¿Qué hay de cierto en que cenar queso provoca pesadillas?

Cenar tarde o ciertos alimentos, como el queso, altera el sueño y provoca pesadillas. ¿Mito o realidad? Veamos qué dice la ciencia.

Paco Doblas Gálvez
18 de julio de 2025
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Índice

Podcast #8: ¿Qué hay de cierto en que cenar queso provoca pesadillas?

Los alimentos en la mira del sueño

Desde hace tiempo circula la idea de que ciertos alimentos, o el hecho de cenar tarde, pueden perjudicar el descanso nocturno y modificar el contenido de los sueños, haciéndolos más intensos, perturbadores o incluso proclives a convertirse en pesadillas.

Entre los alimentos comúnmente señalados se encuentran las comidas copiosas, los platos muy especiados, los dulces con alto contenido de azúcar refinada y, en particular, los productos lácteos. Pero, ¿hay pruebas científicas que sustenten esta percepción? Para el profesor de Enfermería Médico-Quirúrgica y Doctor en Biomedicina Aplicada en la Universidad de Castilla-La Mancha, Álvaro Astasio Picado, el mito del queso y las pesadillas se sustenta en el tiempo porque “conecta con algo muy humano en todas las personas buscamos explicaciones simples a experiencias inquietantes como son los sueños y las pesadillas, además, tradicionalmente los lácteos han sido sospechosos por su famosa disgestión compleja en algunas personas y eso podría llegara reforzar dicha asociación”.

Imagen de ¿Qué hay de cierto en que cenar queso provoca pesadillas?

Una encuesta canadiense realizada en 2015 ya abordó esta cuestión. En ella participaron 396 personas, de las cuales un 17,8 % indicó haber asociado algún tipo de alimento con sueños desagradables. Entre los productos más mencionados figuraban los lácteos —como leche, queso o helado— y los dulces. Y dejando las percepciones y entrando en la ciencia, para el profesor Astasio se hace comprensible” este tipo de asociaciones pero subraya que el hecho de que una persona se sienta mal tras consumir queso “no significa que ese alimento sea culpable de dichas pesadillas, no siempre diferenciamos bien lo que sentimos de lo que verdaderamente nos causa el problema”.

Curiosamente, en la encuesta canadiense también hubo quienes reportaron efectos positivos vinculados a la comida: algunos participantes mencionaron que frutas y verduras les generaban sueños agradables. Esto sugiere una dimensión subjetiva e incluso simbólica en la relación entre lo que comemos y lo que soñamos.

Otro elemento clave es el horario de la cena. Distintas investigaciones han mostrado que comer cerca de la hora de dormir —específicamente dentro de las dos horas previas— puede influir negativamente en la calidad del sueño.  “En este sentido hay mucha más evidencia científica”, señala el profesor, que aclara que “cenar tarde puede alterar el sueño aunque no se coma queso… especialmente comidas pesadas y con contenido graso”. Numerosos estudios científicos lo corroboran y los profesionales sanitarios vienen recomendando desde años que lo más saludable es realizar la ultima ingesta de alimentos, al menos, dos horas antes de acostarse. Una cena, aunque no sea copiosa, cerca del momento de acostarse puede provocar diferentes alteraciones en el sueño como una “menos eficiencia del propio sueño, una mayor latencia de poder conciliarlo y muchos más despertares nocturnos”, concluye el profesor Astasio.

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Nuevos datos, viejas dudas

El estudio más reciente, publicado en Frontiers in Psychology, retoma este debate y vuelve a situar a los lácteos en el centro de la discusión. El equipo investigador, encabezado por el experto en nutrición de la Universidad de Montreal Tore Nielsen —el mismo que lideró el trabajo de 2015—, encuestó a 1.082 estudiantes universitarios. El cuestionario abarcaba aspectos como calidad del sueño, frecuencia e intensidad de los sueños, hábitos alimenticios, estado físico y mental, y cualquier relación percibida entre los alimentos consumidos y el contenido de los sueños.

El propósito principal era explorar las creencias individuales sobre el impacto de la comida en el descanso y los datos obtenidos arrojaron resultados relevantes: cerca de un tercio de los encuestados declaró tener pesadillas con frecuencia, siendo las mujeres, en particular, las que mostraron una mayor tendencia a recordar sus sueños y a reportar problemas de sueño; un 40 % afirmó que comer tarde o ciertos alimentos afectaba negativamente su descanso; un 25 % identificó productos específicos como responsables de empeorar la calidad del sueño, los más mencionados fueron dulces, comidas picantes y lácteos; el 5,5 % de los participantes señaló que lo que comían influía directamente en el contenido de sus sueños y en esos casos, los lácteos y los dulces fueron asociados con sueños más vívidos o inquietantes.

Uno de los puntos más destacados fue la asociación entre la intolerancia a la lactosa y la frecuencia de pesadillas. Las personas con este trastorno también reportaron molestias gastrointestinales nocturnas, peor descanso y mayor incidencia de sueños negativos. En este sentido, el profesor Astasio hace una acalaración y es que no es la lactosa o el queso lo que pueda llegar a alterar la calidad del sueño “sino la reacción del cuerpo ante él lo que podría influir en esa alteración del patrón del sueño”.

Asociación no es causalidad

No obstante, los autores del estudio advierten de que los resultados deben interpretarse con precaución. Como explicó Nielsen, la coincidencia entre dos factores —como consumir queso y tener una pesadilla— no significa que uno cause el otro. El diseño del estudio no permite establecer relaciones de causa y efecto.

Además, se trata de una encuesta basada en percepciones, sin observación directa del sueño ni control sobre las condiciones alimentarias reales de los participantes. No se usaron herramientas como polisomnografía, ni se cuantificaron los alimentos ingeridos.

Molestias digestivas y descanso interrumpido

Es importante recordar que las molestias digestivas durante la noche sí pueden afectar el sueño. Estudios a gran escala han encontrado que síntomas como dolor abdominal, hinchazón, gases o reflujo están asociados con mayor fragmentación del sueño y despertares frecuentes.

En personas con trastornos gastrointestinales funcionales, como el síndrome del intestino irritable, se ha observado una reducción en la etapa profunda del sueño (N3) y un aumento en los microdespertares. Estas interrupciones, aunque breves, pueden favorecer sueños más intensos, fragmentados y emocionalmente cargados, especialmente cuando hay malestar físico.

Sin embargo, esto no significa que el queso en particular sea el responsable. Muchas veces, la tendencia a señalar a los lácteos como culpables responde más a creencias culturales o narrativas populares que a experiencias comprobadas. Además, en la vida cotidiana rara vez consumimos alimentos de forma aislada, lo cual complica atribuir efectos concretos a un solo producto.

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Falta de evidencia concluyente

En sus conclusiones, los autores del estudio insisten en la necesidad de replicar la investigación con muestras más amplias y diversas, que incluyan distintas edades, culturas y hábitos alimentarios. También proponen utilizar metodologías más rigurosas: estudios experimentales, control de variables, monitoreo del sueño y administración controlada de alimentos.

El estudio abre una posible línea de investigación sobre cómo la dieta puede interferir con el descanso nocturno, sobre todo en personas con intolerancias. Sin embargo, aún no se dispone de evidencia sólida que permita afirmar que los lácteos, o cualquier otro alimento específico, provoquen pesadillas de forma directa.

“Hasta ahora no hay un evidencia totalmente concluyente”, señala Astasio. Es cierto que existen estudios observacionales o de autopercepción como los mencionados en este artículo pero todos ellos reportan asociaciones subjetivas. “Necesitamos estudios experimentales con grupos controlados con la administración especifica de ciertos alimentos y ver esa posible correlación de esos alimentos con una buena monitorización objetiva de sueños con la polisomnografía”, concluye el profesor Astasio.

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<h1>¿Qué hay de cierto en que cenar queso provoca pesadillas?</h1>
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<h2 class="wp-block-heading">Los alimentos en la mira del sueño</h2>



<p>Desde hace tiempo circula la idea de que ciertos alimentos, o el hecho de cenar tarde, pueden perjudicar el descanso nocturno y modificar el contenido de los sueños, haciéndolos más intensos, perturbadores o incluso proclives a convertirse en pesadillas.</p>



<p>Entre los alimentos comúnmente señalados se encuentran las comidas copiosas, los platos muy especiados, los dulces con alto contenido de azúcar refinada y, en particular, los productos lácteos. Pero, ¿hay pruebas científicas que sustenten esta percepción? Para el profesor de Enfermería Médico-Quirúrgica y Doctor en Biomedicina Aplicada en la Universidad de Castilla-La Mancha, <strong>Álvaro Astasio Picado</strong>, el mito del queso y las pesadillas se sustenta en el tiempo porque <em>“conecta con algo muy humano en todas las personas buscamos explicaciones simples a experiencias inquietantes como son los sueños y las pesadillas, además, tradicionalmente los lácteos han  sido sospechosos por su famosa disgestión compleja en algunas personas y eso podría llegara reforzar dicha asociación”. </em></p>



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<p>Una encuesta canadiense realizada en 2015 ya abordó esta cuestión. En ella participaron 396 personas, de las cuales un 17,8 % indicó <strong>haber asociado algún tipo de alimento con sueños desagradables.</strong> Entre los productos más mencionados figuraban los lácteos —como leche, queso o helado— y los dulces. Y dejando las percepciones y entrando en la ciencia, para el profesor <strong>Astasio </strong>“<em>se hace comprensible”  </em>este tipo de asociaciones pero subraya que el hecho de que una persona se sienta mal tras consumir queso <em>“no significa que ese alimento sea culpable de dichas pesadillas, no siempre diferenciamos bien lo que sentimos de lo que verdaderamente nos causa el problema”</em>.</p>



<p>Curiosamente, en la encuesta canadiense también hubo quienes reportaron efectos positivos vinculados a la comida: algunos participantes mencionaron que <strong>frutas y verduras les generaban sueños agradables</strong>. Esto sugiere una dimensión subjetiva e incluso simbólica en la relación entre lo que comemos y lo que soñamos.</p>



<p>Otro elemento clave es el horario de la cena. Distintas investigaciones han mostrado que comer cerca de la hora de dormir —específicamente dentro de las dos horas previas— puede influir negativamente en la calidad del sueño.  “En este sentido hay mucha más evidencia científica”, señala el profesor,  que aclara que “cenar tarde puede alterar el sueño aunque no se coma queso… especialmente comidas pesadas y con contenido graso”. Numerosos estudios científicos lo corroboran y los profesionales sanitarios vienen recomendando desde años que lo más saludable es realizar la ultima ingesta de alimentos, al menos, dos horas antes de acostarse. Una cena, aunque no sea copiosa, cerca del momento de acostarse puede provocar diferentes alteraciones en el sueño como una “menos eficiencia del propio sueño, una mayor latencia de poder conciliarlo y muchos más despertares nocturnos”, concluye el profesor Astasio.   </p>



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<p>El estudio más reciente, publicado en <strong><em>Frontiers in Psychology,</em></strong> retoma este debate y vuelve a situar a los lácteos en el centro de la discusión. El equipo investigador, encabezado por el experto en nutrición de la Universidad de Montreal <strong>Tore Nielsen</strong> —el mismo que lideró el trabajo de 2015—, encuestó a 1.082 estudiantes universitarios. El cuestionario abarcaba aspectos como calidad del sueño, frecuencia e intensidad de los sueños, hábitos alimenticios, estado físico y mental, y cualquier relación percibida entre los alimentos consumidos y el contenido de los sueños.</p>



<p>El propósito principal era explorar las creencias individuales sobre el impacto de la comida en el descanso y los datos obtenidos arrojaron resultados relevantes: <strong>cerca de un tercio de los encuestados declaró tener pesadillas con frecuencia,</strong> siendo las mujeres, en particular, las que mostraron una mayor tendencia a recordar sus sueños y a reportar problemas de sueño; un 40 % afirmó que comer tarde o ciertos alimentos afectaba negativamente su descanso; un 25 % identificó productos específicos como responsables de empeorar la calidad del sueño, <strong>los más mencionados fueron dulces, comidas picantes y lácteos</strong>; el 5,5 % de los participantes señaló que lo que comían influía directamente en el contenido de sus sueños y en esos casos, los lácteos y los dulces fueron asociados con sueños más vívidos o inquietantes.</p>



<p>Uno de los puntos más destacados fue la <strong>asociación entre la intolerancia a la lactosa y la frecuencia de pesadillas</strong>. Las personas con este trastorno también reportaron molestias gastrointestinales nocturnas, peor descanso y mayor incidencia de sueños negativos. En este sentido, el profesor Astasio hace una acalaración y es que no es la lactosa o el queso lo que pueda llegar a alterar la calidad del sueño “sino la reacción del cuerpo ante él lo que podría influir en esa alteración del patrón del sueño”.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Asociación no es causalidad</h2>



<p>No obstante, los autores del estudio advierten de que <strong>los resultados deben interpretarse con precaución</strong>. Como explicó <strong>Nielsen</strong>, la coincidencia entre dos factores —como consumir queso y tener una pesadilla— no significa que uno cause el otro. El diseño del estudio <strong>no permite establecer relaciones de causa y efecto</strong>. </p>



<p>Además, se trata de una encuesta basada en percepciones, sin observación directa del sueño ni control sobre las condiciones alimentarias reales de los participantes. No se usaron herramientas como polisomnografía, ni se cuantificaron los alimentos ingeridos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Molestias digestivas y descanso interrumpido</h2>



<p>Es importante recordar que las molestias digestivas durante la noche sí pueden afectar el sueño. Estudios a gran escala han encontrado que síntomas como dolor abdominal, hinchazón, gases o reflujo están asociados con mayor fragmentación del sueño y despertares frecuentes.</p>



<p>En personas con trastornos gastrointestinales funcionales, como el síndrome del intestino irritable, se ha observado una reducción en la etapa profunda del sueño (N3) y un aumento en los microdespertares. Estas interrupciones, aunque breves, pueden favorecer sueños más intensos, fragmentados y emocionalmente cargados, especialmente cuando hay malestar físico.</p>



<p>Sin embargo, esto no significa que el queso en particular sea el responsable. Muchas veces, la tendencia a señalar a los lácteos como culpables responde más a creencias culturales o narrativas populares que a experiencias comprobadas. Además, en la vida cotidiana rara vez consumimos alimentos de forma aislada, lo cual complica atribuir efectos concretos a un solo producto.</p>



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<p>En sus conclusiones, los autores del estudio insisten en la <strong>necesidad de replicar la investigación con muestras más amplias y diversas</strong>, que incluyan distintas edades, culturas y hábitos alimentarios. También proponen utilizar metodologías más rigurosas: estudios experimentales, control de variables, monitoreo del sueño y administración controlada de alimentos.</p>



<p>El estudio abre una posible línea de investigación sobre <strong>cómo la dieta puede interferir con el descanso nocturno, sobre todo en personas con intolerancias</strong>. Sin embargo, aún no se dispone de evidencia sólida que permita afirmar que los lácteos, o cualquier otro alimento específico, provoquen pesadillas de forma directa.</p>



<p>“Hasta ahora no hay un evidencia totalmente concluyente”, señala Astasio. Es cierto que existen estudios observacionales o de  autopercepción como los mencionados en este artículo pero todos ellos reportan asociaciones subjetivas. “Necesitamos estudios experimentales con grupos controlados con la administración especifica de ciertos alimentos y ver esa posible correlación de esos alimentos con una buena monitorización objetiva de sueños con la polisomnografía”, concluye el profesor Astasio.  </p>



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