De Jijona a Toledo: la guía de los dulces de Navidad en España

Sabores, historia y tradición en los dulces navideños más emblemáticos de España.

Redacción GeoGastronómica
24 de noviembre de 2025
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Índice

Tradición y origen de algunos clásicos navideños

Durante el mes de diciembre, las vitrinas de pastelerías y supermercados se llenan de delicias festivas; la gama de dulces típicos de Navidad en España es muy amplia y refleja culturas, climas y formas de vida diversas. En otros países también existe una tradición dulce ligada a la Navidad, pero en este artículo centraremos la mirada en España: en esas recetas que aparecen año tras año en hogares y reuniones. Descubrimos orígenes, composiciones, curiosidades y sentidos que van más allá del simple sabor.

Turrón de Jijona

El turrón de Jijona procede de la comarca alicantina de Jijona, donde se mezclan almendras molidas, miel y azúcar hasta conseguir una pasta blanda que se funde en la boca. Esa textura sedosa se creó para que niños y mayores pudieran disfrutarlo sin dificultad. Su historia se remonta al menos al siglo XVI, cuando los turroneros de la zona ya elaboraban variantes de este dulce con almendras y miel. Gracias a su manera de elaborarse, obtuvo la denominación IGP que protege el nombre “Jijona”. A nivel sensorial, deja un aroma cálido a miel de romero, tono dorado-claro y un sabor que recuerda a la almendra tostada combinada con la dulzura leve de la miel.

Turrón de Alicante

Desde la misma provincia de Alicante, esta variante aparece como la “dura”. Contiene almendras enteras o troceadas, claras de huevo y miel, prensadas entre obleas. Su resistencia, textura crujiente y el “chás” al morder la hacen inconfundibles. La historia registra cómo en el siglo XVIII ya se consideraba un producto de lujo que se regalaba en Navidad en la Corte. Visualmente presenta manchas de almendra contra un fondo claro, el tacto del diente se detiene en la oblea, y el sabor es almendrado intenso, miel ligera, ligeramente tostado.

Polvorones

Llegados de la tradición andaluza, especialmente desde la localidad de Estepa (Sevilla), los polvorones se elaboran con manteca de cerdo, harina, azúcar y almendra molida. Su encanto reside en que se deshacen en la boca —una característica sensorial apreciada—. La receta tiene raíces que pueden vincularse al mundo árabe-andalusí, donde la repostería con manteca y frutos secos era habitual. En la época navideña, su presencia en las mesas del sur se vuelve casi ritual: sacos de harina, manteca fresca, horneado y espolvoreado con azúcar glass que recuerda a nieve ligera sobre la piel dorada del polvorón.

Mantecados

Muy próximos a los polvorones por ingredientes, aunque con una presencia más compacta, los mantecados se han asentado en casi toda España, con especial arraigo en Andalucía y en Castilla-La Mancha. Su masa combina manteca, harina y azúcar, a veces enriquecida con canela o ralladura de limón. Una parte de su historia moderna se vincula a Estepa, donde Micaela Ruiz Téllez, conocida como La Colchona, comenzó en el siglo XIX a secar la masa para que resistiera mejor los viajes y conservara su textura sin deteriorarse. Ese ajuste artesanal permitió que el dulce saliera de su entorno local y ganara popularidad. Al morder un mantecado aparece una corteza suave que se quiebra enseguida, deja paso a un interior cremoso y desprende ese aroma cálido de obrador tradicional que invita a recordar inviernos pasados.

Mazapán

Esta pasta de almendra y azúcar se convirtió en símbolo navideño gracias a su elaboración artesanal, sobre todo en la ciudad de Toledo. Su historia remonta al medievo, con formas tradicionales de figuritas de Navidad y Reyes. En las mesas aparece como piezas pequeñas con glaseado, osos, estrellas o frutas. Trazar su sabor es adentrarse en la almendra marcona tostada, la dulzura sutil del azúcar, el glaseado que cruje y un ligero fondo de horno que lo envuelve. Su textura es densa, masticable pero tierna, ideal para quienes buscan un dulce que dure más tiempo.

Roscón de Reyes

Aunque técnicamente se consume el 6 de enero, el roscón se ha convertido en parte de la temporada navideña. Tiene su origen en antiguas celebraciones paganas y posteriores cristianas de la Epifanía. Su forma de corona simboliza la realeza y la fruta escarchada la joyería de esa corona. La masa se aromatiza con agua de azahar, ralladura de naranja y limón, y se suele rellenar de nata o crema. En la primera mordida se percibe esa fragancia cítrica, el aire que se infla en el interior, la fruta escarchada que cruje suavemente y el dulzor reconfortante que anuncia que el año nuevo está cerca.

Peladillas

Este dulce es sencillo en apariencia pero cargado de simbolismo. Almendras enteras cubiertas de una capa de azúcar dura que cruje al morder y luego se libera la almendra tostada. Tradicional en la repostería de Casinos (Valencia) y otros puntos mediterráneos. En la mesa navideña aparecen en bandejas de colores, se utilizan como decoración comestible, acompañan al café o al licor suave. El dulzor del recubrimiento blanco contrasta con el tostado seco de la almendra, dejando un eco de sabor limpio y directo.

Neules

Las neules —barquillos alargados, muy delgados— se consumen sobre todo en Cataluña pero también en otras regiones. Su nombre proviene del latín nebula (“niebla”), al referirse a su ligereza. Su elaboración combina harina, azúcar, clara de huevo, mantequilla y, a veces, limón o vainilla. Las neules acompañan el cava o el vino dulce en sobremesas navideñas: al encontrarlas en boca, se aprecia un crujido muy fino, una textura casi de suspiro y un toque dulce que realza lo líquido con el que se acompaña.

Alfajores andaluces

De origen hispano-árabe, los alfajores llevan miel, almendra, especias, pan rallado y a veces obleas. En Andalucía, se elaboran en algunas localidades desde hace siglos. Su nombre proviene del árabe al-hasú (“el relleno”). Al morderlos, se percibe un toque de canela, la densidad de la almendra y el envoltorio dulzón de la miel. Su forma puede variar —cilíndrica, rectangular— y la tradición los vincula a ferias y romerías navideñas.

Cordiales murcianos

En la Región de Murcia aparece este dulce de almendra y cabello de ángel (dulce de calabaza fina hilada) que combina textura firme y relleno tierno. Una de sus curiosidades es que se pretende que el relleno sorprenda al romper la capa exterior. Al gusto predomina la almendra y un dulzor que no empalaga, complementado por la calabaza delicadamente confitada.

Pan de Cádiz

Aunque su nombre indique “pan”, no es pan en el sentido habitual. Este mazapán relleno de frutas escarchadas y batata confitada nació en Cádiz en el siglo XX según algunas fuentes. Su corte muestra capas de mazapán pálido y tonos rojizos o ámbar de la fruta. Al morderlo se siente la textura densa del mazapán, luego la fruta que da un punto ácido-dulce y un retrogusto de horno.

Guirlache

El guirlache nace de la unión entre caramelo tostado y almendras enteras, una fórmula que ha arraigado especialmente en Aragón y Navarra. Al partirse emite un chasquido firme y limpio, casi metálico. En boca combina la intensidad del azúcar caramelizado con la nobleza de la almendra, ofreciendo un contraste preciso entre dureza, brillo y dulzor. Es un dulce que aporta carácter a la mesa navideña aragonesa y navarra y que invita a detenerse en su textura antes de dejar que el sabor se expanda.

Yemas de Santa Teresa

Desde la ciudad de Ávila llegan estos pequeños bocados hechos de yema de huevo y azúcar. Su forma es esférica, tamaño de bombón, y suelen envolverse en blonda dorada. Una de sus particularidades más conocidas es que comenzaron a elaborarse en el siglo XIX como especialidad del obrador de La Dulce Avilesa, lo que contribuyó a que se popularizaran fuera del ámbito conventual. Al morderlas se aprecia un exterior ligeramente firme que da paso a un interior muy cremoso. Vinculadas a la tradición de clausura, condensan la paciencia del trabajo artesanal y la precisión de los hornos lentos que caracteriza a la repostería monástica.

Roscos de vino

Estos dulces aromatizados con vino dulce, anís y ajonjolí aparecen en numerosas pastelerías de invierno, especialmente en Castilla y León o Extremadura, donde forman parte del repertorio clásico de las celebraciones navideñas. Su masa se trabaja con paciencia para lograr una consistencia firme que permita conservar los aromas sin que se evaporen durante el horneado. La textura resultante es densa y el sabor desarrolla varias capas: primero surge una nota suave de vino que aporta un matiz ligeramente alcohólico, después se abre paso la harina tostada y finalmente el ajonjolí introduce ese “crujir con sorpresa” que distingue a estos roscos en la bandeja de dulces de temporada.

Pestiños

Masa frita —manteca o aceite de oliva— que después se baña con miel o se reboza en azúcar; así nacen los pestiños, muy presentes en Andalucía y La Mancha durante la Navidad. Su preparación suele implicar reuniones familiares, mesas llenas de harina y conversaciones que se alargan mientras la masa reposa. Al sumergirlos en la sartén liberan olor a aceite caliente, canela y, en ocasiones, ralladura de limón o anís. El contraste entre la corteza ligeramente crujiente y el interior aireado crea un bocado envolvente. Su sabor, marcado por la miel tibia o el azúcar recién espolvoreado, aporta una calidez que acompaña bien las sobremesas de invierno.

La próxima vez que tomemos una onza de turrón de Jijona, un mantecado recién hecho o un pestiño tibio con miel, es útil recordar que estamos participando de una tradición que ha recorrido siglos, regiones y mesas. Esas dulces piezas cargan textura, aroma y porciones de historia. Los dulces navideños de España ofrecen una pausa: una invitación a saborear con calma, a charlar tranquilamente y a sentirse conectado.

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<h1>De Jijona a Toledo: la guía de los dulces de Navidad en España</h1>
<h2 class="wp-block-heading">Tradición y origen de algunos clásicos navideños</h2>



<p>Durante el mes de diciembre, las vitrinas de pastelerías y supermercados se llenan de delicias festivas; la gama de dulces típicos de Navidad en España es muy amplia y refleja culturas, climas y formas de vida diversas. En otros países también existe una tradición dulce ligada a la Navidad, pero en este artículo centraremos la mirada en España: en esas recetas que aparecen año tras año en hogares y reuniones. Descubrimos orígenes, composiciones, curiosidades y sentidos que van más allá del simple sabor.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Turrón de Jijona</h2>



<p>El turrón de <strong>Jijona</strong> procede de la comarca alicantina de <strong>Jijona</strong>, donde se mezclan almendras molidas, miel y azúcar hasta conseguir una pasta blanda que se funde en la boca. Esa textura sedosa se creó para que niños y mayores pudieran disfrutarlo sin dificultad. Su historia se remonta al menos al siglo XVI, cuando los turroneros de la zona ya elaboraban variantes de este dulce con almendras y miel. Gracias a su manera de elaborarse, obtuvo la denominación IGP que protege el nombre “Jijona”. A nivel sensorial, deja un aroma cálido a miel de romero, tono dorado-claro y un sabor que recuerda a la almendra tostada combinada con la dulzura leve de la miel.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Turrón de Alicante</h2>



<p>Desde la misma provincia de <strong>Alicante</strong>, esta variante aparece como la “dura”. Contiene almendras enteras o troceadas, claras de huevo y miel, prensadas entre obleas. Su resistencia, textura crujiente y el “chás” al morder la hacen inconfundibles. La historia registra cómo en el siglo XVIII ya se consideraba un producto de lujo que se regalaba en Navidad en la Corte. Visualmente presenta manchas de almendra contra un fondo claro, el tacto del diente se detiene en la oblea, y el sabor es almendrado intenso, miel ligera, ligeramente tostado.<br></p>



<h2 class="wp-block-heading">Polvorones</h2>



<p>Llegados de la tradición andaluza, especialmente desde la localidad de <strong>Estepa</strong> (Sevilla), los polvorones se elaboran con manteca de cerdo, harina, azúcar y almendra molida. Su encanto reside en que se deshacen en la boca —una característica sensorial apreciada—. La receta tiene raíces que pueden vincularse al mundo árabe-andalusí, donde la repostería con manteca y frutos secos era habitual. En la época navideña, su presencia en las mesas del sur se vuelve casi ritual: sacos de harina, manteca fresca, horneado y espolvoreado con azúcar glass que recuerda a nieve ligera sobre la piel dorada del polvorón.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Mantecados</h2>



<p>Muy próximos a los polvorones por ingredientes, aunque con una presencia más compacta, los <strong>mantecados</strong> se han asentado en casi toda España, con especial arraigo en Andalucía y en Castilla-La Mancha. Su masa combina manteca, harina y azúcar, a veces enriquecida con canela o ralladura de limón. Una parte de su historia moderna se vincula a <strong>Estepa</strong>, donde <strong>Micaela Ruiz Téllez</strong>, conocida como <em>La Colchona</em>, comenzó en el siglo XIX a secar la masa para que resistiera mejor los viajes y conservara su textura sin deteriorarse. Ese ajuste artesanal permitió que el dulce saliera de su entorno local y ganara popularidad. Al morder un mantecado aparece una corteza suave que se quiebra enseguida, deja paso a un interior cremoso y desprende ese aroma cálido de obrador tradicional que invita a recordar inviernos pasados.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Mazapán</h2>



<p>Esta pasta de almendra y azúcar se convirtió en símbolo navideño gracias a su elaboración artesanal, sobre todo en la ciudad de <strong>Toledo</strong>. Su historia remonta al medievo, con formas tradicionales de figuritas de Navidad y Reyes. En las mesas aparece como piezas pequeñas con glaseado, osos, estrellas o frutas. Trazar su sabor es adentrarse en la almendra marcona tostada, la dulzura sutil del azúcar, el glaseado que cruje y un ligero fondo de horno que lo envuelve. Su textura es densa, masticable pero tierna, ideal para quienes buscan un dulce que dure más tiempo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Roscón de Reyes</h2>



<p>Aunque técnicamente se consume el 6 de enero, el roscón se ha convertido en parte de la temporada navideña. Tiene su origen en antiguas celebraciones paganas y posteriores cristianas de la Epifanía. Su forma de corona simboliza la realeza y la fruta escarchada la joyería de esa corona. La masa se aromatiza con agua de azahar, ralladura de naranja y limón, y se suele rellenar de nata o crema. En la primera mordida se percibe esa fragancia cítrica, el aire que se infla en el interior, la fruta escarchada que cruje suavemente y el dulzor reconfortante que anuncia que el año nuevo está cerca.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Peladillas</h2>



<p>Este dulce es sencillo en apariencia pero cargado de simbolismo. Almendras enteras cubiertas de una capa de azúcar dura que cruje al morder y luego se libera la almendra tostada. Tradicional en la repostería de <strong>Casinos </strong>(Valencia) y otros puntos mediterráneos. En la mesa navideña aparecen en bandejas de colores, se utilizan como decoración comestible, acompañan al café o al licor suave. El dulzor del recubrimiento blanco contrasta con el tostado seco de la almendra, dejando un eco de sabor limpio y directo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Neules</h2>



<p>Las <strong>neules</strong> —barquillos alargados, muy delgados— se consumen sobre todo en <strong>Cataluña</strong> pero también en otras regiones. Su nombre proviene del latín nebula (“niebla”), al referirse a su ligereza. Su elaboración combina harina, azúcar, clara de huevo, mantequilla y, a veces, limón o vainilla. Las neules acompañan el cava o el vino dulce en sobremesas navideñas: al encontrarlas en boca, se aprecia un crujido muy fino, una textura casi de suspiro y un toque dulce que realza lo líquido con el que se acompaña.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Alfajores andaluces</h2>



<p>De origen hispano-árabe, los <strong>alfajores</strong> llevan miel, almendra, especias, pan rallado y a veces obleas. En <strong>Andalucía</strong>, se elaboran en algunas localidades desde hace siglos. Su nombre proviene del árabe al-hasú (“el relleno”). Al morderlos, se percibe un toque de canela, la densidad de la almendra y el envoltorio dulzón de la miel. Su forma puede variar —cilíndrica, rectangular— y la tradición los vincula a ferias y romerías navideñas.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cordiales murcianos</h2>



<p>En la Región de <strong>Murcia</strong> aparece este dulce de almendra y cabello de ángel (dulce de calabaza fina hilada) que combina textura firme y relleno tierno. Una de sus curiosidades es que se pretende que el relleno sorprenda al romper la capa exterior. Al gusto predomina la almendra y un dulzor que no empalaga, complementado por la calabaza delicadamente confitada.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Pan de Cádiz</h2>



<p>Aunque su nombre indique “pan”, no es pan en el sentido habitual. Este <strong>mazapá</strong>n relleno de frutas escarchadas y batata confitada nació en <strong>Cádiz</strong> en el siglo XX según algunas fuentes. Su corte muestra capas de mazapán pálido y tonos rojizos o ámbar de la fruta. Al morderlo se siente la textura densa del mazapán, luego la fruta que da un punto ácido-dulce y un retrogusto de horno.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Guirlache</h2>



<p>El guirlache nace de la unión entre caramelo tostado y almendras enteras, una fórmula que ha arraigado especialmente en <strong>Aragón y Navarra</strong>. Al partirse emite un chasquido firme y limpio, casi metálico. En boca combina la intensidad del azúcar caramelizado con la nobleza de la almendra, ofreciendo un contraste preciso entre dureza, brillo y dulzor. Es un dulce que aporta carácter a la mesa navideña aragonesa y navarra y que invita a detenerse en su textura antes de dejar que el sabor se expanda.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Yemas de Santa Teresa</h2>



<p>Desde la ciudad de <strong>Ávila </strong>llegan estos pequeños bocados hechos de yema de huevo y azúcar. Su forma es esférica, tamaño de bombón, y suelen envolverse en blonda dorada. Una de sus particularidades más conocidas es que comenzaron a elaborarse en el siglo XIX como especialidad del obrador de <strong>La Dulce Avilesa</strong>, lo que contribuyó a que se popularizaran fuera del ámbito conventual. Al morderlas se aprecia un exterior ligeramente firme que da paso a un interior muy cremoso. Vinculadas a la tradición de clausura, condensan la paciencia del trabajo artesanal y la precisión de los hornos lentos que caracteriza a la repostería monástica.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Roscos de vino</h2>



<p>Estos dulces aromatizados con vino dulce, anís y ajonjolí aparecen en numerosas pastelerías de invierno, especialmente en <strong>Castilla y León o Extremadura</strong>, donde forman parte del repertorio clásico de las celebraciones navideñas. Su masa se trabaja con paciencia para lograr una consistencia firme que permita conservar los aromas sin que se evaporen durante el horneado. La textura resultante es densa y el sabor desarrolla varias capas: primero surge una nota suave de vino que aporta un matiz ligeramente alcohólico, después se abre paso la harina tostada y finalmente el ajonjolí introduce ese “crujir con sorpresa” que distingue a estos roscos en la bandeja de dulces de temporada.<br></p>



<h2 class="wp-block-heading">Pestiños</h2>



<p>Masa frita —manteca o aceite de oliva— que después se baña con miel o se reboza en azúcar; así nacen los pestiños, muy presentes en <strong>Andalucía y La Mancha</strong> durante la Navidad. Su preparación suele implicar reuniones familiares, mesas llenas de harina y conversaciones que se alargan mientras la masa reposa. Al sumergirlos en la sartén liberan olor a aceite caliente, canela y, en ocasiones, ralladura de limón o anís. El contraste entre la corteza ligeramente crujiente y el interior aireado crea un bocado envolvente. Su sabor, marcado por la miel tibia o el azúcar recién espolvoreado, aporta una calidez que acompaña bien las sobremesas de invierno.</p>



<p>La próxima vez que tomemos una onza de turrón de Jijona, un mantecado recién hecho o un pestiño tibio con miel, es útil recordar que estamos participando de una tradición que ha recorrido siglos, regiones y mesas. Esas dulces piezas cargan textura, aroma y porciones de historia. Los dulces navideños de España ofrecen una pausa: una invitación a saborear con calma, a charlar tranquilamente y a sentirse conectado. </p>



<h2 class="wp-block-heading">NEWSLETTER</h2>



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<p>Este artículo fue publicado originalmente en <a href="https://geogastronomica.com/">GEOgastronómica</a>. Lea el <a href="https://geogastronomica.com/de-jijona-a-toledo-la-guia-de-los-dulces-de-navidad-en-espana/">original</a>.</p></div>
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