GeoGastronómica en Mesopotamia: viaje al origen de la civilización y la gastronomía

Destino: Irak mesopotámico, de Basora al Kurdistán, el lugar donde empezó todo

Paco Doblas Gálvez
2 de enero de 2026
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Índice

[Foto de portada: Recreación con IA de la Puerta de Ishtar, una de las 8 puertas monumentales de la muralla interior de Babilonia]

PODCAST #19 GeoGastronómica en Mesopotamia: viaje al origen de la civilización y la gastronomía

Viajar a Mesopotamia es volver al kilómetro cero de la civilización

Mesopotamia es el punto de partida de demasiadas cosas como para tratarla con ligereza. Aquí nacieron los primeros mitos organizados, las nociones iniciales de lo sagrado, las ciudades-estado, la escritura, la contabilidad, el derecho. También aquí se fijaron los primeros sistemas culinarios pensados para alimentar comunidades complejas, jerarquizadas y conscientes de sí mismas. Sobran los motivos para adentrarse en un viaje fascinante al origen de muchas cosas que forman parte de nuestra cultura actual.

GeoGastronómica inicia este viaje por el Irak mesopotámico como parte de una investigación de campo centrada en una pregunta fascinante: cuándo, cómo y por qué comer dejó de ser un gesto instintivo para convertirse en una estructura cultural capaz de sostener sociedades enteras. ¿Cuándo empezó realmente la cultura gastronómica tal como la entendemos hoy?

Este itinerario abre un nuevo capítulo para GeoGastronómica y refuerza su convicción de que la gastronomía es una vía privilegiada para comprender las culturas del mundo. Lo hace después del viaje realizado el pasado mes de septiembre por la Ruta de la Seda china, un recorrido que permitió constatar la extraordinaria riqueza de la gastronomía china y su capacidad para integrar influencias procedentes de otras culturas, entre ellas la árabe, a lo largo de siglos de intercambio comercial, religioso y humano.

El viaje a Mesopotamia comenzará a mediados del mes de enero y ha sido diseñado por Valentín Dieste, historiador y especialista en Historia de las Religiones, y cuenta de nuevo con la logística, la organización y la experiencia de B travel & CATAI.

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Monumento a los Mártires en Bagdad.

Por qué Mesopotamia no se parece a ningún otro viaje

Hay lugares que empiezan a trabajarte por dentro mucho antes de pisarlos. Mesopotamia es uno de ellos. Aún no hemos llegado y ya sabemos que será uno de los viajes más especiales de nuestra vida. No porque prometa revelaciones místicas, sino porque obliga a replantear demasiadas certezas. Incluso desde la distancia, Irak se presenta como un territorio complejo y cargado de prejuicios recientes. Como explica Valentín Dieste, “a nivel contemporáneo, Irak es un destino del que no sabes muy bien qué vas a encontrarte por lo que ha pasado en los últimos años, pero ahora mismo la situación es bastante estable y la gente es muy amable, muy abierta, con ganas de hablar con quienes visitan su país”. Esa hospitalidad cotidiana convive con una densidad histórica difícil de asimilar.

Para quien se interesa por la historia o la cultura, este territorio aporta algo irreemplazable. Aquí todo ocurrió antes que en cualquier otro lugar. Antes del Mediterráneo clásico, antes de Roma, antes de Jerusalén. Las preguntas fundamentales ya estaban formuladas cuando Europa apenas era un borrador. Para rastrear ese origen es necesario remontarse a un periodo comprendido entre el 4000 y el 3500 a. C., cuando Mesopotamia comienza a configurarse como civilización. No es un proceso lineal ni homogéneo. Como resume Dieste, “Mesopotamia significa la tierra entre ríos, pero no es una civilización continua como Egipto; aquí se superponen unas culturas sobre otras, sumerios en el sur, acadios más al norte y asirios todavía más arriba”. Esa superposición explica su complejidad y también su riqueza.

Este viaje es, además, uno de los proyectos largamente deseados por su diseñador. “Lo había planificado desde hace años, lo quería hacer, pero la situación geopolítica del país era complicada y hasta que las cosas no han estado controladas no lo hemos podido lanzar”, reconoce Dieste. La espera añade peso al recorrido y convierte la preparación intelectual en parte esencial de la experiencia.

Mesopotamia y la cocina

Desde la perspectiva gastronómica, el impacto es todavía mayor. Las tablillas cuneiformes halladas en yacimientos sumerios describen recetas, raciones y técnicas de conservación con una precisión que desmonta la idea de cocina primitiva. La mayoría datan de alrededor del 1800 a. C., aunque el proceso que las hace posibles comienza mucho antes. “Los cereales crecían de forma natural y se recogían, pero aquí se empieza a cultivarlos, a domesticarlos, a organizar cosechas a lo largo del año”, explica Dieste. A partir de ahí llega todo lo demás: la domesticación de animales, el control del agua, la fijación de poblaciones cada vez más grandes.

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Tablilla de barro con el registro de la distribución de las raciones de cebada para adultos y niños. Encontrada en Ngirsu-Lagash (Irak) y datada en el siglo XXIV a. C. [Foto: Gavin Collins – Trabajo propio, Dominio público]

Ese excedente transforma la sociedad. Permite que algunas personas se dediquen al comercio, a la artesanía, a inventar herramientas que acabarán extendiéndose por todo el mundo. “La rueda, los carros, el torno de alfarero para hacer vasijas, platos, recipientes para comer y beber”, enumera Dieste. Y, sobre todo, introduce una necesidad nueva: la de registrar. “Cuando hay excedentes de grano y de comida que se almacenan en los templos, alguien tiene que llevar la contabilidad. Para eso hay que escribir, y aquí se inventa la escritura. Ahí surge la civilización”.

La cerveza, elaborada a partir de grano fermentado, ocupa un lugar central en la dieta y en los rituales. La mesa funciona como un espacio regulado. Grasas animales, hierbas aromáticas, sal, cebolla y cocción lenta aparecen como principios estructurales. Todo indica que aquí se establecen reglas culinarias que aún reconocemos.

Mesopotamia no es solo un lugar al que vamos a viajar. Es un laboratorio donde se ensayaron, hace más de cinco mil años, muchas de las ideas que aún sostienen nuestra forma de comer, de vivir juntos y de entender el mundo.

Un itinerario de sur a norte por el Irak mesopotámico

El itinerario propuesto traza una línea clara de sur a norte, empezando por donde el agua manda y terminando donde la montaña protege. Este recorrido permitirá comprender cómo el paisaje ha condicionado la forma de vivir, de creer y de comer. A lo largo del viaje atravesaremos catorce de las ciudades más importantes del país, deteniéndonos en enclaves históricos que no funcionan como hitos aislados, sino como capítulos encadenados de un mismo relato. En ese relato, como subraya Valentín Dieste, los grandes monumentos no son solo restos arquitectónicos, sino “expresiones visibles de la relación entre la ciudad, su divinidad y la forma de entender el mundo”.

El sur marca el tono. Basora aparece como punto de partida natural, una ciudad definida por el agua, el comercio y la mezcla. Desde allí, el itinerario se adentra en el corazón de la antigua Sumeria, visitando Eridu y Ur, espacios donde la ciudad fue una invención radical y la organización del alimento una necesidad urgente, lo que nos permitirá entender cómo surgieron las primeras respuestas colectivas a la vida en común. En Ur, además, se alza uno de los monumentos clave del viaje, el zigurat. Dieste recuerda que “los zigurat eran pirámides escalonadas coronadas por un pequeño templo, dedicadas a la divinidad de cada ciudad, y el de Ur es fundamental porque de allí sale Abraham, el patriarca que luego se instala en la Tierra Prometida”.

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Zigurat de Ur [Foto: Hardnfast]

El recorrido continúa hacia Uruk, donde el poder empieza a expresarse a través de templos y rituales, y más adelante se adentra en el Irak de la fe viva, con Nayaf y Kerbala, lugares donde la experiencia religiosa sigue siendo colectiva, intensa y profundamente contemporánea. En este tramo aparecen también las ruinas de Babilonia, que recuerdan que los imperios pasan y las preguntas persisten. Los jardines colgantes, el zigurat de Etemenanki, la capital de Nabucodonosor y el palacio de Saddam Hussein conviven en un mismo espacio. Sobre ese zigurat babilónico, Dieste señala que se trata de “una reconstrucción impulsada por Nabucodonosor II, esa torre que unía la Tierra con el cielo y que los viajeros griegos, como Heródoto en el siglo V a. C., describieron con detalle”, una imagen que acabaría fijándose siglos después en los Libros de Horas medievales y en la célebre pintura de Pieter Brueghel el Viejo sobre la Torre de Babel.

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La Torre de Babel por Pieter Brueghel el Viejo. Dominio público.

El eje central del país nos conduce a Bagdad, una ciudad que ha aprendido a resistir. El Monumento de los Mártires, la plaza Tahrir, Al Qarrada, el bazar, la calle Mutanabbi o el Museo de Iraq sugieren una vida cultural que se niega a desaparecer. Desde allí, el itinerario se desplaza hacia el norte asirio, con paradas en Samarra, Ashur, Hatra, Nínive y Mosul, un territorio marcado por la grandeza imperial y por las heridas recientes de la destrucción, donde los restos monumentales ayudan a leer capas sucesivas de civilización.

El tramo final introduce un cambio de ritmo y de paisaje. Las montañas del norte y el Kurdistán ofrecen otra forma de relación con el territorio. A través de los Montes Zagros, el viaje alcanza Shaqlawa, los cañones y cascadas de Rawandiz y Bekhal, y enclaves como Al Qosh y Lalish, donde perviven tradiciones religiosas antiguas y resistentes. El recorrido culmina en Erbil, con su ciudadela, sus mercados y una vida urbana que sintetiza pasado y presente, cerrando un itinerario que conecta ríos, templos, montañas y mitos en una misma línea de sentido.

En conjunto, el itinerario dibuja un eje continuo desde Basora hasta el Kurdistán, atravesando el Irak mesopotámico en toda su complejidad. Un viaje que conecta agua y desierto, ciudad y montaña, imperio y comunidad, y que permite leer la historia no como una sucesión de ruinas, sino como un proceso vivo en el que la cultura, la religión y la gastronomía avanzan siempre juntas.

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Zigurat de Samarra.

Mesopotamia no compite con destinos de moda. Juega en otra liga. Es un laboratorio donde se ensayaron, hace más de cinco mil años, muchas de las ideas que aún sostienen nuestra forma de comer, de vivir juntos y de entender el mundo. Si te apetece viajar con nosotros al origen de las civilizaciones, podrás hacerlo desde mediados del mes de enero a través de este mismo portal, donde cada día iremos incorporando la crónica del recorrido en un Libro de viaje que se publicará de forma continuada, acompañando paso a paso la experiencia y convirtiéndola en un relato vivo, construido sobre el terreno y compartido en tiempo real.

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<h1>GeoGastronómica en Mesopotamia: viaje al origen de la civilización y la gastronomía</h1>
<p><em>[Foto de portada: Recreación con IA de la Puerta de Ishtar, una de las 8 puertas monumentales de la muralla interior de Babilonia]</em></p>



<h2 class="wp-block-heading">PODCAST #19 GeoGastronómica en Mesopotamia: viaje al origen de la civilización y la gastronomía</h2>



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<h2 class="wp-block-heading">Viajar a Mesopotamia es volver al kilómetro cero de la civilización</h2>



<p><strong>Mesopotamia</strong> es el punto de partida de demasiadas cosas como para tratarla con ligereza. Aquí nacieron los primeros mitos organizados, las nociones iniciales de lo sagrado, las ciudades-estado, la escritura, la contabilidad, el derecho. También aquí se fijaron los primeros sistemas culinarios pensados para alimentar comunidades complejas, jerarquizadas y conscientes de sí mismas. Sobran los motivos para adentrarse en un viaje fascinante al origen de muchas cosas que forman parte de nuestra cultura actual.</p>



<p><strong>GeoGastronómica </strong>inicia este viaje por el <strong>Irak mesopotámico</strong> como parte de una investigación de campo centrada en una pregunta fascinante: cuándo, cómo y por qué comer dejó de ser un gesto instintivo para convertirse en una estructura cultural capaz de sostener sociedades enteras. ¿Cuándo empezó realmente la cultura gastronómica tal como la entendemos hoy?</p>



<p>Este itinerario abre un nuevo capítulo para <strong>GeoGastronómica </strong>y refuerza su convicción de que la gastronomía es una vía privilegiada para comprender las culturas del mundo. Lo hace después del viaje realizado el pasado mes de septiembre por la <a href="https://geogastronomica.com/la-ruta-de-la-seda-libro-de-viaje/"><strong>Ruta de la Seda china</strong></a>, un recorrido que permitió constatar la extraordinaria riqueza de la gastronomía china y su capacidad para integrar influencias procedentes de otras culturas, entre ellas la árabe, a lo largo de siglos de intercambio comercial, religioso y humano.</p>



<p>El viaje a <strong>Mesopotamia</strong> comenzará a mediados del mes de enero y ha sido diseñado por <strong>Valentín Dieste</strong>, historiador y especialista en Historia de las Religiones, y cuenta de nuevo con la logística, la organización y la experiencia de <a href="https://premium.btravel.com/" target="_blank" rel="noopener"><strong>B travel & CATAI</strong></a>.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">Por qué Mesopotamia no se parece a ningún otro viaje</h2>



<p>Hay lugares que empiezan a trabajarte por dentro mucho antes de pisarlos. <strong>Mesopotamia</strong> es uno de ellos. Aún no hemos llegado y ya sabemos que será uno de los viajes más especiales de nuestra vida. No porque prometa revelaciones místicas, sino porque obliga a replantear demasiadas certezas. Incluso desde la distancia, <strong>Irak</strong> se presenta como un territorio complejo y cargado de prejuicios recientes. Como explica <strong>Valentín Dieste</strong>, “a nivel contemporáneo, Irak es un destino del que no sabes muy bien qué vas a encontrarte por lo que ha pasado en los últimos años, pero ahora mismo la situación es bastante estable y la gente es muy amable, muy abierta, con ganas de hablar con quienes visitan su país”. Esa hospitalidad cotidiana convive con una densidad histórica difícil de asimilar.</p>



<p>Para quien se interesa por la historia o la cultura, este territorio aporta algo irreemplazable. Aquí todo ocurrió antes que en cualquier otro lugar. Antes del<strong> Mediterráneo</strong> clásico, antes de <strong>Roma</strong>, antes de <strong>Jerusalén</strong>. Las preguntas fundamentales ya estaban formuladas cuando <strong>Europa</strong> apenas era un borrador. Para rastrear ese origen es necesario remontarse a un periodo comprendido entre el <strong>4000 y el 3500 a. C.</strong>, cuando <strong>Mesopotamia</strong> comienza a configurarse como civilización. No es un proceso lineal ni homogéneo. Como resume <strong>Dieste</strong>, “Mesopotamia significa la tierra entre ríos, pero no es una civilización continua como Egipto; aquí se superponen unas culturas sobre otras, sumerios en el sur, acadios más al norte y asirios todavía más arriba”. Esa superposición explica su complejidad y también su riqueza.</p>



<p>Este viaje es, además, uno de los proyectos largamente deseados por su diseñador. “Lo había planificado desde hace años, lo quería hacer, pero la situación geopolítica del país era complicada y hasta que las cosas no han estado controladas no lo hemos podido lanzar”, reconoce <strong>Dieste</strong>. La espera añade peso al recorrido y convierte la preparación intelectual en parte esencial de la experiencia.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Mesopotamia y la cocina</h2>



<p>Desde la perspectiva gastronómica, el impacto es todavía mayor. Las <strong>tablillas cuneiformes</strong> halladas en yacimientos sumerios describen recetas, raciones y técnicas de conservación con una precisión que desmonta la idea de cocina primitiva. La mayoría datan de alrededor del <strong>1800 a. C</strong>., aunque el proceso que las hace posibles comienza mucho antes. “Los cereales crecían de forma natural y se recogían, pero aquí se empieza a cultivarlos, a domesticarlos, a organizar cosechas a lo largo del año”, explica <strong>Dieste</strong>. A partir de ahí llega todo lo demás: la domesticación de animales, el control del agua, la fijación de poblaciones cada vez más grandes.</p>



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<p>Ese excedente transforma la sociedad. Permite que algunas personas se dediquen al comercio, a la artesanía, a inventar herramientas que acabarán extendiéndose por todo el mundo. “La rueda, los carros, el torno de alfarero para hacer vasijas, platos, recipientes para comer y beber”, enumera <strong>Dieste</strong>. Y, sobre todo, introduce una necesidad nueva: la de registrar. “Cuando hay excedentes de grano y de comida que se almacenan en los templos, alguien tiene que llevar la contabilidad. Para eso hay que escribir, y aquí se inventa la escritura. Ahí surge la civilización”.</p>



<p>La cerveza, elaborada a partir de grano fermentado, ocupa un lugar central en la dieta y en los rituales. La mesa funciona como un espacio regulado. Grasas animales, hierbas aromáticas, sal, cebolla y cocción lenta aparecen como principios estructurales. Todo indica que aquí se establecen reglas culinarias que aún reconocemos. </p>



<p><strong>Mesopotamia</strong> no es solo un lugar al que vamos a viajar. Es un laboratorio donde se ensayaron, hace más de cinco mil años, muchas de las ideas que aún sostienen nuestra forma de comer, de vivir juntos y de entender el mundo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un itinerario de sur a norte por el Irak mesopotámico</h2>



<p>El itinerario propuesto traza una línea clara de sur a norte, empezando por donde el agua manda y terminando donde la montaña protege. Este recorrido permitirá comprender cómo el paisaje ha condicionado la forma de vivir, de creer y de comer. A lo largo del viaje atravesaremos catorce de las ciudades más importantes del país, deteniéndonos en enclaves históricos que no funcionan como hitos aislados, sino como capítulos encadenados de un mismo relato. En ese relato, como subraya <strong>Valentín Dieste</strong>, los grandes monumentos no son solo restos arquitectónicos, sino “expresiones visibles de la relación entre la ciudad, su divinidad y la forma de entender el mundo”.</p>



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<p>El sur marca el tono. <strong>Basora</strong> aparece como punto de partida natural, una ciudad definida por el agua, el comercio y la mezcla. Desde allí, el itinerario se adentra en el corazón de la antigua <strong>Sumeria</strong>, visitando <strong>Eridu y Ur</strong>, espacios donde la ciudad fue una invención radical y la organización del alimento una necesidad urgente, lo que nos permitirá entender cómo surgieron las primeras respuestas colectivas a la vida en común. En <strong>Ur</strong>, además, se alza uno de los monumentos clave del viaje, el zigurat. <strong>Dieste</strong> recuerda que “los <strong>zigurat</strong> eran pirámides escalonadas coronadas por un pequeño templo, dedicadas a la divinidad de cada ciudad, y el de Ur es fundamental porque de allí sale <strong>Abraham</strong>, el patriarca que luego se instala en la Tierra Prometida”.</p>



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<p>El recorrido continúa hacia <strong>Uruk</strong>, donde el poder empieza a expresarse a través de templos y rituales, y más adelante se adentra en el <strong>Irak</strong> de la fe viva, con <strong>Nayaf y Kerbala</strong>, lugares donde la experiencia religiosa sigue siendo colectiva, intensa y profundamente contemporánea. En este tramo aparecen también las ruinas de <strong>Babilonia</strong>, que recuerdan que los imperios pasan y las preguntas persisten. Los jardines colgantes, el zigurat de <strong>Etemenanki</strong>, la capital de<strong> Nabucodonosor</strong> y el palacio de <strong>Saddam Hussein</strong> conviven en un mismo espacio. Sobre ese zigurat babilónico, <strong>Dieste</strong> señala que se trata de “una reconstrucción impulsada por <strong>Nabucodonosor II</strong>, esa torre que unía la Tierra con el cielo y que los viajeros griegos, como <strong>Heródoto</strong> en el siglo V a. C., describieron con detalle”, una imagen que acabaría fijándose siglos después en los Libros de Horas medievales y en la célebre pintura de <strong>Pieter Brueghel el Viejo</strong> sobre la <strong>Torre de Babel</strong>.</p>



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<p>El eje central del país nos conduce a <strong>Bagdad</strong>, una ciudad que ha aprendido a resistir. El <strong>Monumento de los Mártires</strong>,<strong> la plaza Tahrir, Al Qarrada, el bazar, la calle Mutanabbi o el Museo de Iraq</strong> sugieren una vida cultural que se niega a desaparecer. Desde allí, el itinerario se desplaza hacia el norte asirio, con paradas en <strong>Samarra, Ashur, Hatra, Nínive y Mosul</strong>, un territorio marcado por la grandeza imperial y por las heridas recientes de la destrucción, donde los restos monumentales ayudan a leer capas sucesivas de civilización.</p>



<p>El tramo final introduce un cambio de ritmo y de paisaje. Las montañas del norte y el <strong>Kurdistán</strong> ofrecen otra forma de relación con el territorio. A través de los <strong>Montes Zagros, </strong>el viaje alcanza <strong>Shaqlawa, </strong>los cañones y cascadas de<strong> Rawandiz y Bekhal, </strong>y enclaves como <strong>Al Qosh y Lalish</strong>, donde perviven tradiciones religiosas antiguas y resistentes. El recorrido culmina en <strong>Erbil</strong>, con su ciudadela, sus mercados y una vida urbana que sintetiza pasado y presente, cerrando un itinerario que conecta ríos, templos, montañas y mitos en una misma línea de sentido.</p>



<p>En conjunto, el itinerario dibuja un eje continuo desde<strong> Basora hasta el Kurdistán</strong>, atravesando el <strong>Irak mesopotámico</strong> en toda su complejidad. Un viaje que conecta agua y desierto, ciudad y montaña, imperio y comunidad, y que permite leer la historia no como una sucesión de ruinas, sino como un proceso vivo en el que la cultura, la religión y la gastronomía avanzan siempre juntas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/01/Pagina-15-1200x900.webp" alt="Imagen de GeoGastronómica en Mesopotamia: viaje al origen de la civilización y la gastronomía" class="wp-image-9366" title="Imagen de GeoGastronómica en Mesopotamia: viaje al origen de la civilización y la gastronomía 15" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/01/Pagina-15-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/01/Pagina-15-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/01/Pagina-15-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/01/Pagina-15-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/01/Pagina-15.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Zigurat de Samarra.</figcaption></figure>



<p><strong>Mesopotamia</strong> no compite con destinos de moda. Juega en otra liga. Es un laboratorio donde se ensayaron, hace más de cinco mil años, muchas de las ideas que aún sostienen nuestra forma de comer, de vivir juntos y de entender el mundo. <strong>Si te apetece viajar con nosotros al origen de las civilizaciones, podrás hacerlo desde mediados del mes de enero a través de este mismo portal,</strong> donde cada día iremos incorporando la crónica del recorrido en un <strong>Libro de viaje</strong> que se publicará de forma continuada, acompañando paso a paso la experiencia y convirtiéndola en un relato vivo, construido sobre el terreno y compartido en tiempo real.</p>



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<p>Este artículo fue publicado originalmente en <a href="https://geogastronomica.com/">GEOgastronómica</a>. Lea el <a href="https://geogastronomica.com/geogastronomica-en-mesopotamia-viaje-al-origen-de-la-civilizacion-y-la-gastronomia/">original</a>.</p></div>
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