“Un viaje como otro cualquiera”, de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota

Una vuelta al mundo con Valentín Dieste por los grandes destinos sagrados del planeta.

Paco Doblas Gálvez
17 de abril de 2026
Compartir en:

Índice

PODCAST #21: “Un viaje como otro cualquiera”, de Valentín Dieste, viajar para volver menos idiota

Hay libros de viajes que nacen para exhibir kilómetros, templos y postales. Luego están los que traen otra cosa: polvo de carretera, una conversación verdadera y la impresión de que alguien ha pasado por allí con los ojos bien abiertos. Un viaje como otro cualquiera, el primer libro de Valentín Dieste, pertenece a esa segunda estirpe.

La premisa podría haber derivado en un catálogo de exotismos: una vuelta al mundo por algunos de los grandes lugares sagrados del planeta. Estambul, Jerusalén, India, Bangkok, Myanmar, China, Tíbet, Japón, México, Perú y Roma. En manos de Dieste, sin embargo, ese recorrido adquiere espesor, gana profundidad y se convierte en algo más valioso: un relato con verdad humana, lejos de esa literatura de viajes que a veces se mira demasiado en el espejo.

Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota
Mezquita de Solimán de Estambul, Turquía.

Valentín Dieste, nacido en Jaca, es filólogo, divulgador de historia y religiones y guía de viajes. Lleva años recorriendo el mundo con grupos reducidos, y también a solas, con una mezcla de curiosidad, contexto y falta de solemnidad que se agradece. Cuando se detiene en Zaragoza, la ciudad donde vive, da charlas, cursos y conferencias. Ahora ha puesto ese sedimento en su primer libro, Un viaje como otro cualquiera, publicado por Pregunta Ediciones en marzo de 2026, con preámbulo de éste que escribe, prólogos de Pilar de la Vega, Magdalena Lasala y Marisa Cancela, y fotografía de cubierta de Paulina Aleshkina.

En ese preámbulo escribí una frase que sigue explicando bien el tono del volumen: “Valentín no escribe para demostrar que estuvo; escribe para que entiendas qué significa estar.” Ahí está el nervio del asunto. Hay viajeros que pisan una ciudad y regresan con una foto. Dieste intenta volver con una lectura del lugar, con una idea más compleja de lo que ha visto y, sobre todo, con la humildad suficiente para aceptar que el mundo no se deja resumir en cuatro estampas bien encuadradas.

El regalo de partida

Todo arranca con un regalo, un libro, y con una inquietud antigua que llevaba tiempo empujando por dentro. A partir de ahí, Valentín deja atrás la rutina y emprende una ruta sin fecha fija de regreso hacia algunos de los grandes espacios sagrados del planeta. El viaje atraviesa bazares, mezquitas, templos, ciudades densas, montañas, calles donde la fe sigue marcando el ritmo de la vida y lugares donde la historia parece todavía pegada a las paredes.

Lo interesante es que el libro no se queda en la acumulación de destinos. Va hacia otro sitio. Hace que te preguntes por qué las civilizaciones han necesitado levantar recintos sagrados, fijar peregrinaciones, construir relatos de origen y ordenar el tiempo alrededor de una fe. Hace que te preguntes en qué queda de todo eso en la calle, en los gestos, en la memoria y en la forma en que una sociedad se cuenta a sí misma. Dieste entiende que la piedra, por sí sola, no explica nada. Hace falta contexto. Hace falta oído. Hace falta haber mirado un rato más de la cuenta.

Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota
Templo Wat Paknam Phasi Charoen en Bangkok, Tailandia.

Religión, historia y calle

Valentín se define como “un apasionado de la historia y de la cultura” y añade una idea que sostiene buena parte del libro: “para entenderlas tienes que entender la religión.” La frase encierra una verdad incómoda para cierta mirada contemporánea, demasiado dispuesta a reducir la religión a una pieza de museo o a una molestia ideológica. Sin embargo, las religiones han dejado su huella en los calendarios, en la forma de las ciudades, en las prohibiciones, en las fiestas, en las cocinas, en los miedos y en las esperanzas colectivas. Creer, dudar o no creer en absoluto cambia la posición de cada cual ante el mundo, aunque no altera un hecho básico: prescindir de la religión empobrece cualquier viaje y vuelve más superficial cualquier lectura seria de una cultura.

Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota
Monjes budistas caminando por las calles de Myanmar en busca de alimentos que ofrecen los fieles. Este ritual se conoce como alms round. [Foto: Valentín Dieste]

En otro momento, Dieste recuerda una imagen que condensa muy bien el impulso del libro: “Cuando hemos ido al desierto, a las selvas, al calor de una fogata en la noche, lo primero que ves es el cielo estrellado y surge ese sentimiento de sentirse nada ni nadie, de sentir que eres una mota en el polvo del lugar.” Luego añade algo decisivo: “Una vez en la vida que entiendes eso y los procesos religiosos de las diferentes culturas puedes explicar esas culturas desde otro punto de vista.”

La idea funciona porque no suena a mística de escaparate. Suena a alguien que ha dormido lejos de casa, que ha pasado frío o cansancio, que ha mirado hacia arriba y ha entendido durante unos segundos el tamaño real del ser humano frente al paisaje, el tiempo y el misterio. Ahí el viaje deja de ser decorado y empieza a tocar una zona más seria.

El libro gana mucho cuando aparta la mirada del monumento y la lleva hacia la vida que circula a su alrededor. Lo sagrado no vive únicamente en los templos. También está en quien reza, en quien vende, en quien guía, en quien espera, en quien se santigua al paso, en quien enciende una vela y sigue con su jornada. Esa es una de las mejores intuiciones del volumen: comprender que la religión no se conserva solo en las piedras venerables, también se mueve por la calle.

Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota
Valentín Dieste en Lhasa, capital del Tibet con el Palacio Potala al fondo, antigua residencia invernal del Dalai Lama. [Foto: Valentín Dieste]

Las personas del viaje

En el libro asoma también una idea que ayuda a entender bien la mirada de Dieste sobre el viaje: “Lo más importante de un viaje son las personas con las que te vas encontrando y ver lo que te van llenando.” Ahí desaparece el artificio. El viaje deja de ser un escaparate de destinos y recupera algo mucho más valioso: la experiencia humana.

Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota
Valentín con dos alumnos del Templo Shaolin de Luoyang, China. [Foto: Valentín Dieste]

Eso encaja con lo que yo mismo quise señalar en el preámbulo cuando escribí que viajar con Valentín sale barato porque viajas varias veces: en la carretera, en la historia y en la cabeza. En estas páginas importan las conversaciones, los desvíos, las escenas mínimas y esos encuentros que cambian el tono de una jornada. Lo he visto además en dos viajes que compartimos. En Pekín nos sorprendió rompiendo el hielo con un camarero pequinés y lanzándose a hablar en chino sin tener ni idea, con esa mezcla de desparpajo y curiosidad que a veces abre más puertas que cualquier idioma bien aprendido. En Irak, en otro registro, interrumpió un partido de fútbol improvisado y se puso a jugar con unos chavales iraquíes como si llevara toda la vida entrando en barrios ajenos sin levantar barreras. A veces un viaje se decide ahí y no delante del gran monumento que sale en las guías.

Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota
Valentín Dieste en el sur de la India junto a un Brahmán, miembro de la casta sacerdotal hindú bráhmana. [Foto: Valentín Dieste]

Dieste entiende bien que las personas son la parte menos reemplazable de cualquier ruta. Podemos volver a una ciudad. Podemos revisar una fecha histórica. Podemos leer de nuevo un episodio religioso. Lo que no se repite con facilidad es una conversación verdadera en el momento exacto en que tenía que ocurrir. Esa conciencia atraviesa el libro de punta a punta y le evita caer en la trampa del exotismo bien peinado.

Un título humilde y una buena lección

Un viaje como otro cualquiera parece un título contradictorio. No lo es tanto cuando escuchamos la explicación del autor: “El título fue gracias a la sabiduría de mi mujer. A mí me gusta mucho hacer viajes al exterior y Paulina me decía que si vas a tu pueblo o al país de al lado puedes experimentar también unas emociones parecidas. Lo que tienes es que tener la mente abierta, el corazón abierto y viajar sin prejuicios.”

Ahí hay una buena lección. El título le baja el volumen a la épica y devuelve el viaje a un terreno más honesto. Nos recuerda que la intensidad no depende siempre de la distancia, del presupuesto o del exotismo. Depende de la mirada, de la disponibilidad interior, de la capacidad para dejar que un lugar nos desmonte un poco. Hay quien cruza medio planeta sin enterarse de nada. Hay quien sale a unos pocos kilómetros de casa y vuelve distinto. El libro defiende, en el fondo, esa segunda posibilidad.

Lo que el viaje le quitó y lo que le dejó

Dieste lo dice con una claridad desarmante: “Este viaje me cambió casi todo en la vida.” Después recuerda algo que dice mucho de su manera de estar en el mundo: tuvo la suerte de no tener dinero y de no poder contar con que otros se lo resolvieran. Antes de esta gran ruta ya había vivido una primera sacudida con 18 años, cuando hizo el Camino de Santiago con un amigo. Luego llegó la vuelta al mundo en solitario. Y a partir de ahí cambió su relación con las cosas, con el tiempo y con la gente.

Este viaje me cambió casi todo en la vida”

Lo formula así: “Me he despegado mucho más de los asuntos materiales, creo que ahora cuido más a la gente que me quiere y espero que mi gente esté feliz, intento decirles que las mañanas son preciosas…” La frase final vale bastante más que muchas conclusiones grandilocuentes. Después de templos, bazares, ciudades sagradas y preguntas enormes, queda algo muy simple y muy serio: cuidar mejor a la gente, rebajar la importancia de ciertas cosas y aprender a mirar la vida cotidiana con menos ceguera.

Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota
Amanecer sobre la antigua ciudad de Bagan, Myanmar.

Un viaje como otro cualquiera interesa a lectores de literatura de viajes, a curiosos de la historia de las religiones y a cualquiera que busque un libro con contexto, calle y verdad humana. No estamos ante una guía práctica ni ante un manual de iluminación amable. Estamos ante un relato de viaje con fondo, escrito por alguien que sabe que moverse sirve de poco cuando uno sigue mirando el mundo con la cabeza cerrada. Y dan ganas, claro, de salir. A Estambul, a Jerusalén, a Roma o al destino más cercano que nos obligue a mirar mejor. Esa es la mejor virtud de un libro así: empujarnos a viajar más para volver menos idiotas.

[Las declaraciones entrecomilladas de Valentín Dieste incluidas en este artículo pertenecen al podcast grabado durante la presentación del libro, ya disponible en Spotify e iVoox.]

Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota

NEWSLETTER

Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota

Si te ha gustado este artículo, es que te gusta comer con sentido y viajar con apetito.

Suscríbete gratis a GeoGastronómica y recibe antes que nadie nuestros artículos, crónicas, destinos comestibles y experiencias. Sin postureo. Solo buen comer.

Apúntate hoy y empieza a saborear el mundo desde tu bandeja de entrada.

Te puede interesar
Gastro guías
Gastro Guía de Nueva York: sabores que definen a la Gran Manzana

Sabores del mundo en una sola ciudad. Descubre los mejores restaurantes, mercados y pastelerías en esta guía gourmet definitiva para NYC.

Un plato, un destino
¿Viajarías a Perú a probar su ceviche?

Historia, variaciones y dónde probar el mejor ceviche en Perú. Una guía completa para foodies con alma viajera.

Cocineros del mundo
El alma del Pirineo aragonés se sirve en el Ansils

Vive la experiencia de Restaurante Ansils: un viaje culinario único en el Valle de Benasque.

Gastro guías
Gastro Guía de Melbourne: sabores, cultura y encanto australiano

Descubre la vibrante gastronomía de Melbourne con nuestra guía completa.

Gastro guías
Gastro Guía de Cracovia: de los pierogi al zubrówka

Qué comer en Cracovia: guía de pierogi, zurek, dulces, mercados y restaurantes con encanto en la capital cultural de Polonia.

Destinos gastronómicos
La gastronomía belga: sabores con historia en el corazón de Europa

Recorrer Bélgica con el estómago por guía es una de las formas más placenteras de entender su historia, su gente y su diversidad.

Destinos gastronómicos
Buenos Aires a mordiscos: crónica cruda y jugosa de la gran ciudad porteña

Descubre los sabores de Buenos Aires desde el asado hasta los alfajores de dulce de leche en un recorrido crudo y emocionante.

Destinos gastronómicos
Viajamos a Ciudad de México, la capital de la gastronomía mexicana y cultural

Desde tacos hasta mole: explora la riqueza gastronómica de México en un viaje de sabor, historia y cultura.

Bebidas
Vodka polaco, el símbolo líquido de Polonia

¿Qué hace diferente al vodka polaco del resto del mundo? Su elaboración con centeno o patata, su altísima pureza y su conexión cultural profunda lo convierten en una bebida con alma.

Producto
El queso Camembert de Normandía, una gloria gastronómica entre el campo, el moho y la historia

Historia, elaboración y maridaje perfecto del auténtico Camembert AOP

Republicar artículo

Si lo deseas puedes republicar este artículo, ya sea en formato impreso o digital, teniendo en cuenta las siguientes indicaciones:  atribuye claramente la autoría del artículo a GeoGastrónomica, indica que el texto fue publicado originalmente en GeoGastronómica y si realizas modificaciones, deben mantenerse bajo la misma licencia que el original y debes señalar que se han hecho cambios. Consulta aquí nuestras normas completas de republicación.

<h1>“Un viaje como otro cualquiera”, de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota</h1>
<h2 class="wp-block-heading">PODCAST #21: “Un viaje como otro cualquiera”, de Valentín Dieste, viajar para volver menos idiota</h2>



<p><iframe data-testid="embed-iframe" style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/episode/37jV2bpSzvi1M9C40HOfGj?utm_source=generator" width="100%" height="152" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe></p>



<p><iframe src="https://www.ivoox.com/player_ej_172060847_6_1.html?c1=fc5444" width="100%" height="200" frameborder="0" allowfullscreen="" scrolling="no" loading="lazy"></iframe></p>



<p>Hay libros de viajes que nacen para exhibir kilómetros, templos y postales. Luego están los que traen otra cosa: polvo de carretera, una conversación verdadera y la impresión de que alguien ha pasado por allí con los ojos bien abiertos. <em><strong>Un viaje como otro cualquiera</strong></em>, el primer libro de <strong>Valentín Dieste</strong>, pertenece a esa segunda estirpe.</p>



<p>La premisa podría haber derivado en un catálogo de exotismos: una vuelta al mundo por algunos de los grandes lugares sagrados del planeta. <strong>Estambul, Jerusalén, India, Bangkok, Myanmar, China, Tíbet, Japón, México, Perú y Roma.</strong> En manos de <strong>Dieste</strong>, sin embargo, ese recorrido adquiere espesor, gana profundidad y se convierte en algo más valioso: un relato con verdad humana, lejos de esa literatura de viajes que a veces se mira demasiado en el espejo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-14-1200x900.jpeg" alt="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota" class="wp-image-10685" title="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota 19" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-14-1200x900.jpeg 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-14-900x675.jpeg 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-14-768x576.jpeg 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-14-1536x1152.jpeg 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-14.jpeg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Mezquita de Solimán de Estambul, Turquía.</figcaption></figure>



<p><strong>Valentín Dieste</strong>, nacido en Jaca, es filólogo, divulgador de historia y religiones y guía de viajes. Lleva años recorriendo el mundo con grupos reducidos, y también a solas, con una mezcla de curiosidad, contexto y falta de solemnidad que se agradece. Cuando se detiene en <strong>Zaragoza</strong>, la ciudad donde vive, da charlas, cursos y conferencias. Ahora ha puesto ese sedimento en su primer libro, <strong><em>Un viaje como otro cualquiera</em></strong>, publicado por <strong>Pregunta Ediciones</strong> en marzo de 2026, con preámbulo de éste que escribe, prólogos de <strong>Pilar de la Vega, Magdalena Lasala y Marisa Cancela</strong>, y fotografía de cubierta de <strong>Paulina Aleshkina.</strong></p><div class="geoad-inline-inject"><div class="geoad-wrap"><div class="geoad-zone geoad-zone--horizontal" data-zone="subcategoria_vertical_2"><div class="geoad-banner active" data-ad-id="10291" data-mostrar-publicidad="0"><a href="https://geogastronomica.com/viajes/gastro-guias/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><picture><source media="(max-width: 767px)" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T134502.487-1.webp"><img src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T134423.824-1.webp" alt="GASTROGUÍAS" loading="lazy" width="1230" height="350"></picture></a></div><a class="geoad-label geoad-label--hidden" href="https://geogastronomica.com/politica-privacidad/" target="_blank" rel="noopener noreferrer nofollow">Publicidad</a></div></div></div>



<p>En ese preámbulo escribí una frase que sigue explicando bien el tono del volumen: “Valentín no escribe para demostrar que estuvo; escribe para que entiendas qué significa estar.” Ahí está el nervio del asunto. Hay viajeros que pisan una ciudad y regresan con una foto. <strong>Dieste</strong> intenta volver con una lectura del lugar, con una idea más compleja de lo que ha visto y, sobre todo, con la humildad suficiente para aceptar que el mundo no se deja resumir en cuatro estampas bien encuadradas.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El regalo de partida</h2>



<p>Todo arranca con un regalo, un libro, y con una inquietud antigua que llevaba tiempo empujando por dentro. A partir de ahí, <strong>Valentín</strong> deja atrás la rutina y emprende una ruta sin fecha fija de regreso hacia algunos de los grandes espacios sagrados del planeta. El viaje atraviesa bazares, mezquitas, templos, ciudades densas, montañas, calles donde la fe sigue marcando el ritmo de la vida y lugares donde la historia parece todavía pegada a las paredes.</p>



<p>Lo interesante es que el libro no se queda en la acumulación de destinos. Va hacia otro sitio. Hace que te preguntes por qué las civilizaciones han necesitado levantar recintos sagrados, fijar peregrinaciones, construir relatos de origen y ordenar el tiempo alrededor de una fe. Hace que te preguntes en qué queda de todo eso en la calle, en los gestos, en la memoria y en la forma en que una sociedad se cuenta a sí misma. <strong>Dieste</strong> entiende que la piedra, por sí sola, no explica nada. Hace falta contexto. Hace falta oído. Hace falta haber mirado un rato más de la cuenta.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-15-1-1200x900.jpeg" alt="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota" class="wp-image-10686" title="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota 20" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-15-1-1200x900.jpeg 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-15-1-900x675.jpeg 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-15-1-768x576.jpeg 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-15-1-1536x1152.jpeg 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-15-1.jpeg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Templo Wat Paknam Phasi Charoen en Bangkok, Tailandia.</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Religión, historia y calle</h2>



<p><strong>Valentín </strong>se define como “un apasionado de la historia y de la cultura” y añade una idea que sostiene buena parte del libro: “para entenderlas tienes que entender la religión.” La frase encierra una verdad incómoda para cierta mirada contemporánea, demasiado dispuesta a reducir la religión a una pieza de museo o a una molestia ideológica. Sin embargo, las religiones han dejado su huella en los calendarios, en la forma de las ciudades, en las prohibiciones, en las fiestas, en las cocinas, en los miedos y en las esperanzas colectivas. Creer, dudar o no creer en absoluto cambia la posición de cada cual ante el mundo, aunque no altera un hecho básico: prescindir de la religión empobrece cualquier viaje y vuelve más superficial cualquier lectura seria de una cultura.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-4-2-1200x900.jpeg" alt="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota" class="wp-image-10679" title="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota 21" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-4-2-1200x900.jpeg 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-4-2-900x675.jpeg 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-4-2-768x576.jpeg 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-4-2-1536x1152.jpeg 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-4-2.jpeg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Monjes budistas caminando por las calles de Myanmar en busca de alimentos que ofrecen los fieles. Este ritual se conoce como <em><a href="https://geogastronomica.com/comida-budista-que-comen-los-monjes-y-la-filosofia-que-transformo-la-cocina-de-medio-mundo/">alms round</a></em>. [Foto: Valentín Dieste]</figcaption></figure>



<p>En otro momento, <strong>Dieste</strong> recuerda una imagen que condensa muy bien el impulso del libro: “Cuando hemos ido al desierto, a las selvas, al calor de una fogata en la noche, lo primero que ves es el cielo estrellado y surge ese sentimiento de sentirse nada ni nadie, de sentir que eres una mota en el polvo del lugar.” Luego añade algo decisivo: “Una vez en la vida que entiendes eso y los procesos religiosos de las diferentes culturas puedes explicar esas culturas desde otro punto de vista.”</p><div class="geoad-inline-inject"><div class="geoad-wrap"><div class="geoad-zone geoad-zone--horizontal" data-zone="subcategoria_vertical_2"><div class="geoad-banner active" data-ad-id="10291" data-mostrar-publicidad="0"><a href="https://geogastronomica.com/viajes/gastro-guias/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><picture><source media="(max-width: 767px)" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T134502.487-1.webp"><img src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T134423.824-1.webp" alt="GASTROGUÍAS" loading="lazy" width="1230" height="350"></picture></a></div><a class="geoad-label geoad-label--hidden" href="https://geogastronomica.com/politica-privacidad/" target="_blank" rel="noopener noreferrer nofollow">Publicidad</a></div></div></div>



<p>La idea funciona porque no suena a mística de escaparate. Suena a alguien que ha dormido lejos de casa, que ha pasado frío o cansancio, que ha mirado hacia arriba y ha entendido durante unos segundos el tamaño real del ser humano frente al paisaje, el tiempo y el misterio. Ahí el viaje deja de ser decorado y empieza a tocar una zona más seria.</p>



<p>El libro gana mucho cuando aparta la mirada del monumento y la lleva hacia la vida que circula a su alrededor. Lo sagrado no vive únicamente en los templos. También está en quien reza, en quien vende, en quien guía, en quien espera, en quien se santigua al paso, en quien enciende una vela y sigue con su jornada. Esa es una de las mejores intuiciones del volumen: comprender que la religión no se conserva solo en las piedras venerables, también se mueve por la calle.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-10-1200x900.jpeg" alt="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota" class="wp-image-10682" title="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota 22" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-10-1200x900.jpeg 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-10-900x675.jpeg 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-10-768x576.jpeg 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-10-1536x1152.jpeg 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-10.jpeg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Valentín Dieste en Lhasa, capital del Tibet con el Palacio Potala al fondo, antigua residencia invernal del Dalai Lama. [Foto: Valentín Dieste]</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Las personas del viaje</h2>



<p>En el libro asoma también una idea que ayuda a entender bien la mirada de Dieste sobre el viaje: “Lo más importante de un viaje son las personas con las que te vas encontrando y ver lo que te van llenando.” Ahí desaparece el artificio. El viaje deja de ser un escaparate de destinos y recupera algo mucho más valioso: la experiencia humana.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-3-3-1200x900.jpeg" alt="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota" class="wp-image-10684" title="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota 23" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-3-3-1200x900.jpeg 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-3-3-900x675.jpeg 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-3-3-768x576.jpeg 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-3-3-1536x1152.jpeg 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-3-3.jpeg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Valentín con dos alumnos del <em>Templo Shaolin</em> de Luoyang, China. [Foto: Valentín Dieste]</figcaption></figure>



<p>Eso encaja con lo que yo mismo quise señalar en el preámbulo cuando escribí que viajar con <strong>Valentín </strong>sale barato porque viajas varias veces: en la carretera, en la historia y en la cabeza. En estas páginas importan las conversaciones, los desvíos, las escenas mínimas y esos encuentros que cambian el tono de una jornada. Lo he visto además en dos viajes que compartimos. En <strong>Pekín</strong> nos sorprendió rompiendo el hielo con un camarero pequinés y lanzándose a hablar en chino sin tener ni idea, con esa mezcla de desparpajo y curiosidad que a veces abre más puertas que cualquier idioma bien aprendido. En <strong>Irak</strong>, en otro registro, interrumpió un partido de fútbol improvisado y se puso a jugar con unos chavales iraquíes como si llevara toda la vida entrando en barrios ajenos sin levantar barreras. A veces un viaje se decide ahí y no delante del gran monumento que sale en las guías.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-9-1200x900.jpeg" alt="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota" class="wp-image-10683" title="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota 24" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-9-1200x900.jpeg 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-9-900x675.jpeg 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-9-768x576.jpeg 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-9-1536x1152.jpeg 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-9.jpeg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Valentín Dieste en el sur de la India junto a un Brahmán, miembro de la casta sacerdotal hindú bráhmana. [Foto: Valentín Dieste]</figcaption></figure>



<p><strong>Dieste</strong> entiende bien que las personas son la parte menos reemplazable de cualquier ruta. Podemos volver a una ciudad. Podemos revisar una fecha histórica. Podemos leer de nuevo un episodio religioso. Lo que no se repite con facilidad es una conversación verdadera en el momento exacto en que tenía que ocurrir. Esa conciencia atraviesa el libro de punta a punta y le evita caer en la trampa del exotismo bien peinado.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un título humilde y una buena lección</h2>



<p><em><strong>Un viaje como otro cualquiera</strong></em> parece un título contradictorio. No lo es tanto cuando escuchamos la explicación del autor: “El título fue gracias a la sabiduría de mi mujer. A mí me gusta mucho hacer viajes al exterior y Paulina me decía que si vas a tu pueblo o al país de al lado puedes experimentar también unas emociones parecidas. Lo que tienes es que tener la mente abierta, el corazón abierto y viajar sin prejuicios.”</p>



<p>Ahí hay una buena lección. El título le baja el volumen a la épica y devuelve el viaje a un terreno más honesto. Nos recuerda que la intensidad no depende siempre de la distancia, del presupuesto o del exotismo. Depende de la mirada, de la disponibilidad interior, de la capacidad para dejar que un lugar nos desmonte un poco. Hay quien cruza medio planeta sin enterarse de nada. Hay quien sale a unos pocos kilómetros de casa y vuelve distinto. El libro defiende, en el fondo, esa segunda posibilidad.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Lo que el viaje le quitó y lo que le dejó</h2>



<p><strong>Dieste</strong> lo dice con una claridad desarmante: “Este viaje me cambió casi todo en la vida.” Después recuerda algo que dice mucho de su manera de estar en el mundo: tuvo la suerte de no tener dinero y de no poder contar con que otros se lo resolvieran. Antes de esta gran ruta ya había vivido una primera sacudida con 18 años, cuando hizo el <strong>Camino de Santiago</strong> con un amigo. Luego llegó la vuelta al mundo en solitario. Y a partir de ahí cambió su relación con las cosas, con el tiempo y con la gente.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Este viaje me cambió casi todo en la vida”</p>
</blockquote>



<p>Lo formula así: “Me he despegado mucho más de los asuntos materiales, creo que ahora cuido más a la gente que me quiere y espero que mi gente esté feliz, intento decirles que las mañanas son preciosas…” La frase final vale bastante más que muchas conclusiones grandilocuentes. Después de templos, bazares, ciudades sagradas y preguntas enormes, queda algo muy simple y muy serio: cuidar mejor a la gente, rebajar la importancia de ciertas cosas y aprender a mirar la vida cotidiana con menos ceguera.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-16-1200x900.jpeg" alt="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota" class="wp-image-10687" title="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota 25" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-16-1200x900.jpeg 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-16-900x675.jpeg 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-16-768x576.jpeg 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-16-1536x1152.jpeg 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-16.jpeg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Amanecer sobre la antigua ciudad de Bagan, Myanmar.</figcaption></figure>



<p><em>Un viaje como otro cualquiera</em> interesa a lectores de literatura de viajes, a curiosos de la historia de las religiones y a cualquiera que busque un libro con contexto, calle y verdad humana. No estamos ante una guía práctica ni ante un manual de iluminación amable. Estamos ante un relato de viaje con fondo, escrito por alguien que sabe que moverse sirve de poco cuando uno sigue mirando el mundo con la cabeza cerrada. Y dan ganas, claro, de salir. A Estambul, a Jerusalén, a Roma o al destino más cercano que nos obligue a mirar mejor. Esa es la mejor virtud de un libro así: empujarnos a viajar más para volver menos idiotas.</p>



<p>[<em>Las declaraciones entrecomilladas de Valentín Dieste incluidas en este artículo pertenecen al podcast grabado durante la presentación del libro, ya disponible en <a href="https://open.spotify.com/episode/37jV2bpSzvi1M9C40HOfGj?si=gengN-k7SYyKOWnkx2BAvA" target="_blank" rel="noopener">Spotify</a> e <a href="http://<iframe src="https://www.ivoox.com/player_ej_172060847_6_1.html?c1=fc5444" width="100%" height="200" frameborder="0" allowfullscreen="" scrolling="no" loading="lazy"></iframe>">iVoox</a>.]</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-11-1200x900.jpeg" alt="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota" class="wp-image-10678" title="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota 26" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-11-1200x900.jpeg 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-11-900x675.jpeg 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-11-768x576.jpeg 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-11-1536x1152.jpeg 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/04/Pagina-11.jpeg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading">NEWSLETTER</h2>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="341" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133212.029-1200x341.webp" alt="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota" class="wp-image-10324" title="Imagen de "Un viaje como otro cualquiera", de Valentín Dieste: viajar más para volver menos idiota 27" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133212.029-1200x341.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133212.029-900x256.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133212.029-768x218.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133212.029-1536x437.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133212.029.webp 1920w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></figure>



<p>Si te ha gustado este artículo, es que te gusta comer con sentido y viajar con apetito.</p>



<p>Suscríbete gratis a <strong>GeoGastronómica </strong>y recibe antes que nadie nuestros artículos, crónicas, destinos comestibles y experiencias. Sin postureo. Solo buen comer.</p>



<p>Apúntate hoy y empieza a saborear el mundo desde tu bandeja de entrada.</p>



<div class="wp-block-buttons is-layout-flex wp-block-buttons-is-layout-flex">
<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://geogastronomica.com/newsletter/">SUSCRÍBETE</a></div>
</div>
<p>Este artículo fue publicado originalmente en <a href="https://geogastronomica.com/">GEOgastronómica</a>. Lea el <a href="https://geogastronomica.com/un-viaje-como-otro-cualquiera-valentin-dieste/">original</a>.</p></div>
GEO GASTRONÓMICA
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.