de la antigua RN7 entre Niza y Cannes.

El tiempo dorado de la RN7: elegancia, motores y la mesa perfecta

La RN7 no solo llevaba al Mediterráneo; llevaba a un estado de ánimo. Y ese sentimiento quedó inmortalizado en 1959 cuando Charles Trénet, uno de los grandes poetas de la canción francesa, lanzó “Route Nationale 7”. El tema describía la vía como “la carretera de la felicidad”, una especie de pasaje hacia las vacaciones soñadas, donde el simple acto de conducir rumbo al sur era ya sinónimo de alegría. La canción, alegre y casi cinematográfica, convirtió a la RN7 en un icono cultural, reforzando su reputación como la ruta veraniega por excelencia.

A ello se sumaba el glamour propio de la Costa Azul, que en esos años se consolidó como escenario internacional gracias al cine y a la prensa. Saint-Tropez, Cannes y toda la Riviera se llenaban de una estética luminosa asociada a Brigitte Bardot, Roger Vadim, Jean Seberg, Alain Delon y otros nombres que transformaron el sur en un símbolo de sofisticación mediterránea. La RN7 era el camino natural hacia ese universo de luz, mar y encanto cinematográfico.

Muchos viajeros de la época recuerdan los autocares llenos en dirección al sol, los descapotables circulando a ritmo de verano y la emoción de divisar el azul del Mediterráneo por primera vez. Las postales vintage que aún se venden en mercados y tiendas de antigüedades lo muestran con claridad: familias posando junto al coche, restaurantes de carretera con manteles blancos y camareros uniformados, estaciones de servicio modernistas con carteles de Plein Soleil, un guiño a la película de René Clément que contribuyó a fijar la estética elegante del Midi francés.

La gastronomía de la RN7 fue parte esencial de ese glamour. En esa época se consolidaron relais routiers célebres, mesas que ofrecían cocina generosa, vinos del valle del Ródano y recetas tradicionales presentadas con una hospitalidad que se convirtió en referencia. Muchos guías de viaje describían la ruta como una secuencia de “comedores luminosos”, donde la comida marcaba el ritmo del trayecto tanto como el propio paisaje.

La RN7 era, así, la síntesis perfecta entre modernidad, ocio y gusto. Un glamour accesible, menos ostentoso que el de las alfombras rojas, pero profundamente aspiracional: el lujo de viajar, de comer bien y de sentir que el verano francés era un estado de ánimo al alcance de todos.

De Menton a París: recorrido narrado por la ruta más deliciosa de Francia

Menton

Comenzamos el trayecto en Menton, donde la Costa Azul despliega una luz que parece trabajada con paciencia. El aroma de los cítricos domina la ciudad, hogar del célebre limón de Menton, protagonista de numerosas recetas locales. En la parte alta, el restaurante Mirazur con tres estrellas Michelin, del chef Mauro Colagreco, redefine la relación entre paisaje, producto y cocina: una experiencia casi litúrgica donde el menú evoluciona según el jardín, el mar y la luna. Pero Menton también ofrece pequeños restaurantes junto al mercado municipal donde los pescados del día se presentan sin artificio y el aceite de oliva conserva la textura de los viejos bancales que rodean la ciudad.

Imagen de RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour
Localidad de Menton en la frontera con Italia.

Niza

Unos kilómetros más adelante aparece Niza, alegre, cosmopolita, ruidosa en verano y perfumada por la mezcla de mar y albahaca. En la Promenade des Anglais el azul del Mediterráneo parece inventado. La ciudad es una de las cunas de la cocina nizarda, donde conviven la socca, la salade niçoise, los rellenos de verduras (petits farcis) y vinos rosados ligeros que se beben con facilidad bajo la sombra de los plátanos. El casco antiguo ofrece un mercado que cada mañana funciona como teatro gastronómico: vendedores de aceitunas, pescaderías que exhiben su género con orgullo y hornos que venden pissaladière aún caliente.

Antibes

En dirección oeste, Antibes nos recibe con su casco histórico amurallado y ese aire elegante que mezcla arte y mar. El puerto guarda embarcaciones de gran eslora, pero lo más atractivo está en su mercado cubierto, donde los productores locales venden quesos de montaña, pescados recién llegados y panes cuya corteza cruje como grava bajo el paso. En las terrazas se saborea el mar en forma de bouillabaisse, aunque aquí cada cocinero defiende su receta. En el Museo Picasso, ubicado en el antiguo Château Grimaldi, se entiende mejor la luz que tantos artistas trataron de atrapar y que también determina la cocina local: fresca, colorida y directa.

Cannes

Pocos nombres resuenan tanto como el de Cannes, ciudad que vive entre su festival de cine y su gusto por la teatralidad. Sin embargo, al abandonar la Croisette descubrimos una ciudad más humana, donde los mercados de Forville ofrecen tomates carnosos, pescados de roca y flores comestibles que parecen arreglos para una escena. Cannes invita a un tipo de hedonismo sin estridencias: desayunos largos, vinos blancos fríos y playas en las que el tiempo adquiere otra textura.

Imagen de RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour
Icónico hotel Carlton en Cannes.

Aix-en-Provence

Seguimos hacia el interior para llegar a Aix-en-Provence, una ciudad que respira arte, fuentes y serenidad. Los visitantes caminan por el Cours Mirabeau como si participaran en una coreografía lenta. Aquí brillan dos especialidades: los calissons, pequeños bocados de almendra y melón confitado que se deshacen suavemente en la boca, y las frutas confitadas, cuya técnica requiere días de paciencia. En Aix, la gastronomía convive con el legado de Cézanne, cuyas montañas y paletas aún parecen vivas en la mesa provenzal.

Imagen de RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour
RN7 cerca de Aix-en-Provence , frente a la montaña Sainte-Victoire . [Foto: Thierry Dubois CC BY 3.0]

Montélimar

Volvemos a tomar el eje de la RN7 histórica para llegar a Montélimar, la capital del nougat. Las tiendas exhiben fotografías antiguas de viajeros detenidos aquí rumbo al Mediterráneo, y al probar el turrón entendemos por qué: textura elástica, miel perfumada y almendra tostada que deja una estela noble en el paladar. La ciudad se ha modernizado, pero el ritual de comprar una caja de nougat antes de continuar viaje sigue vigente.

Cavaillon

En Cavaillon, el protagonista es el melón, célebre por su dulzor y su perfume. En temporada, los puestos de venta se alinean en las carreteras secundarias, ofreciendo frutas que parecen concentrar todo el sol provenzal. Lo habitual es comerlo con jamón curado, aunque algunos cocineros locales lo sirven en sopas frías o incluso en tartas saladas. Pasear por Cavaillon en verano es caminar rodeados de un olor intenso y casi festivo.

Vienne

El paisaje se abre hacia el valle del Ródano hasta alcanzar Vienne, una ciudad llena de sorpresas arqueológicas y gastronómicas. Su anfiteatro romano impresiona, pero para el viajero gourmet el nombre esencial es La Pyramide, restaurante histórico vinculado a la familia Point. Fue uno de los primeros establecimientos en recibir las tres estrellas Michelin en la historia de la guía, un reconocimiento que no solo avaló su cocina, sino que influyó en la definición misma de lo que hoy entendemos por alta gastronomía francesa. Comer en Vienne es, por tanto, descubrir un capítulo fundacional del país culinario.

Valence

A apenas unos kilómetros, Valence nos ofrece otra institución: la Maison Pic, heredera de una saga que comenzó con L’Auberge du Pin, establecimiento que obtuvo tres estrellas en 1934, 1973 y 2007 en Saint-Péray. Hoy, el restaurante PIC conserva orgullosamente sus tres estrellas Michelin, bajo la dirección de la chef Anne-Sophie Pic, cuya sensibilidad contemporánea se sostiene sobre una memoria culinaria rigurosa. La ciudad, atravesada por el Ródano, invita a paseos tranquilos que terminan inevitablemente en una mesa bien servida.

Roanne

La ruta continúa hacia Roanne, donde el apellido Troisgros resuena como un faro gastronómico desde hace más de medio siglo. Su cocina —considerada durante décadas una referencia absoluta— marcó a generaciones de cocineros. El restaurante Troisgros mantiene actualmente sus tres estrellas Michelin, lo que lo convierte en una de las grandes leyendas vivas de la gastronomía francesa. Para muchos viajeros, Roanne es una peregrinación obligada dentro de la RN7, un punto donde la carretera y la alta cocina se funden en un mismo relato.

Montargis

Más al norte se encuentra Montargis, una ciudad tranquila atravesada por canales que le han valido el apelativo de “la Venecia del Gatinais”. Aquí nació la tienda Mazet, fundada en 1903 y célebre por sus almendras garrapiñadas (praslines). Su sabor caramelizado, preciso y elegante es un lujo sencillo que explica por qué la casa conserva una fidelidad casi devocional entre gourmets.

Nemours

Llegamos a Nemours, conocida por sus caramelos de amapola, dulces de color rosado que desprenden un aroma floral inconfundible. Creado en el siglo XIX, este caramelo ha mantenido su popularidad gracias a su sabor único: delicado, casi etéreo, pero persistente. Nemours también sorprende con un castillo medieval bien conservado que domina el Loing.

Fontainebleau

A las puertas de París aparece Fontainebleau, refugio de artistas, escaladores y amantes de los bosques monumentales. El palacio, uno de los más impresionantes de Europa, ofrece un recorrido por siglos de historia francesa. En los restaurantes del casco histórico abundan las recetas tradicionales con interpretaciones contemporáneas: aves de corral, quesos brie de la región y vinos ligeros que acompañan sin imponerse.

París

Finalmente entramos en París, punto culminante del recorrido. Aunque la RN7 se difumina al llegar a la capital, su espíritu permanece en los cafés, en los mercados de barrio y en la infinita diversidad gastronómica de la ciudad. París se presenta no como final, sino como un nuevo comienzo: desde aquí se puede recordar la ruta completa o preparar la próxima vuelta al sur.

En distintos puntos del recorrido sobreviven establecimientos legendarios. El Relais Routier de Saulce, por ejemplo, todavía recuerda la época en que los autocares y camioneros se detenían allí para probar su ternera con salsa de mostaza. En Provenza, pequeñas posadas transformadas hoy en hoteles boutique conservan en sus patios la sombra de los plátanos bajo la que se servía el pastís a los viajeros.

Muchos de estos lugares han modernizado sus cartas, pero mantienen una tradición de hospitalidad que no apela al lujo exagerado, sino a algo más valioso: la sensación de pertenecer a un viaje compartido.

Imagen de RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour
París.

¿Qué queda hoy de la RN7?

La moderna red de autopistas ha fragmentado la RN7 hasta convertirla en un mosaico de tramos históricos, desvíos locales y carreteras secundarias que, sin embargo, conservan un encanto difícil de imitar. Lo que queda no es solo material: la RN7 se ha convertido en un archivo emocional, un itinerario donde cada pueblo reivindica su lugar contando historias de viajeros, cocineros y épocas que ya no existen, pero que aún se sienten en el ambiente.

Hoy, quien recorre la RN7 lo hace buscando algo distinto a la rapidez. Viaja para detenerse, para comer sin prisa, para observar cómo cambia el acento de un pueblo a otro. Las señales antiguas, los viejos restaurantes de carretera y algunos talleres que aún exhiben calendarios de Renault y Peugeot de los noventa nos recuerdan que esta ruta fue, y sigue siendo, un espejo de la vida francesa, un relato abierto, mezcla de aromas provenzales, brisas mediterráneas, vinos del Ródano y conversaciones escuchadas en terrazas que miran al asfalto.

NEWSLETTER

Si te ha gustado este artículo, es que te gusta comer con sentido y viajar con apetito.

Suscríbete gratis a GeoGastronómica y recibe antes que nadie nuestros artículos, crónicas, destinos comestibles y experiencias. Sin postureo. Solo buen comer.

Apúntate hoy y empieza a saborear el mundo desde tu bandeja de entrada.

Te puede interesar
Gastro guías
Gastro Guía de Nueva York 2025: sabores que definen a la Gran Manzana

Sabores del mundo en una sola ciudad. Descubre los mejores restaurantes, mercados y pastelerías en esta guía gourmet definitiva para NYC.

Un plato, un destino
¿Viajarías a Perú a probar su ceviche?

Historia, variaciones y dónde probar el mejor ceviche en Perú. Una guía completa para foodies con alma viajera.

Cocineros del mundo
El alma del Pirineo aragonés se sirve en el Ansils

Vive la experiencia de Restaurante Ansils: un viaje culinario único en el Valle de Benasque.

Gastro guías
Gastro Guía de Melbourne 2025: sabores, cultura y encanto australiano

Descubre la vibrante gastronomía de Melbourne con nuestra guía completa.

Gastro guías
Gastro Guía de Cracovia 2025: de los pierogi al zubrówka

Qué comer en Cracovia: guía de pierogi, zurek, dulces, mercados y restaurantes con encanto en la capital cultural de Polonia.

Destinos gastronómicos
La gastronomía belga: sabores con historia en el corazón de Europa

Recorrer Bélgica con el estómago por guía es una de las formas más placenteras de entender su historia, su gente y su diversidad.

Destinos gastronómicos
Buenos Aires a mordiscos: crónica cruda y jugosa de una ciudad que se come a sí misma

Descubre los sabores de Buenos Aires desde el asado hasta los alfajores de dulce de leche en un recorrido crudo y emocionante. La cultura gastronómica porteña te va a devorar con cada bocado.

Destinos gastronómicos
Viajamos a Ciudad de México, la capital de la gastronomía mexicana y cultural

Desde tacos hasta mole: explora la riqueza gastronómica de México en un viaje de sabor, historia y cultura.

Bebidas
Vodka polaco, el símbolo líquido de Polonia

¿Qué hace diferente al vodka polaco del resto del mundo? Su elaboración con centeno o patata, su altísima pureza y su conexión cultural profunda lo convierten en una bebida con alma.

Producto
El queso Camembert de Normandía, una gloria gastronómica entre el campo, el moho y la historia

Historia, elaboración y maridaje perfecto del auténtico Camembert AOP

Republicar artículo

Si lo deseas puedes republicar este artículo, ya sea en formato impreso o digital, teniendo en cuenta las siguientes indicaciones:  atribuye claramente la autoría del artículo a GeoGastrónomica, indica que el texto fue publicado originalmente en GeoGastronómica y si realizas modificaciones, deben mantenerse bajo la misma licencia que el original y debes señalar que se han hecho cambios. Consulta aquí nuestras normas completas de republicación.

<h1>RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour</h1>
<h2 class="wp-block-heading">MAPA: RN7 gourmet: viaje histórico por la cocina francesa</h2>



<p><iframe loading="lazy" src="https://www.google.com/maps/d/u/0/embed?mid=1rmWfCteQ0bgXC2mE44tEE6ED5wH-MaA&ehbc=2E312F&noprof=1" width="640" height="480"></iframe></p>



<h2 class="wp-block-heading"> La RN7: una carretera, un país y una forma de viajar</h2>



<p>La <strong>Route Nationale 7</strong>, la arteria que durante décadas unió <strong>París</strong> con la <strong>Costa Azul</strong>, no nació como una simple vía de comunicación. Desde sus primeros trazos en el siglo XIX, cuando ingenieros y cartógrafos buscaban una ruta continua hacia el Mediterráneo, ya despertaba algo que hoy todavía reconocemos: un deseo de movimiento, de descubrir cómo se transforman el paisaje, la lengua y la cocina a medida que avanzamos hacia el sur.</p>



<p>Quienes la recorrían en sus inicios describían un tránsito lento, casi coreografiado, donde las paradas eran tan importantes como los kilómetros. La <strong>RN7</strong> no se entendía sin sus <em>auberges</em> familiares, sin el olor del pan recién salido de los hornos comunales, sin los mercados instalados al borde del camino. En aquel entonces, lo gastronómico no era un atractivo añadido, sino parte esencial del trayecto, un pacto no escrito entre el viajero y Francia.</p>



<p>A partir de los años treinta y sobre todo en la posguerra, la carretera se convirtió en sinónimo de progreso. Mientras Europa trataba de reconstruirse, Francia encontraba en esta ruta un escaparate de modernidad. Los coches se volvían más accesibles, las vacaciones pagadas comenzaban a democratizarse y el Mediterráneo aparecía ante los ojos de las familias como una promesa de sol, reposo y libertad.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-4-5-1200x900.webp" alt="Imagen de RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour" class="wp-image-9152" title="Imagen de RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour 11" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-4-5-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-4-5-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-4-5-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-4-5-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-4-5.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Tramo de la antigua RN7 entre Niza y Cannes.</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">El tiempo dorado de la RN7: elegancia, motores y la mesa perfecta</h2>



<p>La <strong>RN7</strong> no solo llevaba al Mediterráneo; llevaba a un estado de ánimo. Y ese sentimiento quedó inmortalizado en 1959 cuando <strong>Charles Trénet</strong>, uno de los grandes poetas de la canción francesa, lanzó <strong>“Route Nationale 7”</strong>. El tema describía la vía como “la carretera de la felicidad”, una especie de pasaje hacia las vacaciones soñadas, donde el simple acto de conducir rumbo al sur era ya sinónimo de alegría. La canción, alegre y casi cinematográfica, convirtió a la RN7 en un icono cultural, reforzando su reputación como la ruta veraniega por excelencia.</p>



<p>A ello se sumaba el glamour propio de la <strong>Costa Azul</strong>, que en esos años se consolidó como escenario internacional gracias al cine y a la prensa. <strong>Saint-Tropez, Cannes </strong>y toda la <strong>Riviera</strong> se llenaban de una estética luminosa asociada a Brigitte Bardot, Roger Vadim, Jean Seberg, Alain Delon y otros nombres que transformaron el sur en un símbolo de sofisticación mediterránea. La RN7 era el camino natural hacia ese universo de luz, mar y encanto cinematográfico.</p>



<p><iframe loading="lazy" width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/SizHpGxqv2U?si=D1AiKV46F_RWpWdJ" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>



<p>Muchos viajeros de la época recuerdan los autocares llenos en dirección al sol, los descapotables circulando a ritmo de verano y la emoción de divisar el azul del Mediterráneo por primera vez. Las postales vintage que aún se venden en mercados y tiendas de antigüedades lo muestran con claridad: familias posando junto al coche, restaurantes de carretera con manteles blancos y camareros uniformados, estaciones de servicio modernistas con carteles de Plein Soleil, un guiño a la película de René Clément que contribuyó a fijar la estética elegante del Midi francés.</p>



<p>La gastronomía de la <strong>RN7</strong> <strong>fue parte esencial de ese glamour</strong>. En esa época se consolidaron relais routiers célebres, mesas que ofrecían cocina generosa, vinos del valle del Ródano y recetas tradicionales presentadas con una hospitalidad que se convirtió en referencia. Muchos guías de viaje describían la ruta como una secuencia de “comedores luminosos”, donde la comida marcaba el ritmo del trayecto tanto como el propio paisaje.</p>



<p>La <strong>RN7</strong> era, así, la síntesis perfecta entre modernidad, ocio y gusto. Un glamour accesible, menos ostentoso que el de las alfombras rojas, pero profundamente aspiracional: el lujo de viajar, de comer bien y de sentir que el verano francés era un estado de ánimo al alcance de todos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">De Menton a París: recorrido narrado por la ruta más deliciosa de Francia</h2>



<h3 class="wp-block-heading">Menton</h3>



<p>Comenzamos el trayecto en <strong>Menton</strong>, donde la Costa Azul despliega una luz que parece trabajada con paciencia. El aroma de los cítricos domina la ciudad, hogar del célebre limón de <strong>Menton</strong>, protagonista de numerosas recetas locales. En la parte alta, el restaurante <strong><a href="https://www.mirazur.fr/" target="_blank" rel="noopener">Mirazur</a></strong> con tres estrellas Michelin, del chef <strong>Mauro Colagreco</strong>, redefine la relación entre paisaje, producto y cocina: una experiencia casi litúrgica donde el menú evoluciona según el jardín, el mar y la luna. Pero <strong>Menton</strong> también ofrece pequeños restaurantes junto al mercado municipal donde los pescados del día se presentan sin artificio y el aceite de oliva conserva la textura de los viejos bancales que rodean la ciudad.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-8-1-1200x900.webp" alt="Imagen de RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour" class="wp-image-9148" title="Imagen de RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour 12" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-8-1-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-8-1-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-8-1-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-8-1-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-8-1.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Localidad de Menton en la frontera con Italia.</figcaption></figure>



<h3 class="wp-block-heading">Niza</h3>



<p>Unos kilómetros más adelante aparece <strong>Niza</strong>, alegre, cosmopolita, ruidosa en verano y perfumada por la mezcla de mar y albahaca. En la <strong>Promenade des Anglais</strong> el azul del Mediterráneo parece inventado. La ciudad es una de las cunas de la cocina nizarda, donde conviven la socca, la salade niçoise, los rellenos de verduras (petits farcis) y vinos rosados ligeros que se beben con facilidad bajo la sombra de los plátanos. El casco antiguo ofrece un mercado que cada mañana funciona como teatro gastronómico: vendedores de aceitunas, pescaderías que exhiben su género con orgullo y hornos que venden pissaladière aún caliente.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Antibes</h3>



<p>En dirección oeste, <strong>Antibes</strong> nos recibe con su casco histórico amurallado y ese aire elegante que mezcla arte y mar. El puerto guarda embarcaciones de gran eslora, pero lo más atractivo está en su mercado cubierto, donde los productores locales venden quesos de montaña, pescados recién llegados y panes cuya corteza cruje como grava bajo el paso. En las terrazas se saborea el mar en forma de bouillabaisse, aunque aquí cada cocinero defiende su receta. En el <strong>Museo Picasso</strong>, ubicado en el antiguo Château Grimaldi, se entiende mejor la luz que tantos artistas trataron de atrapar y que también determina la cocina local: fresca, colorida y directa.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Cannes</h3>



<p>Pocos nombres resuenan tanto como el de <strong>Cannes</strong>, ciudad que vive entre su festival de cine y su gusto por la teatralidad. Sin embargo, al abandonar la <strong>Croisette</strong> descubrimos una ciudad más humana, donde los mercados de <strong>Forville</strong> ofrecen tomates carnosos, pescados de roca y flores comestibles que parecen arreglos para una escena. <strong>Cannes </strong>invita a un tipo de hedonismo sin estridencias: desayunos largos, vinos blancos fríos y playas en las que el tiempo adquiere otra textura.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-7-1-1200x900.webp" alt="Imagen de RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour" class="wp-image-9147" title="Imagen de RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour 13" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-7-1-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-7-1-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-7-1-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-7-1-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Pagina-7-1.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Icónico hotel Carlton en Cannes.</figcaption></figure>



<h3 class="wp-block-heading">Aix-en-Provence</h3>



<p>Seguimos hacia el interior para llegar a <strong>Aix-en-Provence</strong>, una ciudad que respira arte, fuentes y serenidad. Los visitantes caminan por el <strong>Cours Mirabeau </strong>como si participaran en una coreografía lenta. Aquí brillan dos especialidades: los calissons, pequeños bocados de almendra y melón confitado que se deshacen suavemente en la boca, y las frutas confitadas, cuya técnica requiere días de paciencia. En Aix, la gastronomía convive con el legado de <strong>Cézanne</strong>, cuyas montañas y paletas aún parecen vivas en la mesa provenzal.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="482" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Untitled-image-2025-12-10T130758.172-1200x482.webp" alt="Imagen de RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour" class="wp-image-9153" title="Imagen de RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour 14" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Untitled-image-2025-12-10T130758.172-1200x482.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Untitled-image-2025-12-10T130758.172-900x362.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Untitled-image-2025-12-10T130758.172-768x309.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Untitled-image-2025-12-10T130758.172-1536x617.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Untitled-image-2025-12-10T130758.172.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">RN7 cerca de Aix-en-Provence , frente a la montaña Sainte-Victoire . [Foto: <a href="https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3062367" target="_blank" rel="noopener">Thierry Dubois</a> CC BY 3.0]</figcaption></figure>



<h3 class="wp-block-heading">Montélimar</h3>



<p>Volvemos a tomar el eje de la <strong>RN7</strong> histórica para llegar a <strong>Montélimar</strong>, la capital del nougat. Las tiendas exhiben fotografías antiguas de viajeros detenidos aquí rumbo al Mediterráneo, y al probar el turrón entendemos por qué: textura elástica, miel perfumada y almendra tostada que deja una estela noble en el paladar. La ciudad se ha modernizado, pero el ritual de comprar una caja de nougat antes de continuar viaje sigue vigente.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Cavaillon</h3>



<p>En <strong>Cavaillon</strong>, el protagonista es el melón, célebre por su dulzor y su perfume. En temporada, los puestos de venta se alinean en las carreteras secundarias, ofreciendo frutas que parecen concentrar todo el sol provenzal. Lo habitual es comerlo con jamón curado, aunque algunos cocineros locales lo sirven en sopas frías o incluso en tartas saladas. Pasear por <strong>Cavaillon</strong> en verano es caminar rodeados de un olor intenso y casi festivo.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Vienne</h3>



<p>El paisaje se abre hacia el valle del Ródano hasta alcanzar <strong>Vienne</strong>, una ciudad llena de sorpresas arqueológicas y gastronómicas. Su anfiteatro romano impresiona, pero para el viajero gourmet el nombre esencial es <strong><a href="https://www.lapyramide.com/fr/" target="_blank" rel="noopener">La Pyramide</a></strong>, restaurante histórico vinculado a la familia Point. Fue uno de los primeros establecimientos en recibir las tres estrellas Michelin en la historia de la guía, un reconocimiento que no solo avaló su cocina, sino que influyó en la definición misma de lo que hoy entendemos por alta gastronomía francesa. Comer en Vienne es, por tanto, descubrir un capítulo fundacional del país culinario.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Valence</h3>



<p>A apenas unos kilómetros, <strong>Valence</strong> nos ofrece otra institución: la <strong><a href="https://anne-sophie-pic.com/" target="_blank" rel="noopener">Maison Pic</a></strong>, heredera de una saga que comenzó con L’Auberge du Pin, establecimiento que obtuvo tres estrellas en 1934, 1973 y 2007 en Saint-Péray. Hoy, el restaurante <strong>PIC</strong> conserva orgullosamente sus tres estrellas Michelin, bajo la dirección de la chef Anne-Sophie Pic, cuya sensibilidad contemporánea se sostiene sobre una memoria culinaria rigurosa. La ciudad, atravesada por el Ródano, invita a paseos tranquilos que terminan inevitablemente en una mesa bien servida.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Roanne</h3>



<p>La ruta continúa hacia <strong>Roanne</strong>, donde el apellido <strong>Troisgros</strong> resuena como un faro gastronómico desde hace más de medio siglo. Su cocina —considerada durante décadas una referencia absoluta— marcó a generaciones de cocineros. El restaurante <strong><a href="https://www.troisgros.fr/" target="_blank" rel="noopener">Troisgros</a> </strong>mantiene actualmente sus tres estrellas Michelin, lo que lo convierte en una de las grandes leyendas vivas de la gastronomía francesa. Para muchos viajeros, <strong>Roanne</strong> es una peregrinación obligada dentro de la RN7, un punto donde la carretera y la alta cocina se funden en un mismo relato.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Montargis</h3>



<p>Más al norte se encuentra <strong>Montargis</strong>, una ciudad tranquila atravesada por canales que le han valido el apelativo de “la Venecia del Gatinais”. Aquí nació la tienda <strong><a href="https://www.mazetconfiseur.com/fr/" target="_blank" rel="noopener">Mazet</a></strong>, fundada en 1903 y célebre por sus almendras garrapiñadas (praslines). Su sabor caramelizado, preciso y elegante es un lujo sencillo que explica por qué la casa conserva una fidelidad casi devocional entre gourmets.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Nemours</h3>



<p>Llegamos a <strong>Nemours</strong>, conocida por sus caramelos de amapola, dulces de color rosado que desprenden un aroma floral inconfundible. Creado en el siglo XIX, este caramelo ha mantenido su popularidad gracias a su sabor único: delicado, casi etéreo, pero persistente. Nemours también sorprende con un castillo medieval bien conservado que domina el Loing.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Fontainebleau</h3>



<p>A las puertas de París aparece <strong>Fontainebleau</strong>, refugio de artistas, escaladores y amantes de los bosques monumentales. El palacio, uno de los más impresionantes de Europa, ofrece un recorrido por siglos de historia francesa. En los restaurantes del casco histórico abundan las recetas tradicionales con interpretaciones contemporáneas: aves de corral, quesos brie de la región y vinos ligeros que acompañan sin imponerse.</p>



<h3 class="wp-block-heading">París</h3>



<p>Finalmente entramos en <strong>París</strong>, punto culminante del recorrido. Aunque la <strong>RN7 </strong>se difumina al llegar a la capital, su espíritu permanece en los cafés, en los mercados de barrio y en la infinita diversidad gastronómica de la ciudad. París se presenta no como final, sino como un nuevo comienzo: desde aquí se puede recordar la ruta completa o preparar la próxima vuelta al sur.</p>



<p>En distintos puntos del recorrido sobreviven establecimientos legendarios. El Relais Routier de Saulce, por ejemplo, todavía recuerda la época en que los autocares y camioneros se detenían allí para probar su ternera con salsa de mostaza. En <strong>Provenza</strong>, pequeñas posadas transformadas hoy en hoteles boutique conservan en sus patios la sombra de los plátanos bajo la que se servía el pastís a los viajeros.</p>



<p>Muchos de estos lugares han modernizado sus cartas, pero mantienen una tradición de hospitalidad que no apela al lujo exagerado, sino a algo más valioso: la sensación de pertenecer a un viaje compartido.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Untitled-image-2025-12-10T131835.324-1200x900.webp" alt="Imagen de RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour" class="wp-image-9155" title="Imagen de RN7, ruta por la icónica carretera francesa de la libertad y el glamour 15" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Untitled-image-2025-12-10T131835.324-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Untitled-image-2025-12-10T131835.324-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Untitled-image-2025-12-10T131835.324-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Untitled-image-2025-12-10T131835.324-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/12/Untitled-image-2025-12-10T131835.324.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">París.</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">¿Qué queda hoy de la RN7? </h2>



<p>La moderna red de autopistas ha fragmentado la <strong>RN7</strong> hasta convertirla en un mosaico de tramos históricos, desvíos locales y carreteras secundarias que, sin embargo, conservan un encanto difícil de imitar. Lo que queda no es solo material: la <strong>RN7</strong> se ha convertido en un archivo emocional, un itinerario donde cada pueblo reivindica su lugar contando historias de viajeros, cocineros y épocas que ya no existen, pero que aún se sienten en el ambiente.</p>



<p>Hoy, quien recorre la <strong>RN7</strong> lo hace buscando algo distinto a la rapidez. Viaja para detenerse, para comer sin prisa, para observar cómo cambia el acento de un pueblo a otro. Las señales antiguas, los viejos restaurantes de carretera y algunos talleres que aún exhiben calendarios de Renault y Peugeot de los noventa nos recuerdan que esta ruta fue, y sigue siendo, un espejo de la vida francesa, un relato abierto, mezcla de aromas provenzales, brisas mediterráneas, vinos del Ródano y conversaciones escuchadas en terrazas que miran al asfalto.</p>



<h2 class="wp-block-heading">NEWSLETTER</h2>



<p>Si te ha gustado este artículo, es que te gusta comer con sentido y viajar con apetito.</p>



<p>Suscríbete gratis a <strong>GeoGastronómica </strong>y recibe antes que nadie nuestros artículos, crónicas, destinos comestibles y experiencias. Sin postureo. Solo buen comer.</p>



<p>Apúntate hoy y empieza a saborear el mundo desde tu bandeja de entrada.</p>



<div class="wp-block-buttons is-layout-flex wp-block-buttons-is-layout-flex">
<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://geogastronomica.com/newsletter/">SUSCRÍBETE</a></div>
</div>
<p>Este artículo fue publicado originalmente en <a href="https://geogastronomica.com/">GEOgastronómica</a>. Lea el <a href="https://geogastronomica.com/rn7-ruta-por-la-iconica-carretera-francesa/">original</a>.</p></div>
GeoGastronómica
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.