Terrazas de arroz de Batad, viaje a la joya agrícola de Filipinas

Descubre las terrazas de arroz de Batad: cultura ifugao, arroz tinawon y paisajes milenarios en el corazón montañoso de Filipinas.

Redacción GeoGastronómica
6 de agosto de 2025
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Índice

Terrazas de arroz de Batad: el alma verde de las montañas filipinas

Desde las playas cristalinas de Palawan hasta las calles bulliciosas de Manila, Filipinas es un país de contrastes. Pero basta con dejar atrás la costa para adentrarse en el corazón montañoso de Luzón y descubrir un mundo completamente diferente. Allí, entre colinas esmeralda y neblinas persistentes, se encuentran las Terrazas de Arroz de Batad, una obra maestra de la ingeniería agrícola que se funde con la naturaleza y la cultura ancestral del pueblo ifugao.

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Carteles de bienvenida a Batad y Banaue. [Foto: C.Cros]

La primera vista de Batad no se olvida. Tras horas de carretera y una caminata serpenteante, aparece un anfiteatro natural donde el tiempo parece haber hecho una pausa. Escalones verdes moldean las laderas como una espiral de jade. El aire es denso y vegetal, con aroma a musgo, agua dulce y arroz recién brotado. Es una sensación de llegar a un lugar que no fue hecho para turistas, sino para permanecer.

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Localidad de Batad. [Foto: C.Cros]

Un legado milenario que respira entre piedras y barro

Las terrazas de arroz de Batad no solo impresionan por su belleza, sino también por su magnitud. Están situadas a unos 1.500 metros sobre el nivel del mar, en la vertiente oriental de la Cordillera Central de Luzón. En conjunto, este sistema agrícola ancestral abarca más de 10.360 km² de montaña esculpida, en un equilibrio casi perfecto entre la mano humana y la naturaleza.

Su origen se remonta a más de dos mil años, cuando los pueblos ifugao comenzaron a tallar la montaña con paciencia y sabiduría. Cada contorno fue adaptado para retener el agua y permitir el cultivo en pendientes imposibles. Sin maquinaria moderna, con herramientas de madera, piedra y la fuerza de las manos, dieron forma a un sistema que aún hoy funciona con sorprendente precisión.

Los muros de piedra se levantan sin mortero, reteniendo el suelo fértil traído desde zonas más bajas. El agua desciende desde manantiales en la cima de la cordillera y se canaliza con una ingeniería natural que imita los cauces fluviales. Todo en Batad habla de equilibrio: entre geografía y necesidad, entre tradición y subsistencia.

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Los muros de piedra sin argamasa sostienen las terrazas. [Foto: C.Cros]

La tribu de los Ifugao, los guardianes de las montañas y del arroz

Los principales protagonistas de esta maravilla son los ifugao, un grupo indígena filipino que ha habitado estas montañas desde hace siglos. El término “ifugao” proviene de ipugo (habitante de la colina) y pugaw (tierra), haciendo referencia a su arraigo a este entorno. Su cultura está profundamente ligada a la agricultura, la espiritualidad y la comunidad.

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Mujeres de la tribu de los ifugao vestidas de gala. [Foto: C.Cros]

Viven en casas elevadas de madera y bambú llamadas nipa huts, sostenidas sobre pilotes para protegerse de la humedad, con tejados puntiagudos cubiertos de hojas de palma. Estas viviendas tradicionales no solo ofrecen refugio físico, sino que también son símbolo de la sabiduría constructiva de los ifugao. En su interior, objetos ceremoniales, utensilios de cocina de barro y herramientas de cultivo conviven con la vida diaria.

El arroz como ritual, sustento y símbolo de identidad

Para los habitantes de Batad, el arroz no es solo alimento. Es símbolo de vida, de continuidad y de respeto a los ancestros. Cada grano se cultiva con una mezcla de técnica y espiritualidad, y las etapas del cultivo están acompañadas por ceremonias tradicionales que involucran cantos, ofrendas y festividades comunitarias.

Las variedades más cultivadas en estas terrazas son el arroz rojo y el tinawon dos tipos autóctonos de grano corto, sabor terroso y alto contenido nutricional. El tinawon es una variedad patrimonial que tarda seis meses en madurar y solo se siembra y cosecha una vez al año, —como indica su nombre tinawon significa “una vez al año” en la lengua local—. Este arroz es de grano corto, con variedades rojas, blancas e incluso moradas. Su sabor es profundo, con notas a nuez, tierra húmeda y una textura firme y nutritiva. Requiere más tiempo y dedicación que las variedades comerciales, pero a cambio ofrece una calidad inigualable.

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[Foto: C.Cros]

El cultivo del tinawon va acompañado de rituales ancestrales. La siembra, la cosecha y la limpieza de los canales de riego son momentos sagrados, marcados por la presencia del mumbaki, el chamán que conecta al pueblo con sus antepasados. Estos rituales, que incluyen danzas, cantos y ofrendas, reafirman el vínculo entre la comunidad y su entorno.

Aunque la producción de arroz no es suficiente para la exportación, sí permite a las familias de Batad autoabastecerse durante buena parte del año. El excedente se vende en pequeños mercados en Banaue o Bontoc, y cada saco es cosechado a mano, secado al sol y empaquetado por la misma familia que lo cultivó.

Cocinar el arroz al estilo ifugao

Una vez recolectado, el arroz tinawon no se cocina de cualquier forma. Se prepara siguiendo el estilo tradicional ifugao, una técnica que honra el producto desde su origen. El grano se lava con agua de manantial, se envuelve en hojas de plátano y se cuece lentamente al vapor en cestas de bambú o en recipientes de barro, colocados sobre leña de madera dura.

Este método preserva los nutrientes del arroz, intensifica su sabor natural y le aporta un aroma terroso con toques vegetales. El arroz cocido se acompaña con guisos sencillos: verduras silvestres como sayote o helechos, pescado seco, carne ahumada o caldo de pollo nativo. Comer arroz en Batad es una ceremonia diaria que celebra el trabajo colectivo, la paciencia y el respeto por la tierra.

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Viviendas en Batad. [Foto: C.Cros]

Preservar las terrazas de Batad: desafíos reales y soluciones locales

En un mundo cada vez más rápido y urbanizado, las terrazas de Batad enfrentan desafíos. La migración de los jóvenes hacia ciudades más grandes, el abandono de campos y el cambio climático amenazan este delicado equilibrio. Las lluvias son más intensas, los deslaves más frecuentes y las plagas más impredecibles.

Sin embargo, hay señales de esperanza. Varios proyectos locales y ONGs han impulsado programas de agroturismo, donde los visitantes no solo observan, sino que participan: siembran, cosechan o aprenden a cocinar arroz al estilo ifugao. También se están promoviendo variedades resistentes y técnicas de cultivo adaptadas al nuevo contexto climático.

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Ladera aterrazada donde se aprecia el desnivel. [Foto: C.Cros]

El propio turismo, cuando se gestiona de forma ética, ha servido para revitalizar la economía de Batad. Los ingresos permiten a las familias conservar las terrazas, reparar muros y mantener viva la cultura. El visitante está pasando de ser un mero espectador a ser parte de la cadena que protege este patrimonio.

Cómo llegar y cuándo visitar este rincón escondido

Visitar Batad es una experiencia que exige voluntad y cierta resistencia física, pero que compensa con creces. Desde Manila, se puede tomar un autobús nocturno a Banaue (9 a 10 horas), y desde allí un jeepney o triciclo hasta la carretera que lleva a Batad. Los últimos 40 a 60 minutos se recorren a pie, por un sendero que atraviesa bosques y pequeñas aldeas. Conviene llevar calzado resistente, ya que el terreno puede ser irregular.

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Terrazas de Batad en primavera, empieza a brotar el arroz joven.

La mejor época para visitar las terrazas es entre abril y junio, cuando el arroz joven brota y todo el valle se tiñe de un verde vibrante. En este momento, las terrazas se visten de un verde brillante, casi fosforescente, que parece encenderse con la luz difusa del amanecer entre la niebla. La armonía entre clima, cultivo y altitud crea un espectáculo natural imposible de reproducir en otro lugar del mundo.

Entre julio y agosto las lluvias son frecuentes, y aunque el paisaje es igualmente impresionante, los accesos pueden complicarse.

Otra opción es octubre, justo antes de la cosecha, cuando los campos adquieren un tono dorado, la actividad agrícola está en su punto más alto y el valle huele a cereal maduro. Es la época de los rituales de agradecimiento, de las fiestas comunitarias y de las ofrendas por la buena cosecha.

Quienes deseen profundizar en la cultura local pueden alojarse en homestays regentados por familias ifugao, donde es posible probar arroz cocido en hojas de plátano, escuchar leyendas alrededor del fuego y despertar con el canto de los gallos entre la niebla.

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Tappiyah Falls en Banaue. Foto: C.Cros]

Batad y la sabiduría milenaria de la sostenibilidad

Batad no es un destino de paso. Es un lugar que se gana paso a paso, en silencio, y que devuelve a quien lo visita una lección sobre lo que significa convivir con la tierra. Las terrazas son arquitectura agrícola y también la expresión de un pueblo que ha sabido entender su entorno, adaptarse y prosperar sin destruirlo.

Cada muro levantado a mano, cada canal excavado sin maquinaria, cada puñado de arroz plantado con paciencia, nos recuerda que la sostenibilidad no es una moda, sino una sabiduría milenaria. Y que aún hay lugares en el mundo donde el futuro se cultiva con los pies en la tierra y los ojos puestos en el cielo.

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<h1>Terrazas de arroz de Batad, viaje a la joya agrícola de Filipinas</h1>
<h2 class="wp-block-heading">Terrazas de arroz de Batad: el alma verde de las montañas filipinas</h2>



<p>Desde las playas cristalinas de <strong>Palawan</strong> hasta las calles bulliciosas de <strong>Manila</strong>, <strong>Filipinas es un país de contrastes</strong>. Pero basta con dejar atrás la costa para adentrarse en el corazón montañoso de <strong>Luzón</strong> y descubrir un mundo completamente diferente. Allí, entre colinas esmeralda y neblinas persistentes, se encuentran las <strong>Terrazas de Arroz de Batad</strong>, una obra maestra de la ingeniería agrícola que se funde con la naturaleza y la cultura ancestral del pueblo <strong><em>ifugao</em></strong>.</p>



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<p>La primera vista de <strong>Batad </strong>no se olvida. Tras horas de carretera y una caminata serpenteante, aparece un anfiteatro natural donde el tiempo parece haber hecho una pausa. Escalones verdes moldean las laderas como una espiral de jade. El aire es denso y vegetal, con aroma a musgo, agua dulce y arroz recién brotado. Es una sensación de llegar a un lugar que no fue hecho para turistas, sino para permanecer.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">Un legado milenario que respira entre piedras y barro</h2>



<p>Las terrazas de arroz de <strong>Batad</strong> no solo impresionan por su belleza, sino también por su magnitud. Están situadas a unos <strong>1.500 metros sobre el nivel del mar</strong>, en la vertiente oriental de la <strong>Cordillera Central de Luzón</strong>. En conjunto, este sistema agrícola ancestral abarca más de <strong>10.360 km² de montaña</strong> esculpida, en un equilibrio casi perfecto entre la mano humana y la naturaleza.</p>



<p>Su origen se remonta a <strong>más de dos mil años</strong>, cuando los pueblos <strong><em>ifugao</em></strong> comenzaron a tallar la montaña con paciencia y sabiduría. Cada contorno fue adaptado para retener el agua y permitir el cultivo en pendientes imposibles. <strong>Sin maquinaria moderna,</strong> con herramientas de madera, piedra y la fuerza de las manos, dieron forma a un sistema que aún hoy funciona con sorprendente precisión.</p>



<p>Los muros de piedra se levantan sin mortero, reteniendo el suelo fértil traído desde zonas más bajas. El agua desciende desde manantiales en la cima de la cordillera y se canaliza con una ingeniería natural que imita los cauces fluviales. <strong>Todo en Batad habla de equilibrio: entre geografía y necesidad, entre tradición y subsistencia</strong>.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">La tribu de los Ifugao, los guardianes de las montañas y del arroz</h2>



<p>Los principales protagonistas de esta maravilla son los <strong><em>ifugao</em></strong>, un grupo indígena filipino que ha habitado estas montañas desde hace siglos. El término <strong><em>“ifugao”</em></strong> proviene de <strong><em>ipugo</em></strong> (habitante de la colina) y <strong><em>pugaw</em></strong> (tierra), haciendo referencia a su arraigo a este entorno. Su cultura está profundamente ligada a la agricultura, la espiritualidad y la comunidad.</p>



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<p>Viven en casas elevadas de madera y bambú llamadas <strong><em>nipa huts</em></strong>, sostenidas sobre pilotes para protegerse de la humedad, con tejados puntiagudos cubiertos de hojas de palma. Estas viviendas tradicionales no solo ofrecen refugio físico, sino que también son símbolo de la sabiduría constructiva de los <strong><em>ifugao</em></strong>. En su interior, objetos ceremoniales, utensilios de cocina de barro y herramientas de cultivo conviven con la vida diaria.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">El arroz como ritual, sustento y símbolo de identidad</h2>



<p>Para los habitantes de <strong>Batad</strong>, el arroz no es solo alimento. Es símbolo de vida, de continuidad y de respeto a los ancestros. Cada grano se cultiva con una mezcla de técnica y espiritualidad, y las etapas del cultivo están acompañadas por ceremonias tradicionales que involucran cantos, ofrendas y festividades comunitarias.</p>



<p>Las variedades más cultivadas en estas terrazas son el arroz rojo y el <strong><em>tinawon</em></strong> dos tipos autóctonos de grano corto, sabor terroso y alto contenido nutricional. El <strong><em>tinawon </em></strong>es una variedad patrimonial que tarda seis meses en madurar y solo se siembra y cosecha una vez al año, —como indica su nombre <em><strong>tinawon</strong></em> significa <strong>“una vez al año”</strong> en la lengua local—. Este arroz es de grano corto, con variedades rojas, blancas e incluso moradas. Su sabor es profundo, con notas a nuez, tierra húmeda y una textura firme y nutritiva. Requiere más tiempo y dedicación que las variedades comerciales, pero a cambio ofrece una calidad inigualable.</p>



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<p>Aunque la producción de arroz no es suficiente para la exportación, sí permite a las familias de <strong>Batad </strong>autoabastecerse durante buena parte del año. El excedente se vende en pequeños mercados en <strong>Banaue </strong>o<strong> Bontoc</strong>, y cada saco es cosechado a mano, secado al sol y empaquetado por la misma familia que lo cultivó.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cocinar el arroz al estilo ifugao</h2>



<p>Una vez recolectado, el arroz <strong><em>tinawon</em></strong> no se cocina de cualquier forma. Se prepara siguiendo el estilo tradicional <strong><em>ifugao</em></strong>, una técnica que honra el producto desde su origen. El grano se lava con agua de manantial, se envuelve en hojas de plátano y se cuece lentamente al vapor en cestas de bambú o en recipientes de barro, colocados sobre leña de madera dura.</p>



<p>Este método preserva los nutrientes del arroz, intensifica su sabor natural y le aporta un aroma terroso con toques vegetales. El arroz cocido se acompaña con guisos sencillos: verduras silvestres como <strong><em>sayote </em></strong>o helechos, pescado seco, carne ahumada o caldo de pollo nativo. Comer arroz en <strong>Batad</strong> es una ceremonia diaria que celebra el trabajo colectivo, la paciencia y el respeto por la tierra.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">Preservar las terrazas de Batad: desafíos reales y soluciones locales</h2>



<p>En un mundo cada vez más rápido y urbanizado, <strong>las terrazas de Batad enfrentan desafíos.</strong> La migración de los jóvenes hacia ciudades más grandes, el abandono de campos y el cambio climático amenazan este delicado equilibrio. Las lluvias son más intensas, los deslaves más frecuentes y las plagas más impredecibles.</p>



<p>Sin embargo, hay señales de esperanza. Varios proyectos locales y ONGs han impulsado <strong>programas de agroturismo</strong>, donde los visitantes no solo observan, sino que participan: siembran, cosechan o aprenden a cocinar arroz al estilo ifugao. También se están promoviendo variedades resistentes y técnicas de cultivo adaptadas al nuevo contexto climático.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-12-1200x900.webp" alt="Imagen de Terrazas de arroz de Batad, viaje a la joya agrícola de Filipinas" class="wp-image-7554" title="Imagen de Terrazas de arroz de Batad, viaje a la joya agrícola de Filipinas 31" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-12-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-12-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-12-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-12-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-12.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Ladera aterrazada donde se aprecia el desnivel. [Foto: C.Cros]</figcaption></figure>



<p>El propio turismo, cuando se gestiona de forma ética, ha servido para revitalizar la economía de <strong>Batad. </strong>Los ingresos permiten a las familias conservar las terrazas, reparar muros y mantener viva la cultura. El visitante está pasando de ser un mero espectador a ser parte de la cadena que protege este patrimonio.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cómo llegar y cuándo visitar este rincón escondido</h2>



<p>Visitar <strong>Batad </strong>es una experiencia que exige voluntad y cierta resistencia física, pero que compensa con creces. Desde <strong>Manila</strong>, se puede tomar un autobús nocturno a <strong>Banaue</strong> (9 a 10 horas), y desde allí un jeepney o triciclo hasta la carretera que lleva a<strong> Batad</strong>. Los últimos 40 a 60 minutos se recorren a pie, por un sendero que atraviesa bosques y pequeñas aldeas. Conviene llevar calzado resistente, ya que el terreno puede ser irregular.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-16-1200x900.webp" alt="Imagen de Terrazas de arroz de Batad, viaje a la joya agrícola de Filipinas" class="wp-image-7553" title="Imagen de Terrazas de arroz de Batad, viaje a la joya agrícola de Filipinas 32" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-16-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-16-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-16-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-16-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-16.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Terrazas de Batad en primavera, empieza a brotar el arroz joven.</figcaption></figure>



<p>La mejor época para visitar las terrazas es entre <strong>abril y junio</strong>, cuando el arroz joven brota y todo el valle se tiñe de un verde vibrante. En este momento, las terrazas se visten de un verde brillante, casi fosforescente, que parece encenderse con la luz difusa del amanecer entre la niebla. La armonía entre clima, cultivo y altitud crea un espectáculo natural imposible de reproducir en otro lugar del mundo.</p>



<p>Entre <strong>julio y agosto</strong> las lluvias son frecuentes, y aunque el paisaje es igualmente impresionante, los accesos pueden complicarse.</p>



<p>Otra opción es <strong>octubre</strong>, justo antes de la cosecha, cuando los campos adquieren un tono dorado, la actividad agrícola está en su punto más alto y el valle huele a cereal maduro. Es la época de los rituales de agradecimiento, de las fiestas comunitarias y de las ofrendas por la buena cosecha.</p>



<p>Quienes deseen profundizar en la cultura local pueden alojarse en <strong><em>homestays</em></strong> regentados por familias ifugao, donde es posible probar arroz cocido en hojas de plátano, escuchar leyendas alrededor del fuego y despertar con el canto de los gallos entre la niebla.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-8-1-1200x900.webp" alt="Imagen de Terrazas de arroz de Batad, viaje a la joya agrícola de Filipinas" class="wp-image-7556" title="Imagen de Terrazas de arroz de Batad, viaje a la joya agrícola de Filipinas 33" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-8-1-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-8-1-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-8-1-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-8-1-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2025/08/Pagina-8-1.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Tappiyah Falls en Banaue. Foto: C.Cros]</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Batad y la sabiduría milenaria de la sostenibilidad</h2>



<p>Batad no es un destino de paso. Es un lugar que se gana paso a paso, en silencio, y que devuelve a quien lo visita una lección sobre lo que significa convivir con la tierra. Las terrazas son arquitectura agrícola y también la expresión de un pueblo que ha sabido entender su entorno, adaptarse y prosperar sin destruirlo.</p>



<p>Cada muro levantado a mano, cada canal excavado sin maquinaria, cada puñado de arroz plantado con paciencia, nos recuerda que la sostenibilidad no es una moda, sino una sabiduría milenaria. Y que aún hay lugares en el mundo donde el futuro se cultiva con los pies en la tierra y los ojos puestos en el cielo.</p>



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<p>Este artículo fue publicado originalmente en <a href="https://geogastronomica.com/">GEOgastronómica</a>. Lea el <a href="https://geogastronomica.com/terrazas-de-arroz-de-batad-viaje-a-la-joya-agricola-de-filipinas/">original</a>.</p></div>
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