Ruta 66 cumple 100 años: guía para recorrerla con hambre
De Illinois a California, un viaje por la cocina popular de Estados Unidos.
Índice
MAPA: Dónde comer y dormir en la Ruta 66
El viaje empieza antes del primer bocado
Pocas palabras despiertan tantas imágenes mentales como “Ruta 66”. Nos evoca polvo, asfalto ardiente, coches clásicos y carteles oxidados de neón. Pero más allá de los tópicos del cine y las canciones, la Ruta 66 es también un viaje sensorial profundamente sabroso, una travesía en la que el paladar, aunque no lo creas, también tiene mucho que descubrir.
En este 2026 se celebra su centenario, y ese es un motivo más que poderoso para volver a fijarnos en ella con atención: no como una postal del pasado, sino como una ruta viva, llena de historias comestibles, personajes reales y paisajes que merecen ser escuchados, fotografiados… y saboreados. Recorrerla es como hojear una novela americana de carretera en la que cada parada, cada ciudad, cada café de esquina aporta una historia única.
Nosotros nos sumergimos en esta ruta no solo con ojos de viajeros, sino con apetito de cronistas gastronómicos: dispuestos a oler la mantequilla tostada de un diner en Illinois, probar el chile verde de Nuevo México y rematar con mariscos frente al Pacífico californiano.
Pero antes de desplegar este mapa de sabores, conviene entender por qué esta carretera es mucho más que una vía que conecta dos costas.

Del sueño americano al revival nostálgico
La Ruta 66, conocida también como The Mother Road, fue inaugurada en 1926 gracias, en gran parte, a la visión del empresario Cyrus Avery, considerado el padre de esta carretera mítica. Su empeño logró que se trazara una vía que conectara Chicago (Illinois) con Santa Mónica (California), atravesando ocho estados y más de 3.900 kilómetros. Durante décadas representó la promesa de movilidad, aventura y esperanza, especialmente en momentos clave como la Gran Depresión y los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, con la creación del sistema interestatal en los años 60, la Ruta 66 fue paulatinamente reemplazada por autopistas más rápidas y finalmente desactivada oficialmente en 1985. Lejos de morir, eso la convirtió en un mito. Hoy sobrevive como una ruta turística legendaria, rescatada por asociaciones locales, viajeros románticos y… gastrónomos como nosotros.
Lo que nos mueve a seguirla no es la rapidez, sino todo lo contrario: la promesa de frenar, explorar y saborear, o, fieles al lema de GeoGastronómica, la necesidad de viajar, comer y explorar.

Sabores de la 66, una ruta para comérsela
La Ruta 66 no tiene un solo sabor, sino decenas. Cada estado imprime su sello, desde las carnes ahumadas del Midwest hasta los tacos callejeros del desierto. Es un recorrido por la historia culinaria de Estados Unidos contada desde sus márgenes, desde platos modestos servidos en platos de melamina hasta recetas reinventadas por nuevas generaciones.
A lo largo del viaje encontramos diners de los años 50 con camareras que llaman “honey” a todo el mundo, parrillas texanas, cafés hispanos, y restaurantes indígenas que conectan con la gastronomía más ancestral del continente.
Más que una simple guía de lugares donde comer, esta es una narrativa donde cada bocado tiene un contexto, un aroma y una anécdota.
Illinois: El punto de partida y los desayunos inolvidables

Estamos en Chicago, kilómetro cero y uno de los skylines más imponentes del país. Empezar el viaje sin desayunar en Lou Mitchell’s sería casi un sacrilegio. Este local lleva desde 1923 dando la bienvenida a viajeros con huevos al gusto, hash browns crujientes —receta simple de patata en la que los trozos de este tubérculo se fríen en una sartén después de ser cortados en tiras, juliana, dados o bien triturados— y su panecillo griego con mantequilla caliente. ¿Un detalle encantador? Todavía reparten Doughnut Holes —mini donuts— y ciruelas secas gratis a los recién llegados. Así se construye una leyenda. Antes de arrancar motores, recomendamos una parada en Millennium Park para fotografiar “The Bean” con el reflejo del amanecer. Si tenemos tiempo, subir a la terraza del Willis Tower Skydeck nos regala una panorámica de 360º, perfecta para una primera instantánea del viaje.

Avanzamos hacia Willowbrook, donde Dell Rhea’s Chicken Basket mantiene viva la tradición del fried chicken al estilo clásico: crocante, jugoso, sin florituras pero absolutamente perfecto. La salsa casera de miel y mostaza aún tiene fans de más de medio siglo.
En Pontiac, el Old Log Cabin , desde 1926, ofrece desayuno con bacon grueso, pancakes y café interminable servido en jarras de loza y comida tradicional americana. En Springfield, el Cozy Dog Drive In clama haber inventado el corn dog —perrito caliente rebozado y ensartado en un palillo— , y la experiencia –sencilla, divertida, auténtica– nos transporta a las ferias de los años 50. Recomendable ver el mural de Pontiac: un fondo ideal para fotos de carretera con sabor retro.
Paramos en Ariston Café, en Litchfield, un local que funciona desde 1924 y combina hospitalidad sureña con platos robustos a elegir entre una completa carta con platos del oeste, sureños o italianos. La hamburguesa clásica es una tradición de la Ruta 66.
Para saber el suelo que se pisa, frente al Ariston, no hay que perderse el Museo de la Ruta 66 de Litchfield, con fotos históricas y descripciones que enmarcan el contexto road movie.
Missouri: Malteadas, moteles y recuerdos congelados
St. Louis nos invita a mirar hacia arriba: el Gateway Arch, de más de 190 metros, es visible desde varios kilómetros antes de llegar. Tomar una foto desde abajo, con el reflejo del río Mississippi al fondo, es casi obligatorio. En St. Louis, cuando el calor aprieta, Ted Drewes Frozen Custard se convierte en parada obligatoria. Este cremoso helado de vainilla o chocolate servido en vasos de cartón es tan denso que puedes darle la vuelta sin que se derrame. Lleno de familias, autos antiguos y empleados que conocen a los clientes por su nombre.

Seguimos hasta Cuba, Missouri, donde el Wagon Wheel Motel, restaurado con mimo, ofrece una noche tranquila con opción de cena ligera en locales cercanos como Missouri Hick Bar-B-Q: carnes ahumadas y salsa dulce con especias que persiste en la memoria. Recomendamos explorar los Murales de Cuba, una serie de 12 pinturas que recorren la historia local y se han vuelto uno de los puntos más fotografiados del estado.
Al día siguiente, nos detenemos en Boots Court Motel, en Carthage. Su arquitectura Art Déco, radios vintage y luces tenues nos devuelven a otra época. Dormir aquí es vivir un capítulo del libro “On the Road”. Este motel ofrece más que una cama: es una cápsula del tiempo. Al atardecer, su letrero de neón encendido es uno de los planos más codiciados por los fotógrafos de viajes vintage. Muy cerca, el Teatro Stone’s Throw y la plaza del pueblo con su arquitectura de época completan el cuadro.
Kansas: El tramo más corto, pero sabroso
Aunque Kansas apenas cuenta con 21 km de Ruta 66, son kilómetros intensos de tesoros bien guardados. En Nelson’s Old Riverton Store, un negocio familiar abierto en 1925, encontramos una gran variedad de sandwiches, carnes y una selección insólita de quesos. Este lugar también fue inspiración para el personaje de “Fillmore” en la película Cars, y se nota: tiene alma. Vale la pena desviarse brevemente hacia Baxter Springs para ver uno de los puentes de acero históricos de la ruta.

En este tramo, las carreteras solitarias, rodeadas de campos, ofrecen una de las mejores oportunidades del viaje para capturar esa sensación de infinito que solo el Midwest americano puede ofrecer. El clásico cartel de “Route 66” pintado en el asfalto es el spot más buscado para una buena foto de pies o neumáticos.
Oklahoma: Café, rock y luces de neón
Oklahoma es un tramo largo, con paisajes cambiantes y mucho arte popular. En Vinita, Clanton’s Café sigue sirviendo natillas y tartas de manzana desde hace casi 100 años. Todo sabe a hecho en casa, sandwiches calientes y fríos, huevos, tortillas, burgers y todo con ese con ese punto que nos hace pensar en abuelas y recetas escritas a mano. Y en Stroud, el desayuno del Rock Café sorprende con huevos rancheros servidos con jalapeños frescos y café fuerte. Su dueña, Dawn Welch, sirvió como inspiración para la “Sally” de Cars. La historia de su reconstrucción tras un incendio ha sido contada en documentales y libros y es casi tan potente como su hamburguesa de búfalo.
Más adelante, en Arcadia, aparece como un oasis retro Pops 66 con su torre de neón en forma de botella de refresco a modo de faro alejandrino. Si llegamos al atardecer, la luz naranja del cielo se mezcla con las más de 700 botellas iluminadas en los estantes: una imagen que bien podría ser portada de revista. Atrévete con una gaseosa de arándano silvestre y una de jalapeño, solo por el gusto de probar algo extraño y divertido. Una parada recomendable es el Museo de la Ruta 66 de Oklahoma que ofrece al visitante un viaje personal a través de la historia de la carretera más venerada del país con ideas, imágenes y mitos icónicos de la Carretera Madre. Unos kilómetros más adelante, en Elk City, se encuentra otro museo, el National Route 66 Museum con réplicas de gasolineras antiguas y vehículos históricos que se pueden fotografiar libremente.

Texas: Entre neones, desiertos, vacas sagradas y moteles de película
U-Drop Inn Café, en Shamrock, es un edificio Art Déco de 1936 restaurado con mimo. Su fachada parece sacada de una película de Wes Anderson y su torre de neón verde son escenario ideal para una foto nocturna digna de Instagram. Entrar es vivir un momento cinemático, acompañado de café con crema y tostadas gruesas con mantequilla.
En Amarillo, el Big Texan Steak Ranch tiene su propia dosis de espectáculo, combina restaurante y motel temático. Aquí no hay lugar para lo minimalista: los bistecs son del tamaño de una rueda de coche, y el ambiente, entre country kitsch y feria de pueblo, resulta irresistible. Cerca se encuentra uno de los lugares más surrealistas de toda la ruta: el Cadillac Ranch. Aquí, diez autos clásicos están semi enterrados en el desierto, decorados con grafitis que cambian a diario. Lleva tu spray y deja tu huella.
Ubicado en el diminuto y encantador pueblo de Adrian, justo en el punto medio de la histórica Ruta 66, el Fabulous 40s Motel ofrece una experiencia sencilla pero auténtica, perfecta para quienes desean conectar con el espíritu clásico de esta carretera legendaria. La atención es cercana y personal, y aunque no ofrece lujos, su atmósfera tranquila y su aire retro genuino lo convierten en una excelente opción para los viajeros que buscan autenticidad sin artificios.

Al lado, a un minuto andando, se encuentra el Midpoint Cafe, ideal para reflexionar sobre el viaje. Su pastel de crema de coco y la hospitalidad de su personal son de esos detalles que no se olvidan. Antes de seguir camino y junto al Midpoint Café, encontramos el famoso cartel que marca el punto medio exacto entre Chicago y Los Ángeles: el selfie aquí es obligatorio.
Nuevo México: Colores, chile verde y cielos infinitos
El Blue Swallow Motel en Tucumcari es uno de los tesoros vintage mejor conservados de toda la ruta que parece sacado de una película de los años 50. Las habitaciones tienen garaje individual decorado con murales pintados a mano, y dormir aquí es casi una ceremonia. De noche, su cartel azul de neón y los coches antiguos estacionados generan una postal irresistible.
Entre Tucumari y Alburquerque se encuentra la localidad de Santa Rosa que ofrece una joya inesperada: el Blue Hole, un pozo natural de aguas turquesas. Ideal para darse un chapuzón y tomar fotos subacuáticas o con dron.
En Albuquerque, el chile verde de Mac’s La Sierra nos recuerda que estamos en territorio donde la comida es religión. Su burrito de carne con frijoles rojos y queso fundido hace sudar, sí, pero también suspirar. Acierto seguro son sus huevos rancheros, y agradece luego. Antes o después de esta parada es recomendable subir en el Sandia Peak Tramway, el teleférico más largo de EE.UU., para obtener la mejor vista aérea del desierto al atardecer.
Arizona: Diners, humor negro y espíritu western

En Holbrook, dormir en el Wigwam Motel entre tipis gigantes es una experiencia que merece ser documentada. Pero lo mejor está cerca: el Painted Desert y el Petrified Forest National Park. Este último ofrece troncos fosilizados de 200 millones de años que parecen esculpidos en vidrio. La luz dorada del amanecer lo convierte en un paraíso fotográfico.
Ubicado en Flagstaff, Arizona, Miz Zip’s es uno de esos restaurantes que podrían pasar desapercibidos si uno se deja llevar solo por lo llamativo. Pero quienes han recorrido la Ruta 66 con tiempo y hambre, saben que este lugar es una parada imprescindible para saborear la autenticidad de la América profunda. La sopa del día es una buena elección, las enchiladas de carne con crema agria, los burritos y el taco indio con frijoles chilenos, acierto seguro.
Siguiendo la ruta, el Goldie’s Route 66 Diner, en Williams, sirve hamburguesas suculentas, ensaladas generosas y batidos espumosos. Su atmósfera alegre y servicio cercano te hará quedarte más tiempo del previsto.
En Seligman, Delgadillo’s Snow Cap es pura irreverencia, pero el pueblo entero parece un decorado cinematográfico. Las fachadas, los autos abandonados, los letreros oxidados… todo parece congelado en el tiempo. Todo es puro teatro: desde su menú sarcástico hasta los objetos locos que decoran cada rincón. El helado no es el mejor del mundo, pero la experiencia es para contarla.
En la misma localidad se encuentra el Historic Route 66 Motel de Kingman, con decoración setentera y vistas al desierto, un lugar curioso para dormir y encarar la ultima parte de la ruta. Al día siguiente, si se prefiere desayunar fuera del hotel, a un minuto andando, se encuentra el The Roadkill Cafe/O.K. Saloon en Ash Fork nos enfrenta a un menú delirante. Su lema es “Comer es más divertido cuando sabes que te atropellaron mientras huías”. Ofrecen platos como el Fender Tenders (guardabarros) o el Splatter Platter (plato de salpicaduras) que, por fortuna, no incluye atropellos reales. Dicen enorgullecerse de sus famosas hamburguesas a la parrilla, hamburguesas de búfalo y filetes.
Antes de entrar en el siguiente estado, en Hackberry, como sacado de una road movie de terror se encuentra el lugar en el que nunca pararías en una carretera solitaria: el Hackberry General Store. Se trata de un puesto convertido en museo que concentra algunos de los mejores elementos visuales de la Ruta 66: bombas de gasolina, anuncios antiguos y una Harley Davidson oxidada. Atrévete.
California: Mar, nostalgia y despedidas con sabor salado
La Ruta termina (o empieza, según se mire) en Santa Mónica. Pero antes, pasamos por San Bernardino, donde el Wigwam Motel ofrece tipis de hormigón donde pasar la noche. Kitsch, sí, pero también parte de la memoria americana.
Aquí se cierra el capítulo vintage, pero Santa Mónica nos espera con otro tipo de postal: la llegada al océano. El Hotel Casa del Mar, es una buena opción, frente al Pacífico, con vino blanco frío en la mano y una tabla de mariscos recién abierta, es una forma de cerrar el viaje como merece.

La Route 66 End of the Trail Sign, junto al muelle de Santa Mónica, es el lugar donde todo viajero toma su foto final. El muelle mismo, con su noria, artistas callejeros y vistas al atardecer, completa la escena. El horizonte se pierde en el océano, y también el viajero, lleno de historias, sabores y millas inolvidables.
La Ruta 66 como ruta del alma (y del estómago)
En este 2026, cuando se cumplen 100 años de su creación, la Ruta 66 ya no cumple la función vertebradora para la que fue diseñada, pero sigue siendo un poderoso reclamo turístico y un espejo del alma de la América del siglo XX. Un museo viviente de su cultura popular, su cocina cotidiana y su espíritu pionero.
Y si bien sus moteles pueden tener luces que parpadean y sus mesas marcas del tiempo, esta carretera nos recuerda que el lujo también puede ser una hamburguesa servida con cariño, y que la belleza muchas veces se encuentra —sin mapas ni reservas— en lo simple.
En definitiva, viajar por la Ruta 66 no es solo cruzar Estados Unidos, es volver a la esencia del viaje mismo: parar, observar, conectar y, por supuesto, probar.
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