Nidia Góngora, cocina, canto y resistencia desde el corazón del Pacífico colombiano

Entre marimbas, fogones y viche, Nidia Góngora canta, cocina y lucha por la memoria viva del Pacífico colombiano.

Paco Doblas Gálvez
8 de julio de 2025
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Índice

Podcast #6: Nidia Góngora, cocina, canto y resistencia desde el corazón del Pacífico colombiano

La voz que no se doblega desde Timbiquí al mundo

Hay lugares donde la historia se canta, se cocina y se bebe con la misma intensidad con la que se sobrevive. Donde el sabor no es un lujo, sino una forma de resistir. Donde el fogón, el tambor y el viche son trincheras cotidianas. Nidia Góngora nació en uno de esos lugares. Y desde allí, ha construido una carrera que no sigue las reglas del mercado, más bien las de la memoria.

Cantora, investigadora, fundadora del grupo Canalón de Timbiquí, líder comunitaria y dueña del restaurante Viche Positivo en Cali, Nidia es mucho más que una artista. Es una fuerza de la naturaleza, de esas que no piden permiso para existir. Ha llevado la música tradicional del Pacífico colombiano a escenarios internacionales, sin dejar de cantar en el mismo tono con el que su abuela espantaba malos aires en las parteras.

Y en cada golpe de marimba, en cada cucharón de tapao, en cada trago de viche que sirve en su restaurante, hay una declaración de principios: la cultura del Pacífico no es mercancía; es identidad, es refugio y campo de batalla.

Imagen de Nidia Góngora, cocina, canto y resistencia desde el corazón del Pacífico colombiano
Concierto Pacífico Maravilla en Cali el 20 de junio de 2025. Foto: Carlos Rendón

Timbiquí, Cauca, es un municipio abrazado por la selva y sacudido por el abandono estatal, el narcotráfico y las lluvias. Pero también es un lugar donde las mujeres cantan con los pies descalzos en la tierra y donde los niños aprenden a entonar el alabao —un canto fúnebre tradicional que honra a los muertos— antes de saber escribir su nombre. Ahí creció Nidia Góngora. Y no tuvo que aprender a cantar: cantar era parte del aire que respiraba.

Nidia Góngora, hace un alto en su ajetreado día día y nos atiende desde Calí. Le preguntamos acerca de su formación como investigadora de música del Pacífico y enseguida nos reconoce que tiene “una misión que es la de salvaguardar los elementos de la cultura del Pacífico, la memoria ancestral”. Con Canalón de Timbiquí, Góngora recuperó canciones que habían sido desplazadas por el ruido de las balas. En sus letras hay muertos que no han tenido entierro, hay ríos que lloran, hay niñas que sueñan con ser maestras y no viudas. Su discografía es un archivo vivo de la memoria oral del Pacífico. Y no lo digo por lirismo: escúchala recitar el poema “Insistencia” de su último disco Pacifico Maravilla, y entonces entenderás que lo suyo no es folklore, sino crónica cantada de una nación en disputa, donde dice insistir “en ser en la parte más incomoda de este continente […], la piedra en el zapato”.

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Portada del disco Pacífico Maravilla.

En Pacífico Maravilla, producido junto al británico Quantic, la marimba dialoga con beats electrónicos y letras que siguen haciendo lo que siempre han hecho: nombrar lo que se quiere silenciar. No es un disco para turistas, es una bomba de tiempo disfrazada de groove. Nos cuenta que en Pacífico Maravilla “hay colaboraciones de mujeres internacionales que han hecho un trabajo interesante en temas como la reafirmación de la identidad y de esta diáspora”.

Cocina, ritual y trinchera en el restaurante Viche Positivo

En Cali, lejos de las cocinas de autor y los emplatados con pinzas de cirujano, Nidia abrió Viche Positivo, un restaurante que es mitad comedor y mitad altar. Aquí no se sirven platos del Pacífico como si fueran una excentricidad étnica. Aquí se cocina como en casa de la abuela, con humo, con pasión y dejando la vida pasar.

Quien entra ahí no sale igual. Entra con hambre y sale con respeto. Una de sus especialidades es el tapao macho, un plato que no viene con historia porque es la historia. Nidia nos reconoce que “indiscutiblemente” es el plato que más le gusta elaborar. Se prepara con pescado seco, plátano pintón, yuca, cebolla larga, tomate, achiote y hierbas de azotea. Se cocina a fuego lento hasta que todo se funde en una espesura que te abraza por dentro. El resultado: una sopa densa, olorosa, reconfortante, que probablemente no se parezca a la que te hacía tu mamá, pero que comparte con ella los dos ingredientes que hacen que una receta sobreviva al paso del tiempo: cariño y una dosis generosa de sabiduría ancestral. Y, por supuesto, se cocina cantando. “Mi abuela, cuando cocinaba, cantaba alabaos…” cuenta Nidia, como una forma de transmitir la oralidad de una zona tan poderosa y olvidada como el Pacífico.

El hermano bisiesto del tapao macho es el tapao coqueao, y tampoco se queda atrás. En él, el pescado se cuece en leche de coco, junto con yuca, plátano y especias que no se nombran, porque las buenas cocineras del Pacífico no revelan todos sus secretos. Es dulce, salado y picante como un bolero bien cantado. Comerlo es una experiencia que te reconcilia con el tiempo lento y los sabores de verdad.

Una cocina con múltiples voces

La gastronomía del Pacífico colombiano no es una tendencia gourmet. Es una tradición viva que ha sobrevivido a la esclavitud, al racismo y al olvido. Está hecha de productos que no se consiguen en supermercados: borojó, jaiba, naidí, bijao, pipilongo. Ingredientes que saben a selva y a costa. A tiempos donde cocinar era un acto de fe.

En esa cocina, las mujeres tienen la voz cantante. Y Nidia Góngora es una de sus mejores intérpretes. Su trabajo, como el de tantas cocineras, cantoras y parteras del litoral, es mantener vivo un mundo que muchos prefieren olvidar.

Imagen de Nidia Góngora, cocina, canto y resistencia desde el corazón del Pacífico colombiano
Concierto Pacífico Maravilla en Cali el 20 de junio de 2025. Foto: Carlos Rendón

Viche Positivo, el licor espiritual del Pacífico

Viche no es ron, ni aguardiente, ni esa mamarrachada que venden en botellas fluorescentes para gringos en San Andrés. El viche es otra cosa. Es medicina. Es ceremonia. Es identidad embotellada.

La versión de Nidia, Viche Positivo, es un licor artesanal, un destilado “de caña de azúcar bajo cultivos orgánicos ciento por ciento”, nos aclara, y macerado con hierbas que tienen nombres que suenan a conjuros: anamú, borojó, chontaduro, matarratón. Cada sorbo es una sacudida: a la conciencia, al paladar, al corazón.

No se toma para emborracharse (aunque eso pasa), se toma para sanar, para brindar por los que ya no están, para convocar a los espíritus, para celebrar que aún estamos aquí y que la vida es ahora.

Y sí, ahora se consigue embotellado, con registro sanitario, pero eso no lo ha vaciado de sentido. Lo que hizo Nidia fue lo contrario: rescatar el viche del estigma y ponerlo en el lugar que merece: el altar de las bebidas con alma. Nidia confiesa que “es una bebida espirituosa presente en los partos y en la medicina ancestral […] venimos de pueblos donde no hay hospitales, y el viche ha sido un gran aliado para el cuidado de la salud, de la vida“.

Música, resistencia y una escuela para el futuro

Góngora no es solo artista ni empresaria. Es, ante todo, una educadora. Como ella misma afirma: “En Cali hemos hecho un trabajo importante, hemos salvado muchos niños de espacios de alta vulnerabilidad […] de dejarse seducir por ese monstruo terrible que son las prácticas ilícitas que tienen que ver con delitos”. Fundó la Escuela de Música Canalón, donde niños y jóvenes del Pacífico aprenden a tocar marimba antes de caer en las redes del narcotráfico o las pandillas. “Les ofrecemos a los jóvenes alternativas en las que a través de la música y el arte les mostramos un espacio de convivencia y acompañamos a su familia para que ellos puedan vivir esa transición y esas duras situaciones que se viven en sectores de extrema pobreza.” Allí, las clases no se dan en aulas sino en patios. No hay pizarra, pero hay sabedoras. No hay notas, pero hay ritmo.

Imagen de Nidia Góngora, cocina, canto y resistencia desde el corazón del Pacífico colombiano
Alumnos y alumnas de la Escuela de Música Canalón durante el concierto Pacífico Maravilla en Cali el 20 de junio de 2025. Foto: Carlos Rendón

Lo que enseñan no es teoría musical, es supervivencia cultural. Y lo hacen desde una pedagogía que no figura en los libros de la UNESCO, pero que funciona: aprender haciendo, haciendo con otros, cantando lo que se vive y viviendo lo que se canta.

Su activismo no es de micrófono ni de hashtags: es de machete, de olla, de tambor. Ha denunciado la violencia que azota a la población negra del Pacífico con la misma fuerza con la que canta sus canciones. No busca likes. Busca justicia.

Mujer activista que canta y cura con su voz

Nidia Góngora no es una figura pop ni una influencer gastronómica. Es algo más raro y más valioso: una mujer que ha hecho de su vida una obra de arte radical. Su cocina no se puede entender sin su música. Su música no se puede comprender sin el dolor de su tierra. Su restaurante, su escuela, su viche, su voz: todo es parte de una misma resistencia.

En un mundo saturado de ruido y superficialidad, la autenticidad de Nidia brilla como un faro. Y como ella, hay muchas otras mujeres desde el campo, desde el monte, desde la orilla, que siguen sosteniendo el mundo sin hacer alarde.

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Concierto Pacífico Maravilla en Cali el 20 de junio de 2025. Foto: Carlos Rendón

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<h1>Nidia Góngora, cocina, canto y resistencia desde el corazón del Pacífico colombiano</h1>
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<h2 class="wp-block-heading">La voz que no se doblega desde Timbiquí al mundo</h2>



<p>Hay lugares donde la historia se canta, se cocina y se bebe con la misma intensidad con la que se sobrevive. Donde el sabor no es un lujo, sino una forma de resistir. Donde el fogón, el tambor y el viche son trincheras cotidianas. <strong>Nidia Góngora </strong>nació en uno de esos lugares. Y desde allí, ha construido una carrera que no sigue las reglas del mercado, más bien las de la memoria.</p>



<p>Cantora, investigadora, fundadora del grupo <strong><em>Canalón de Timbiquí</em></strong>, líder comunitaria y dueña del restaurante <strong><em>Viche Positivo</em></strong> en <strong>Cali</strong>, Nidia es mucho más que una artista. Es una fuerza de la naturaleza, de esas que no piden permiso para existir. Ha llevado la música tradicional del <strong>Pacífico</strong> colombiano a escenarios internacionales, sin dejar de cantar en el mismo tono con el que su abuela espantaba malos aires en las parteras.</p>



<p>Y en cada golpe de marimba, en cada cucharón de <strong>tapao</strong>, en cada trago de <strong>viche</strong> que sirve en su restaurante, hay una declaración de principios: <strong>la cultura del Pacífico no es mercancía; es identidad, es refugio y campo de batalla.</strong></p>



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<p><strong>Timbiquí</strong>, Cauca, es un municipio abrazado por la selva y sacudido por el abandono estatal, el narcotráfico y las lluvias. Pero también es un lugar donde las mujeres cantan con los pies descalzos en la tierra y donde los niños aprenden a entonar el <strong><em>alabao</em></strong> —un canto fúnebre tradicional que honra a los muertos— antes de saber escribir su nombre. Ahí creció <strong>Nidia Góngora</strong>. Y no tuvo que aprender a cantar: cantar era parte del aire que respiraba.</p>



<p><strong>Nidia Góngora</strong>, hace un alto en su ajetreado día día y nos atiende desde Calí. Le preguntamos acerca de su formación como investigadora de música del <strong>Pacífico</strong> y enseguida nos reconoce que tiene <em>“una misión que es la de salvaguardar los elementos de la cultura del Pacífico, la memoria ancestral”</em>. Con <strong><em>Canalón de Timbiquí</em></strong>, Góngora recuperó canciones que habían sido desplazadas por el ruido de las balas. En sus letras hay muertos que no han tenido entierro, hay ríos que lloran, hay niñas que sueñan con ser maestras y no viudas. <strong>Su discografía es un archivo vivo de la memoria oral del Pacífico.</strong> Y no lo digo por lirismo: escúchala recitar el poema <strong>“Insistencia”</strong> de su último disco <strong>Pacifico Maravilla</strong>, y entonces entenderás que lo suyo no es folklore, <strong>sino crónica cantada de una nación en disputa</strong>, donde dice insistir <em>“en ser en la parte más incomoda de este continente […], la piedra en el zapato”</em>. </p>



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<p>En <strong>Pacífico Maravilla</strong>, producido junto al británico <strong>Quantic</strong>, la marimba dialoga con beats electrónicos y letras que siguen haciendo lo que siempre han hecho: nombrar lo que se quiere silenciar. No es un disco para turistas, es una bomba de tiempo disfrazada de <em>groove</em>. Nos cuenta que en <strong>Pacífico Maravilla </strong>“hay colaboraciones de mujeres internacionales que han hecho un trabajo interesante en temas como la reafirmación de la identidad y de esta diáspora”. </p>



<h2 class="wp-block-heading">Cocina, ritual y trinchera en el restaurante Viche Positivo</h2>



<p>En Cali, lejos de las cocinas de autor y los emplatados con pinzas de cirujano, Nidia abrió <strong>Viche Positivo</strong>, un restaurante que es mitad comedor y mitad altar. Aquí no se sirven platos del <strong>Pacífico</strong> como si fueran una excentricidad étnica. Aquí se cocina como en casa de la abuela, con humo, con pasión y dejando la vida pasar.</p>



<p>Quien entra ahí no sale igual. Entra con hambre y sale con respeto. Una de sus especialidades es el <strong><em>tapao macho</em></strong>, un plato que no viene con historia porque es la historia. Nidia nos reconoce que <em>“indiscutiblemente”</em> es el plato que más le gusta elaborar. Se prepara con pescado seco, plátano pintón, yuca, cebolla larga, tomate, achiote y hierbas de azotea. Se cocina a fuego lento hasta que todo se funde en una espesura que te abraza por dentro. El resultado: una sopa densa, olorosa, reconfortante, que probablemente no se parezca a la que te hacía tu mamá, pero que comparte con ella los dos ingredientes que hacen que una receta sobreviva al paso del tiempo: <strong>cariño y una dosis generosa de sabiduría ancestral.</strong> Y, por supuesto, se cocina cantando. <em>“Mi abuela, cuando cocinaba, cantaba alabaos…”</em> cuenta <strong>Nidia</strong>, como una forma de transmitir la oralidad de una zona tan poderosa y olvidada como el <strong>Pacífico.</strong></p>



<p>El hermano bisiesto del tapao macho es el <strong>tapao coqueao</strong>, y tampoco se queda atrás. En él, el pescado se cuece en leche de coco, junto con yuca, plátano y especias que no se nombran, porque las buenas cocineras del Pacífico no revelan todos sus secretos. Es dulce, salado y picante como un bolero bien cantado. Comerlo es una experiencia que te reconcilia con el tiempo lento y los sabores de verdad.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una cocina con múltiples voces</h2>



<p>La gastronomía del Pacífico colombiano no es una tendencia gourmet. Es una tradición viva que ha sobrevivido a la esclavitud, al racismo y al olvido. Está hecha de productos que no se consiguen en supermercados: <em>borojó, jaiba, naidí, bijao, pipilongo</em>. Ingredientes que saben a selva y a costa. A tiempos donde cocinar era un acto de fe.</p>



<p>En esa cocina, las mujeres tienen la voz cantante. Y <strong>Nidia Góngora</strong> es una de sus mejores intérpretes. Su trabajo, como el de tantas cocineras, cantoras y parteras del litoral, es mantener vivo un mundo que muchos prefieren olvidar.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">Viche Positivo, el licor espiritual del Pacífico</h2>



<p><strong>Viche </strong>no es ron, ni aguardiente, ni esa mamarrachada que venden en botellas fluorescentes para gringos en San Andrés. El <strong>viche </strong>es otra cosa. Es medicina. Es ceremonia. Es identidad embotellada.</p>



<p>La versión de Nidia, <strong>Viche Positivo</strong>, es un licor artesanal, un destilado <em>“de caña de azúcar bajo cultivos orgánicos ciento por ciento”</em>, nos aclara, y macerado con hierbas que tienen nombres que suenan a conjuros: <em>anamú, borojó, chontaduro, matarratón</em>. Cada sorbo es una sacudida: a la conciencia, al paladar, al corazón.</p>



<p>No se toma para emborracharse (aunque eso pasa), se toma para sanar, para brindar por los que ya no están, para convocar a los espíritus, para celebrar que aún estamos aquí y que la vida es ahora. </p>



<p>Y sí, ahora se consigue embotellado, con registro sanitario, pero eso no lo ha vaciado de sentido. Lo que hizo Nidia fue lo contrario: <strong>rescatar el viche del estigma y ponerlo en el lugar que merece: el altar de las bebidas con alma</strong>. Nidia confiesa que <em>“es una bebida espirituosa presente en los partos y en la medicina ancestral […] venimos de pueblos donde no hay hospitales, y el viche ha sido un gran aliado para el cuidado de la salud, de la vida</em>“.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Música, resistencia y una escuela para el futuro</h2>



<p>Góngora no es solo artista ni empresaria. Es, ante todo, una educadora. Como ella misma afirma: <em>“En Cali hemos hecho un trabajo importante, hemos salvado muchos niños de espacios de alta vulnerabilidad […] de dejarse seducir por ese monstruo terrible que son las prácticas ilícitas que tienen que ver con delito</em>s”. Fundó la <strong>Escuela de Música Canalón</strong>, donde niños y jóvenes del <strong>Pacífico</strong> aprenden a tocar marimba antes de caer en las redes del narcotráfico o las pandillas. <em>“Les ofrecemos a los jóvenes alternativas en las que a través de la música y el arte les mostramos un espacio de convivencia y acompañamos a su familia para que ellos puedan vivir esa transición y esas duras situaciones que se viven en sectores de extrema pobreza.”</em> Allí, las clases no se dan en aulas sino en patios. No hay pizarra, pero hay sabedoras. No hay notas, pero hay ritmo.</p>



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<p>Lo que enseñan no es teoría musical, <strong>es supervivencia cultural.</strong> Y lo hacen desde una pedagogía que no figura en los libros de la UNESCO, pero que funciona: <strong>aprender haciendo, haciendo con otros, cantando lo que se vive y viviendo lo que se canta.</strong></p>



<p>Su activismo no es de micrófono ni de hashtags: es de machete, de olla, de tambor. <strong>Ha denunciado la violencia que azota a la población negra del Pacífico con la misma fuerza con la que canta sus canciones.</strong> No busca likes. Busca justicia.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Mujer activista que canta y cura con su voz</h2>



<p><strong>Nidia Góngora</strong> no es una figura pop ni una influencer gastronómica. Es algo más raro y más valioso: <strong>una mujer que ha hecho de su vida una obra de arte radical.</strong> Su cocina no se puede entender sin su música. Su música no se puede comprender sin el dolor de su tierra. <strong>Su restaurante, su escuela, su viche, su voz: todo es parte de una misma resistencia.</strong></p>



<p>En un mundo saturado de ruido y superficialidad, la autenticidad de Nidia brilla como un faro. Y como ella, hay muchas otras mujeres desde el campo, desde el monte, desde la orilla, que siguen sosteniendo el mundo sin hacer alarde.</p>



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<p>Este artículo fue publicado originalmente en <a href="https://geogastronomica.com/">GEOgastronómica</a>. Lea el <a href="https://geogastronomica.com/nidia-gongora-cocina-canto-y-resistencia-desde-el-corazon-del-pacifico-colombiano/">original</a>.</p></div>
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