Egipto: navegar por el Nilo entre templos, faraones y ciudades eternas
GeoGastronómica abre una nueva expedición por todas las edades de Egipto
Índice
[En colaboración con Atlantida Travel]
La noche había borrado casi por completo las orillas del Nilo, pero Luxor seguía allí. Se adivinaban las palmeras, algunas luces dispersas y la silueta oscura de las montañas donde, durante siglos, fueron enterrados los faraones. Al otro lado del río, las columnas de los templos parecían sostener una ciudad que llevaba más de tres mil años negándose a desaparecer.
Por la mañana, el sol devolvía el color a la piedra y revelaba una geografía trazada de acuerdo con las creencias del antiguo Egipto. En la orilla oriental se levantaban los templos, los palacios y la ciudad de los vivos. En la occidental, allí donde el sol se hundía cada tarde, comenzaba el territorio de los muertos: tumbas excavadas en la roca, templos funerarios y caminos destinados a conducir a los reyes hacia la eternidad.
Nuestro viaje empezará en esa frontera. Durante los días siguientes navegaremos el Nilo desde Luxor hasta Asuán, entraremos en templos dedicados a dioses con cabeza de halcón o cuerpo de cocodrilo y descenderemos a las cámaras donde los faraones esperaban renacer. Después, Egipto cambiará de rostro en El Cairo y volverá la mirada hacia el Mediterráneo en Alejandría. Pero para comprenderlo tendremos que comenzar aquí, en la antigua Tebas, donde los hombres levantaron edificios para los dioses y escondieron a sus reyes bajo la montaña.
De esta forma comienza una nueva expedición de GeoGastronómica, diseñada por Valentín Dieste, guía de viajes, historiador y especialista en historia de las religiones, y organizada por Atlantida Travel. El viaje está abierto a un grupo muy reducido de lectores y seguidores de GeoGastronómica y tú puedes formar parte de esta expedición. Puedes consultar el programa completo y realizar la preinscripción en los siguientes enlaces:
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La ciudad de los dioses
Iniciamos nuestro viaje visitando el templo de Luxor. Aparece ante nosotros integrado en la ciudad moderna, como si el presente hubiera crecido a su alrededor. Desde allí seguiremos la avenida de esfinges hasta Karnak, un recinto que no se comprende de una sola mirada: hay que atravesarlo. Cada pilono —la gran puerta monumental flanqueada por dos macizos muros— abre otro patio, y cada patio conduce hacia columnas, obeliscos y relieves.

En la gran sala hipóstila caminaremos entre pilares que parecen formar un bosque de piedra. Karnak fue ampliado durante generaciones por faraones que añadieron monumentos, borraron nombres y grabaron los suyos. Para Valentín Dieste, esa continuidad responde a una idea esencial: “Egipto se desarrolla durante tres mil años alrededor de un mismo concepto: el orden universal”. El faraón, los dioses y la inundación del Nilo formaban parte de un equilibrio del que dependía el país.
Nuestro camino continuará hacia Dendera, uno de los templos mejor conservados de Egipto. Está dedicado a Hathor, diosa de la música, la alegría, el amor y la maternidad. Su rostro aparece en los capiteles y los techos conservan figuras astronómicas. “Es un templo apartado y lleno de connotaciones mágicas”, explica Dieste, que destaca sus colores y el célebre zodiaco de Dendera, cuyo original se encuentra hoy en el Museo del Louvre.

Después de abandonar Dendera embarcaremos en el M/S Sonesta Nile Goddess, que durante cuatro días se convertirá en nuestra casa y en el hilo conductor del viaje. Desde su cubierta veremos cómo los templos dejan paso a aldeas, cultivos y palmerales detenidos entre el agua y el desierto. Es al atardecer, cuando el sol tiñe el río de cobre y las orillas comienzan a desdibujarse, cuando el visitante comprende que navegar por el Nilo no es únicamente una forma de desplazarse, es una manera de entrar lentamente en Egipto.

La orilla donde dormían los reyes
A la mañana siguiente dejaremos temporalmente el barco y cruzaremos desde la orilla oriental de Luxor hasta la occidental, el territorio que los antiguos egipcios reservaron para sus muertos. Los Colosos de Memnón nos recibirán sentados frente a la llanura, dos gigantes que formaron parte del templo funerario de Amenhotep III. El santuario casi ha desaparecido, pero las estatuas siguen custodiando su ausencia.
En Medinet Habu encontraremos uno de los lugares que Dieste considera imprescindibles y que suele quedar fuera de muchos recorridos. Fue el gran templo funerario de Ramsés III y sus muros conservan las campañas contra los llamados Pueblos del Mar. “Eran diversos pueblos que, alrededor del año 1200 a. C., atacaron y desestabilizaron numerosas civilizaciones de la costa mediterránea. Es un templo importantísimo porque allí aparecen representados y podemos ver cómo los egipcios lograron detener su avance”, señala.

Seguiremos hacia el Valle de los Reyes. Desde fuera parecerá una garganta seca rodeada de montañas desnudas. Nada anuncia que bajo la roca se excavaron decenas de sepulturas para los soberanos del Reino Nuevo. Descenderemos por corredores cubiertos de jeroglíficos y escenas del más allá. Las tumbas no son galerías artísticas, sino máquinas simbólicas destinadas a asegurar que el rey despertara de nuevo cada amanecer.
Aquí, Howard Carter descubrió en 1922 la tumba de Tutankamón, la única sepultura real hallada relativamente intacta. Más adelante, en el Gran Museo Egipcio, volveremos a encontrarnos con sus tesoros. Antes contemplaremos el templo de Hatshepsut, desplegado en terrazas contra el acantilado de Deir el-Bahari, recuerdo de la mujer que gobernó Egipto como faraón con plenos poderes.
El Nilo se convierte en camino
De nuevo, abordo del M/S Sonesta Nile Goddess, nuestro viaje seguirá hacia el sur. Desde el barco veremos cómo una franja fértil de palmeras, huertos y aldeas queda atrapada entre dos extensiones de desierto. “Uno de los recuerdos más sensibles y románticos de Egipto es contemplar desde la cubierta como las orillas del Nilo siguen llenas de vida”, anticipa Dieste.

En Edfu nos internaremos en el templo de Horus, cuyos muros narran la lucha entre Horus y Seth: el heredero legítimo frente al usurpador, el orden frente al caos. En Kom Ombo descubriremos un santuario dividido entre Haroeris, una forma de Horus, y Sobek, el dios cocodrilo asociado al poder del río. Junto al templo visitaremos el Museo del Cocodrilo de Kom Ombo, donde se exhiben cocodrilos momificados y otros testimonios del culto a Sobek, reflejo de una sociedad que convirtió en divinidad a uno de los animales más temidos del Nilo.
A la mañana siguiente dejaremos atrás Asuán y, mientras el desierto se extiende bajo nosotros, volaremos hacia Abu Simbel. Allí, frente a las aguas inmóviles del lago Nasser, cuatro figuras colosales de Ramsés II dominan la fachada del templo principal, como si todavía vigilaran la antigua frontera meridional de Egipto. A poca distancia se encuentra el templo dedicado a Nefertari y Hathor, donde la reina fue representada con un tamaño semejante al del faraón. Ambos santuarios fueron desmontados y reconstruidos a mayor altura para impedir que quedaran sumergidos tras la construcción de la presa de Asuán.

Después de recorrer Abu Simbel, regresaremos en avión a Asuán y volveremos al barco para pasar nuestra última noche junto al Nilo. A la mañana siguiente abandonaremos definitivamente el curso del río y volaremos hacia El Cairo, donde el viaje cambiará de paisaje, de ritmo y de época.
El Cairo y la piedra imposible
El relato cambia al llegar a El Cairo. El tráfico y los edificios avanzan hasta el límite del desierto y, de pronto, aparecen las pirámides de Guiza. “Allí se conserva la única de las siete maravillas del mundo antiguo que ha llegado hasta nosotros”, recuerda Dieste. Frente a Keops, Kefrén y Micerinos resulta inevitable preguntarse cómo pudieron levantarse aquellas estructuras hace unos 4.500 años.

La Gran Esfinge permanece tendida frente a la meseta. Después, el Gran Museo Egipcio —GEM— nos permitirá regresar sobre lo visto durante el viaje. Estatuas, sarcófagos y objetos funerarios dejarán de parecernos piezas aisladas: podremos relacionarlos con los templos, los dioses y los rituales para los que fueron creados.

Alejandría, la memoria frente al mar
Nuestro camino continuará hacia Alejandría. Aquí, el Mediterráneo introduce otra luz y otra historia. En las catacumbas de Kom el-Shoqafa descenderemos a un espacio donde las tradiciones egipcias y grecorromanas se mezclan incluso en la representación de la muerte.
La actual Biblioteca de Alejandría evoca la aspiración de reunir el saber universal. Cerca del antiguo Serapeo, santuario dedicado al dios Serapis, veremos la columna atribuida erróneamente a Pompeyo. El complejo contó con una biblioteca vinculada a la gran Biblioteca de Alejandría. “Era otra forma de conservar el conocimiento, más cercana al ámbito religioso y esotérico”, explica Dieste. Frente al mar, la ciudadela de Qaitbay ocupa el entorno donde se alzó el desaparecido faro.
Todas las edades de Egipto
La idea de que Egipto puede reducirse exclusivamente a los faraones se matiza en el siguiente punto del viaje. De regreso a El Cairo visitaremos el Museo Nacional de la Civilización Egipcia, que nos conducirá desde la prehistoria hasta la época contemporánea. Su sala de momias reales ha sido concebida para evocar un recorrido por el Valle de los Reyes. “Es un museo recogido y lleno de magia”, afirma Dieste, “un lugar que nos permite atravesar las distintas épocas de Egipto”.

La Ciudadela de Saladino abrirá ante nosotros el Egipto medieval e islámico. Desde su altura, la Mezquita de Muhammad Alí dominará un horizonte de azoteas, cúpulas y minaretes. En el barrio copto entraremos en la iglesia de San Sergio, vinculada por la tradición al refugio de la Sagrada Familia. Después caminaremos por Jan el-Jalili, donde las calles se estrechan entre tiendas, cafés, lámparas y especias.
Será allí, entre voces y mercancías, donde Egipto regresará por completo al presente. Nuestro viaje habrá seguido el curso del Nilo y atravesado más de cuatro milenios de historia. Habremos visto cómo cada época reutilizó las piedras de la anterior, reinterpretó sus símbolos y trató de imponer su propio relato.
Es cuando se comprende que Egipto no ha perdurado por permanecer inmóvil. Ha sobrevivido porque nunca dejó de transformarse. El Nilo seguirá avanzando mientras, a ambos lados de sus orillas, los vivos continúan conversando con los muertos.
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NOTA: GeoGastronómica acompaña y difunde esta expedición desde su mirada editorial, pero no actúa como agencia de viajes. La organización, contratación, reservas, pagos, seguros y condiciones corresponden a Atlantida Travel, agencia responsable del viaje.
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