Juan Carlos Callejas, chef y pintor: platos rotos sobre el lienzo

Juan Carlos Callejas, el artista zaragozano lleva lleva la tensión de la cocina al lienzo con platos rotos, vino y especias.

Paco Doblas Gálvez
5 de junio de 2026
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Índice

PODCAST #25: Juan Carlos Callejas, chef y pintor: platos rotos sobre el lienzo

Juan Carlos Callejas: el chef y pintor que cocina con memoria

Juan Carlos Callejas no llega al lienzo con pinceles limpios. Llega con platos rotos, especias, pimienta, colorante alimentario, aceite de oliva y vino tinto. Material de cocina. Material que mancha, huele y deja rastro.

“En mi última obra he metido platos rotos, pintura, especias, bolitas de pimienta, colorante alimentario, aceite de oliva e incluso vino tinto. A nivel mental me está dando una energía impresionante”, cuenta. Ahí está el asunto. La cocina entra en el cuadro con grasa, color y ruido de vajilla rota.

Juan Carlos Callejas es zaragozano, chef y pintor y trabaja desde la materia. Textura, emoción, oficio, viaje y memoria. Cocina y pintura como dos formas de tocar el mundo antes de intentar explicarlo.

Imagen de Juan Carlos Callejas, chef y pintor: platos rotos sobre el lienzo

Primero fue la pintura

“Primero fue el pintor hace 27 años y la cocina apareció con el paso de los años. Hacía cenas en casa, luego comencé en restaurantes a hacer pequeños apoyos”, recuerda.

La frase desmonta el tópico del cocinero que pinta como pasatiempo elegante. En su caso, la pintura llegó primero y dejó una manera de mirar. Callejas se define como pintor desde “un escape de mis sentimientos”. Siempre ha buscado eso, dice, y las texturas le dan mucho juego. Su obra se mueve en una abstracción matérica: capas, relieves, manchas y color.

La cocina apareció después, por la puerta doméstica. Cenas en casa. Amigos. Pruebas. Luego llegaron los restaurantes. Y con ellos la parte dura: horarios, presión, errores, cansancio, comandas. La cocina no espera a que estés inspirado.

Imagen de Juan Carlos Callejas, chef y pintor: platos rotos sobre el lienzo

Cuando un postre empezó a parecerse a un cuadro

El cruce entre cocina y pintura llegó mirando. Mirando. “No fue hace tantos años. Hacía mucha pintura con texturas, yo cocinaba y en un restaurante me di cuenta de que las texturas que veía en postres y platos de cocina me recordaban a la pintura y a sus texturas. Dije: tengo que relacionar la cocina con la pintura. Y empecé a presentar los platos de otra manera”.

Ahí se entiende a Callejas. Ve una crema, una salsa, un crujiente, un brillo, una superficie irregular, y reconoce un lenguaje. El plato deja de ser montaje culinario. El cuadro deja de ser pura pintura. Entre ambos aparece una zona intermedia donde mandan las manos.

Imagen de Juan Carlos Callejas, chef y pintor: platos rotos sobre el lienzo

La primera obra donde juntó esos mundos nació con delantales antiguos.

“La primera obra que hice fue con delantales míos antiguos. Hice una composición de un metro y medio y me pareció alucinante presentar el momento de mucha tensión en la cocina y aplicarlo al cuadro”.

Un delantal viejo sabe más de cocina que muchos discursos de congreso. Ha estado ahí cuando la sala esperaba, cuando una comanda caía a destiempo. Llevarlo al lienzo es sacar a la luz la cocina antes del aplauso, antes de la foto, antes del plato limpio.

Los delantales no decoran: testifican. Callejas lleva la cocina al cuadro con su desgaste, su energía y su punto de violencia cotidiana.

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El plato se va; el cuadro se queda

La pregunta era obligada: ¿un plato puede ser una obra de arte? Callejas responde sin inflar el globo.
“Al final es una obra efímera, pero no es lo mismo que un cuadro. El plato no va a existir más, pero un cuadro que haces lo valoro más, lo voy a tener siempre y va a estar en un sitio donde la gente lo pueda ver”.

La cocina contemporánea lleva años coqueteando con el museo. A veces lo hace con talento. Otras veces acaba en una espuma solemne que nadie pidió. Callejas introduce una diferencia esencial: el plato nace para desaparecer. Se sirve, se come, se enfría, se recuerda o se olvida. El cuadro permanece. Puede mirarse después, incomodar y acompañar.

Esa condición efímera vuelve la cocina más exigente. Un plato tiene poco tiempo para decir algo. Si falla, no hay coartada. Si emociona, lo hace con una intensidad extraña, porque sabemos que va a desaparecer.

La cocina duele más

Callejas es autodidacta como artista y como cocinero. Esa doble condición suena romántica, hasta que recordamos que aprender solo implica golpes que nadie aplaude. “La pintura he tenido obras muy complicadas cuando empecé, soy autodidacta como artista y cocinero, pero para mí la cocina ha sido bastante más dura”, afirma.

Tiene sentido. La pintura puede ser cruel, pero el lienzo no grita comandas. No devuelve un plato. La cocina profesional es física, inmediata y poco sentimental. Exige precisión, fuego real y gente esperando.
Por eso interesa Callejas. Porque habla desde alguien que sabe que el oficio mancha, aprieta y a veces duele.

Bolivia, Japón y China: viajar para volver distinto

Callejas se define como chef desde la cocina del mundo, la cocina de mercado y las culturas vividas. “La cocina para mí es definir lo que me gusta y diferentes culturas que he vivido”, dice. Ahí entra el viaje, entendido como algo más serio que acumular fotos y platos exóticos.

“El viaje más potente fue a La Paz, en Bolivia. Estuve trabajando para una ONG cocinando y pintando e incluso hice un cuadro que dejé allí. Los viajes me aportan a la cultura y al arte. Cuando regresé gané el Premio Delegación del Gobierno de Aragón y para mí fue el sumun de todo”.

Bolivia aparece como viaje de sacudida. Cocina, pintura, trabajo con una ONG, un cuadro que se queda allí. Después, el regreso y un premio que cierra de alguna manera el círculo.
Sus últimos viajes han sido Japón y China. “Estos países aportan mucho a nivel de cocina y de arte, es otro mundo”. Japón y China no son únicamente destinos; son sistemas de sensibilidad. Técnica, gesto, mercado, ceremonia, producto, composición, paciencia.

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Zaragoza, Aragón y la materia que queda

Cuando se le pregunta si elegiría la pintura para seguir viviendo, Callejas ríe. “Vivir de la pintura es complicado, pero no dejaría la pintura. Seguiría cocinando para mí y mis amigos”.

La frase tiene una verdad sencilla. Hay oficios que no se abandonan aunque no siempre paguen todas las facturas. Se sigue pintando porque algo dentro pide salida. Se sigue cocinando porque dar de comer a los amigos continúa siendo una de las formas más limpias de afecto.

En Juan Carlos Callejas, cocina, pintura y viaje forman una misma manera de mirar. El aceite, el vino, la pimienta, el delantal usado, el plato roto, Bolivia, Japón, China, la textura de un postre y la tierra aragonesa terminan hablando entre sí.

Quizá ahí esté la invitación final: visitar Zaragoza y Aragón con otros ojos. Entrar en sus mercados, mirar sus productos, entender que la gastronomía vive en la materia y en la gente que cocina.
La cultura gastronómica vive en el rastro. En lo que queda después del servicio, después del viaje y después de mirar un cuadro que, de pronto, parece oler a vino, pimienta y aceite.

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<h1>Juan Carlos Callejas, chef y pintor: platos rotos sobre el lienzo</h1>
<h2 class="wp-block-heading">PODCAST #25: Juan Carlos Callejas, chef y pintor: platos rotos sobre el lienzo</h2>



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<h2 class="wp-block-heading">Juan Carlos Callejas: el chef y pintor que cocina con memoria</h2>



<p><strong>Juan Carlos Callejas</strong> no llega al lienzo con pinceles limpios. Llega con platos rotos, especias, pimienta, colorante alimentario, aceite de oliva y vino tinto. Material de cocina. Material que mancha, huele y deja rastro. </p>



<p>“En mi última obra he metido platos rotos, pintura, especias, bolitas de pimienta, colorante alimentario, aceite de oliva e incluso vino tinto. A nivel mental me está dando una energía impresionante”, cuenta. Ahí está el asunto. La cocina entra en el cuadro con grasa, color y ruido de vajilla rota.</p><div class="geoad-inline-inject"><div class="geoad-wrap"><div class="geoad-zone geoad-zone--horizontal" data-zone="subcategoria_vertical_2"><div class="geoad-banner active" data-ad-id="10282" data-mostrar-publicidad="0"><a href="https://geogastronomica.com/newsletter/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><picture><source media="(max-width: 767px)" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133235.613.webp"><img src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133212.029.webp" alt="Suscripción gratuita Newsletter" loading="lazy" width="1230" height="350"></picture></a></div><a class="geoad-label geoad-label--hidden" href="https://geogastronomica.com/politica-privacidad/" target="_blank" rel="noopener noreferrer nofollow">Publicidad</a></div></div></div>



<p><strong>Juan Carlos Callejas</strong> es zaragozano, chef y pintor y trabaja desde la materia. Textura, emoción, oficio, viaje y memoria. Cocina y pintura como dos formas de tocar el mundo antes de intentar explicarlo.</p>



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<p>“Primero fue el pintor hace 27 años y la cocina apareció con el paso de los años. Hacía cenas en casa, luego comencé en restaurantes a hacer pequeños apoyos”, recuerda.</p>



<p>La frase desmonta el tópico del cocinero que pinta como pasatiempo elegante. En su caso, la pintura llegó primero y dejó una manera de mirar. Callejas se define como pintor desde “un escape de mis sentimientos”. Siempre ha buscado eso, dice, y las texturas le dan mucho juego. Su obra se mueve en una abstracción matérica: capas, relieves, manchas y color.</p>



<p>La cocina apareció después, por la puerta doméstica. Cenas en casa. Amigos. Pruebas. Luego llegaron los restaurantes. Y con ellos la parte dura: horarios, presión, errores, cansancio, comandas. La cocina no espera a que estés inspirado.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">Cuando un postre empezó a parecerse a un cuadro</h2>



<p>El cruce entre cocina y pintura llegó mirando. Mirando. “No fue hace tantos años. Hacía mucha pintura con texturas, yo cocinaba y en un restaurante me di cuenta de que las texturas que veía en postres y platos de cocina me recordaban a la pintura y a sus texturas. Dije: tengo que relacionar la cocina con la pintura. Y empecé a presentar los platos de otra manera”.</p>



<p>Ahí se entiende a Callejas. Ve una crema, una salsa, un crujiente, un brillo, una superficie irregular, y reconoce un lenguaje. El plato deja de ser montaje culinario. El cuadro deja de ser pura pintura. Entre ambos aparece una zona intermedia donde mandan las manos.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">La primera obra donde juntó esos mundos nació con delantales antiguos.</h2>



<p>“La primera obra que hice fue con delantales míos antiguos. Hice una composición de un metro y medio y me pareció alucinante presentar el momento de mucha tensión en la cocina y aplicarlo al cuadro”.</p><div class="geoad-inline-inject"><div class="geoad-wrap"><div class="geoad-zone geoad-zone--horizontal" data-zone="subcategoria_vertical_2"><div class="geoad-banner active" data-ad-id="10282" data-mostrar-publicidad="0"><a href="https://geogastronomica.com/newsletter/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><picture><source media="(max-width: 767px)" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133235.613.webp"><img src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133212.029.webp" alt="Suscripción gratuita Newsletter" loading="lazy" width="1230" height="350"></picture></a></div><a class="geoad-label geoad-label--hidden" href="https://geogastronomica.com/politica-privacidad/" target="_blank" rel="noopener noreferrer nofollow">Publicidad</a></div></div></div>



<p>Un delantal viejo sabe más de cocina que muchos discursos de congreso. Ha estado ahí cuando la sala esperaba, cuando una comanda caía a destiempo. Llevarlo al lienzo es sacar a la luz la cocina antes del aplauso, antes de la foto, antes del plato limpio.</p>



<p>Los delantales no decoran: testifican. Callejas lleva la cocina al cuadro con su desgaste, su energía y su punto de violencia cotidiana.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">El plato se va; el cuadro se queda</h2>



<p>La pregunta era obligada: ¿un plato puede ser una obra de arte? Callejas responde sin inflar el globo.<br>“Al final es una obra efímera, pero no es lo mismo que un cuadro. El plato no va a existir más, pero un cuadro que haces lo valoro más, lo voy a tener siempre y va a estar en un sitio donde la gente lo pueda ver”.</p>



<p>La cocina contemporánea lleva años coqueteando con el museo. A veces lo hace con talento. Otras veces acaba en una espuma solemne que nadie pidió. Callejas introduce una diferencia esencial: el plato nace para desaparecer. Se sirve, se come, se enfría, se recuerda o se olvida. El cuadro permanece. Puede mirarse después, incomodar y acompañar.</p>



<p>Esa condición efímera vuelve la cocina más exigente. Un plato tiene poco tiempo para decir algo. Si falla, no hay coartada. Si emociona, lo hace con una intensidad extraña, porque sabemos que va a desaparecer.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La cocina duele más</h2>



<p><strong>Callejas</strong> es autodidacta como artista y como cocinero. Esa doble condición suena romántica, hasta que recordamos que aprender solo implica golpes que nadie aplaude. “La pintura he tenido obras muy complicadas cuando empecé, soy autodidacta como artista y cocinero, pero para mí la cocina ha sido bastante más dura”, afirma.</p>



<p>Tiene sentido. La pintura puede ser cruel, pero el lienzo no grita comandas. No devuelve un plato. La cocina profesional es física, inmediata y poco sentimental. Exige precisión, fuego real y gente esperando.<br>Por eso interesa Callejas. Porque habla desde alguien que sabe que el oficio mancha, aprieta y a veces duele.</p>



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<p>Callejas se define como chef desde la cocina del mundo, la cocina de mercado y las culturas vividas. “La cocina para mí es definir lo que me gusta y diferentes culturas que he vivido”, dice. Ahí entra el viaje, entendido como algo más serio que acumular fotos y platos exóticos.</p>



<p>“El viaje más potente fue a La Paz, en Bolivia. Estuve trabajando para una ONG cocinando y pintando e incluso hice un cuadro que dejé allí. Los viajes me aportan a la cultura y al arte. Cuando regresé gané el Premio Delegación del Gobierno de Aragón y para mí fue el sumun de todo”.</p>



<p>Bolivia aparece como viaje de sacudida. Cocina, pintura, trabajo con una ONG, un cuadro que se queda allí. Después, el regreso y un premio que cierra de alguna manera el círculo.<br>Sus últimos viajes han sido Japón y China. “Estos países aportan mucho a nivel de cocina y de arte, es otro mundo”. Japón y China no son únicamente destinos; son sistemas de sensibilidad. Técnica, gesto, mercado, ceremonia, producto, composición, paciencia.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">Zaragoza, Aragón y la materia que queda</h2>



<p>Cuando se le pregunta si elegiría la pintura para seguir viviendo, Callejas ríe. “Vivir de la pintura es complicado, pero no dejaría la pintura. Seguiría cocinando para mí y mis amigos”.</p>



<p>La frase tiene una verdad sencilla. Hay oficios que no se abandonan aunque no siempre paguen todas las facturas. Se sigue pintando porque algo dentro pide salida. Se sigue cocinando porque dar de comer a los amigos continúa siendo una de las formas más limpias de afecto.</p>



<p>En Juan Carlos Callejas, cocina, pintura y viaje forman una misma manera de mirar. El aceite, el vino, la pimienta, el delantal usado, el plato roto, Bolivia, Japón, China, la textura de un postre y la tierra aragonesa terminan hablando entre sí.</p>



<p>Quizá ahí esté la invitación final: visitar Zaragoza y Aragón con otros ojos. Entrar en sus mercados, mirar sus productos, entender que la gastronomía vive en la materia y en la gente que cocina.<br>La cultura gastronómica vive en el rastro. En lo que queda después del servicio, después del viaje y después de mirar un cuadro que, de pronto, parece oler a vino, pimienta y aceite.</p>



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<p>Este artículo fue publicado originalmente en <a href="https://geogastronomica.com/">GEOgastronómica</a>. Lea el <a href="https://geogastronomica.com/juan-carlos-callejas-chef-pintor-platos-rotos-lienzo/">original</a>.</p></div>
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