Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más

El kokumi ayuda a explicar por qué algunos alimentos resultan más redondos.

Redacción GeoGastronómica
21 de septiembre de 2026
Compartir en:

Índice

Dulce. Salado. Ácido. Amargo. Umami. Nos hemos acostumbrado a ordenar el gusto dentro de estas cinco grandes categorías. Sabemos reconocer el azúcar, la sal, la acidez de un limón, el amargor del café o esa profundidad difícil de explicar que aporta el glutamato a un caldo. Pero existe otra palabra que apenas ha salido todavía de los laboratorios y de determinados círculos gastronómicos: kokumi. Lo extraño es que llevamos toda la vida comiéndolo. Está relacionado con esa sensación que hace que un queso curado resulte más profundo, que un caldo parezca ocupar toda la boca o que una salsa tenga una persistencia que continúa después de haberla tragado. No necesariamente añade un sabor nuevo. Hace algo bastante más desconcertante: consigue que los sabores que ya existen parezcan más completos.

La ciencia lleva décadas intentando comprender cómo sucede. Y una investigación publicada el 18 de septiembre de 2026 en npj Science of Food acaba de añadir nuevas piezas al rompecabezas estudiando determinados péptidos obtenidos de proteínas de la leche y su relación tanto con el umami como con el kokumi. La pregunta parece sencilla:

¿qué demonios es el kokumi?

Imagen de Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más

Kokumi no es el sexto sabor

La primera tentación sería presentarlo como el nuevo miembro de la familia: después del umami llega el kokumi. Pero científicamente sería incorrecto. El kokumi no está reconocido como un gusto básico independiente equiparable al dulce, salado, ácido, amargo o umami. También conviene distinguir entre gusto y sabor. El gusto corresponde fundamentalmente a determinadas señales químicas detectadas en la boca, mientras que lo que habitualmente llamamos sabor es bastante más complejo: intervienen el gusto, el aroma, la textura, la temperatura, las sensaciones trigeminales y hasta las expectativas creadas antes de llevarnos el alimento a la boca.

El kokumi se mueve precisamente en ese territorio fronterizo. La literatura científica lo relaciona con conceptos como cuerpo, plenitud en boca, continuidad, complejidad, riqueza y persistencia. No describe tanto una nota concreta como la manera en que percibimos el conjunto. Una revisión publicada este mismo año en Chemical Senses lo define como una percepción oral modulada por determinadas sustancias capaces de intensificar otras sensaciones gustativas. Muchas de esas sustancias apenas presentan por sí mismas un gusto reconocible. Y ahí empieza lo verdaderamente interesante.

El ingrediente que no sabe, pero hace que los demás sepan

Imaginemos dos caldos prácticamente idénticos. Los dos tienen sal, ingredientes aromáticos y componentes responsables del umami. Añadimos a uno una cantidad muy pequeña de determinada sustancia kokumi. No tiene por qué aparecer un nuevo sabor y, sin embargo, el segundo caldo puede parecernos más profundo, redondo y persistente. La percepción aumenta aunque resulte difícil señalar exactamente qué ingrediente ha cambiado.

Es casi la operación contraria a añadir azúcar, sal o ácido. Cuando incorporamos sal sabemos identificar qué ha ocurrido. Con determinadas sustancias kokumi, en cambio, lo que cambia es la arquitectura del sabor: el plato parece tener más cuerpo, permanece más tiempo y resulta incluso más complejo. De ahí la aparente contradicción del kokumi: hay moléculas que pueden saber muy poco por sí mismas y conseguir, sin embargo, que todo lo que las rodea sepa más.

Todo empezó con un poco de ajo

La historia científica del kokumi tiene un origen bastante menos sofisticado de lo que cabría esperar: un extracto de ajo. En 1990, investigadores de los laboratorios centrales de Ajinomoto, compañía japonesa de alimentación conocida por desarrollar y comercializar glutamato monosódico y otros potenciadores del sabor, publicaron un trabajo en el que añadieron pequeñas cantidades de extracto acuoso de ajo a sopas y a soluciones de glutamato e inosinato. Los catadores detectaban algo que las categorías habituales no explicaban bien: el sabor parecía ganar continuidad, plenitud y espesor sensorial.

Imagen de Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más
El ajo en el origen del kokumi.

Los investigadores comenzaron entonces a separar los componentes del extracto para descubrir cuáles eran responsables del fenómeno y localizaron diferentes compuestos sulfurados. Aquellos experimentos ayudaron a establecer las bases de lo que posteriormente se estudiaría como sustancias kokumi. El hallazgo tenía algo fascinante: la cocina llevaba siglos utilizando ajo para aportar profundidad a los platos, pero la ciencia empezaba a preguntarse si parte de aquel efecto podía explicarse molecularmente. Después aparecerían muchos otros candidatos. Entre los más estudiados se encuentran los péptidos γ-glutamil, pequeñas cadenas de aminoácidos presentes de manera natural en distintos alimentos. Uno de los compuestos más conocidos de este grupo es el glutatión.

Un receptor que ayuda a explicar el misterio

Si el kokumi fuera únicamente una metáfora gastronómica —algo “más profundo”, “más redondo”, “más completo”— sería complicado estudiarlo científicamente. Pero existe una pista molecular especialmente importante. Muchas sustancias con actividad kokumi pueden interactuar con el receptor sensor de calcio, CaSR, un receptor presente en diferentes tejidos del organismo y también relacionado con células del sistema gustativo. Los estudios han ido relacionando su activación con la capacidad de determinados compuestos para modificar la percepción oral, e investigaciones recientes han llegado incluso a estudiar mediante técnicas estructurales cómo ciertos péptidos kokumi se unen al receptor.

Esto no significa que se haya resuelto completamente el mecanismo. La revisión publicada en Chemical Senses en 2026 insiste precisamente en que CaSR ocupa una posición central en la investigación, pero también analiza otras sustancias y posibles receptores implicados. El kokumi parece formar parte de un sistema sensorial bastante más complejo que un simple interruptor que se enciende y apaga.

Lo que acaba de descubrir la ciencia en la leche

El trabajo publicado el 18 de septiembre en npj Science of Food investigó péptidos procedentes de hidrolizados de proteínas lácteas. Los investigadores identificaron ocho péptidos con actividad gustativa relevante y estudiaron tanto sus propiedades sensoriales como su estabilidad y su interacción con receptores moleculares. Algunos mostraron una actividad umami particularmente intensa. Otro, denominado EDIKQME, presentó la mayor capacidad potenciadora de kokumi entre los compuestos analizados.

Imagen de Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más
Un péptido encontrado en la leche presentó una mayor capacidad potenciadora de kokumi.

Pero uno de los resultados más interesantes apareció con el péptido LSFD. Las simulaciones moleculares indicaron que podía interactuar tanto con CaSR, relacionado con kokumi, como con T1R1/T1R3, uno de los principales receptores asociados al umami. Es una conexión especialmente sugerente porque muestra hasta qué punto umami y kokumi pueden participar simultáneamente en la construcción de la percepción de un alimento sin significar lo mismo. El estudio encontró además que los péptidos analizados permanecían estables en condiciones moderadamente ácidas o próximas a la neutralidad y que algunos soportaban temperaturas de entre 75 y 85 grados, características interesantes para su eventual utilización en alimentos procesados.

Umami y kokumi no son lo mismo

La confusión resulta comprensible. Umami y kokumi aparecen con frecuencia en alimentos intensos, fermentados, curados o ricos en proteínas y ambos pueden contribuir a que percibamos un plato como extraordinariamente sabroso. Pero funcionan de manera diferente. El umami posee una identidad gustativa propia asociada fundamentalmente al glutamato y reforzada por nucleótidos como el inosinato y el guanilato. El kokumi actúa más bien como modulador.

Podríamos imaginar una pieza musical. El umami sería uno de los instrumentos: podemos escucharlo e identificar su presencia. El kokumi se parecería más a aumentar la profundidad de la interpretación: no necesariamente introduce una nueva melodía, pero consigue que el conjunto parezca más lleno y permanezca durante más tiempo. No es una definición científica, pero probablemente sea una de las maneras más sencillas de entenderlo.

Llevamos siglos cocinando kokumi sin conocer su nombre

Ajo y cebolla. Salsa de soja. Quesos curados. Extractos de levadura. Algunas legumbres. Pescados fermentados. Los investigadores han identificado péptidos γ-glutamil y otros compuestos asociados al kokumi en numerosos alimentos, especialmente en productos sometidos a fermentación y maduración. Esto ayuda a explicar por qué el concepto resulta tan atractivo para la gastronomía. Mucho antes de que alguien pronunciara la palabra kokumi, las cocinas del mundo ya habían aprendido a buscar profundidad mediante el tiempo: fermentamos, curamos, maduramos, reducimos caldos, sofreímos lentamente ajo y cebolla y dejamos que microorganismos transformen leche, soja, cereales, carne o pescado.

Imagen de Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más
En el queso curado hay compuestos asociados al kokumi.

Pero sería excesivamente simplista atribuir al kokumi toda la complejidad que aparece durante esos procesos. En un queso curado, un fondo cocinado durante horas o una salsa fermentada intervienen simultáneamente grasas, aromas, textura, umami, reacciones químicas y cientos de moléculas diferentes. El kokumi puede explicar una parte de la historia, no toda la historia.

La industria alimentaria también está muy interesada

Hay otra razón por la que estas moléculas despiertan tanta atención. Si determinados compuestos consiguen aumentar la sensación de plenitud, continuidad o intensidad de un alimento, aparece una posibilidad evidente: mantener parte de su atractivo sensorial utilizando menos sal, grasa o azúcar. No significa que el kokumi pueda sustituir directamente a ninguno de ellos. Reducir la grasa de un alimento cambia su textura, reducir azúcar altera dulzor, estructura y conservación, y eliminar sal modifica sabor y también puede afectar a determinados procesos tecnológicos.

Pero diferentes investigaciones estudian si los péptidos kokumi pueden ayudar a compensar parte de esa pérdida sensorial. La industria no busca únicamente ingredientes que aporten sabor. También busca ingredientes capaces de modificar cómo percibimos el sabor. Y esa diferencia puede convertirse en un enorme negocio. Conviene recordar además que parte de la investigación histórica sobre kokumi procede de Ajinomoto, compañía profundamente vinculada al desarrollo industrial de potenciadores del sabor. Eso no invalida los resultados, pero forma parte del contexto que debe acompañar a una historia en la que investigación científica e interés comercial llevan décadas avanzando juntos. El nuevo estudio sobre los péptidos de la leche publicado en npj Science of Food, por su parte, declara que sus autores no tienen conflictos de interés.

La ciencia empieza a explicar algo que la cocina ya sabía

Quizá lo más interesante del kokumi no sea preguntarnos si algún día aparecerá escrito junto a dulce, salado, ácido, amargo y umami. Probablemente esa sea incluso la pregunta equivocada. Lo fascinante es descubrir que nuestra percepción de un plato depende de mecanismos mucho más complejos que identificar una sucesión de sabores. Un caldo puede saber profundo, un queso puede parecer más largo, una salsa puede llenar la boca y un guiso puede tener esa extraña capacidad de permanecer después del último bocado.

Durante siglos hemos descrito esas sensaciones recurriendo a palabras como intensidad, cuerpo, profundidad o riqueza. Ahora la ciencia empieza a identificar algunas de las moléculas y receptores que pueden estar detrás de una parte de ellas. Y eso devuelve el kokumi a su paradoja inicial: la cocina siempre ha intentado encontrar ingredientes que sepan bien, pero algunos de los más interesantes quizá sean precisamente aquellos que apenas saben a nada y, sin embargo, consiguen que todo lo demás sepa mejor.

NEWSLETTER

Imagen de Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más

Si te ha gustado este artículo, es que te gusta comer con sentido y viajar con apetito.

Suscríbete gratis a GeoGastronómica y recibe antes que nadie nuestros artículos, crónicas, destinos comestibles y experiencias. Sin postureo. Solo buen comer.

Apúntate hoy y empieza a saborear el mundo desde tu bandeja de entrada.

Te puede interesar
Gastro guías
Gastro Guía de Nueva York: sabores que definen a la Gran Manzana

Sabores del mundo en una sola ciudad. Descubre los mejores restaurantes, mercados y pastelerías en esta guía gourmet definitiva para NYC.

Un plato, un destino
¿Viajarías a Perú a probar su ceviche?

Historia, variaciones y dónde probar el mejor ceviche en Perú. Una guía completa para foodies con alma viajera.

Cocineros del mundo
El alma del Pirineo aragonés se sirve en el Ansils

Vive la experiencia de Restaurante Ansils: un viaje culinario único en el Valle de Benasque.

Gastro guías
Gastro Guía de Melbourne: sabores, cultura y encanto australiano

Descubre la vibrante gastronomía de Melbourne con nuestra guía completa.

Gastro guías
Gastro Guía de Cracovia: de los pierogi al zubrówka

Qué comer en Cracovia: guía de pierogi, zurek, dulces, mercados y restaurantes con encanto en la capital cultural de Polonia.

Destinos gastronómicos
La gastronomía belga: sabores con historia en el corazón de Europa

Recorrer Bélgica con el estómago por guía es una de las formas más placenteras de entender su historia, su gente y su diversidad.

Destinos gastronómicos
Buenos Aires a mordiscos: crónica cruda y jugosa de la gran ciudad porteña

Descubre los sabores de Buenos Aires desde el asado hasta los alfajores de dulce de leche en un recorrido crudo y emocionante.

Destinos gastronómicos
Viajamos a Ciudad de México, la capital de la gastronomía mexicana y cultural

Desde tacos hasta mole: explora la riqueza gastronómica de México en un viaje de sabor, historia y cultura.

Bebidas
Vodka polaco, el símbolo líquido de Polonia

¿Qué hace diferente al vodka polaco del resto del mundo? Su elaboración con centeno o patata, su altísima pureza y su conexión cultural profunda lo convierten en una bebida con alma.

Producto
El queso Camembert de Normandía, una gloria gastronómica entre el campo, el moho y la historia

Historia, elaboración y maridaje perfecto del auténtico Camembert AOP

Republicar artículo

Si lo deseas puedes republicar este artículo, ya sea en formato impreso o digital, teniendo en cuenta las siguientes indicaciones:  atribuye claramente la autoría del artículo a GeoGastrónomica, indica que el texto fue publicado originalmente en GeoGastronómica y si realizas modificaciones, deben mantenerse bajo la misma licencia que el original y debes señalar que se han hecho cambios. Consulta aquí nuestras normas completas de republicación.

<h1>Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más</h1>
<p>Dulce. Salado. Ácido. Amargo. Umami. Nos hemos acostumbrado a ordenar el gusto dentro de estas cinco grandes categorías. Sabemos reconocer el azúcar, la sal, la acidez de un limón, el amargor del café o esa profundidad difícil de explicar que aporta el glutamato a un caldo. Pero existe otra palabra que apenas ha salido todavía de los laboratorios y de determinados círculos gastronómicos: <strong>kokumi</strong>. Lo extraño es que llevamos toda la vida comiéndolo. Está relacionado con esa sensación que hace que un queso curado resulte más profundo, que un caldo parezca ocupar toda la boca o que una salsa tenga una persistencia que continúa después de haberla tragado. No necesariamente añade un sabor nuevo. Hace algo bastante más desconcertante: consigue que los sabores que ya existen parezcan más completos.</p>



<p>La ciencia lleva décadas intentando comprender cómo sucede. Y una investigación publicada el 18 de septiembre de 2026 en <strong>npj Science of Food</strong> acaba de añadir nuevas piezas al rompecabezas estudiando determinados péptidos obtenidos de proteínas de la leche y su relación tanto con el umami como con el <strong>kokumi</strong>. La pregunta parece sencilla:</p>



<p>¿qué demonios es el <strong>kokumi</strong>?</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-5-1200x900.webp" alt="Imagen de Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más" class="wp-image-12313" title="Imagen de Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más 11" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-5-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-5-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-5-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-5-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-5.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Kokumi no es el sexto sabor</h2>



<p>La primera tentación sería presentarlo como el nuevo miembro de la familia: después del umami llega el <strong>kokumi</strong>. Pero científicamente sería incorrecto. El <strong>kokumi</strong> no está reconocido como un gusto básico independiente equiparable al dulce, salado, ácido, amargo o umami. También conviene distinguir entre gusto y sabor. El gusto corresponde fundamentalmente a determinadas señales químicas detectadas en la boca, mientras que lo que habitualmente llamamos sabor es bastante más complejo: intervienen el gusto, el aroma, la textura, la temperatura, las sensaciones trigeminales y hasta las expectativas creadas antes de llevarnos el alimento a la boca.</p>



<p>El <strong>kokumi</strong> se mueve precisamente en ese territorio fronterizo. La literatura científica lo relaciona con conceptos como <strong>cuerpo, plenitud en boca, continuidad, complejidad, riqueza y persistencia</strong>. No describe tanto una nota concreta como la manera en que percibimos el conjunto. Una revisión publicada este mismo año en <em>Chemical Senses</em> lo define como una percepción oral modulada por determinadas sustancias capaces de intensificar otras sensaciones gustativas. Muchas de esas sustancias apenas presentan por sí mismas un gusto reconocible. Y ahí empieza lo verdaderamente interesante.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El ingrediente que no sabe, pero hace que los demás sepan</h2>



<p>Imaginemos dos caldos prácticamente idénticos. Los dos tienen sal, ingredientes aromáticos y componentes responsables del umami. Añadimos a uno una cantidad muy pequeña de determinada sustancia <strong>kokumi</strong>. No tiene por qué aparecer un nuevo sabor y, sin embargo, el segundo caldo puede parecernos más <strong>profundo, redondo y persistente</strong>. La percepción aumenta aunque resulte difícil señalar exactamente qué ingrediente ha cambiado.</p>



<p>Es casi la operación contraria a añadir azúcar, sal o ácido. Cuando incorporamos sal sabemos identificar qué ha ocurrido. Con determinadas sustancias <strong>kokumi</strong>, en cambio, lo que cambia es la arquitectura del sabor: <strong>el plato parece tener más cuerpo, permanece más tiempo y resulta incluso más complejo</strong>. De ahí la aparente contradicción del <strong>kokumi</strong>: <strong>hay moléculas que pueden saber muy poco por sí mismas y conseguir, sin embargo, que todo lo que las rodea sepa más.</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Todo empezó con un poco de ajo</h2>



<p>La historia científica del <strong>kokumi</strong> tiene un origen bastante menos sofisticado de lo que cabría esperar: <strong>un extracto de ajo</strong>. En 1990, investigadores de los laboratorios centrales de <em>Ajinomoto</em>, compañía japonesa de alimentación conocida por desarrollar y comercializar glutamato monosódico y otros potenciadores del sabor, publicaron un trabajo en el que añadieron pequeñas cantidades de extracto acuoso de ajo a sopas y a soluciones de glutamato e inosinato. Los catadores detectaban algo que las categorías habituales no explicaban bien: <strong>el sabor parecía ganar continuidad, plenitud y espesor sensorial.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-2-1200x900.webp" alt="Imagen de Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más" class="wp-image-12308" title="Imagen de Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más 12" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-2-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-2-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-2-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-2-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-2.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">El ajo en el origen del kokumi.</figcaption></figure>



<p>Los investigadores comenzaron entonces a separar los componentes del extracto para descubrir cuáles eran responsables del fenómeno y localizaron diferentes compuestos sulfurados. Aquellos experimentos ayudaron a establecer las bases de lo que posteriormente se estudiaría como sustancias <strong>kokumi</strong>. El hallazgo tenía algo fascinante: <strong>la cocina llevaba siglos utilizando ajo para aportar profundidad a los platos, pero la ciencia empezaba a preguntarse si parte de aquel efecto podía explicarse molecularmente.</strong> Después aparecerían muchos otros candidatos. Entre los más estudiados se encuentran los péptidos γ-glutamil, pequeñas cadenas de aminoácidos presentes de manera natural en distintos alimentos. Uno de los compuestos más conocidos de este grupo es el glutatión.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un receptor que ayuda a explicar el misterio</h2>



<p>Si el <strong>kokumi</strong> fuera únicamente una metáfora gastronómica —algo “más profundo”, “más redondo”, “más completo”— sería complicado estudiarlo científicamente. Pero existe una pista molecular especialmente importante. Muchas sustancias con actividad <strong>kokumi</strong> pueden interactuar con el receptor sensor de calcio, CaSR, un receptor presente en diferentes tejidos del organismo y también relacionado con células del sistema gustativo. Los estudios han ido relacionando su activación con la capacidad de determinados compuestos para modificar la percepción oral, e investigaciones recientes han llegado incluso a estudiar mediante técnicas estructurales cómo ciertos péptidos <strong>kokumi </strong>se unen al receptor.</p>



<p>Esto no significa que se haya resuelto completamente el mecanismo. La revisión publicada en <em>Chemical Senses</em> en 2026 insiste precisamente en que CaSR ocupa una posición central en la investigación, pero también analiza otras sustancias y posibles receptores implicados. El <strong>kokumi</strong> parece formar parte de un sistema sensorial bastante más complejo que un simple interruptor que se enciende y apaga.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Lo que acaba de descubrir la ciencia en la leche</h2>



<p>El trabajo publicado el 18 de septiembre en <a href="https://www.nature.com/articles/s41538-026-01080-3" target="_blank" rel="noopener">npj Science of Food</a> investigó péptidos procedentes de hidrolizados de proteínas lácteas. Los investigadores identificaron ocho péptidos con actividad gustativa relevante y estudiaron tanto sus propiedades sensoriales como su estabilidad y su interacción con receptores moleculares. Algunos mostraron una actividad umami particularmente intensa. Otro, denominado EDIKQME, presentó la mayor capacidad potenciadora de <strong>kokumi</strong> entre los compuestos analizados.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-3-1200x900.webp" alt="Imagen de Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más" class="wp-image-12309" title="Imagen de Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más 13" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-3-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-3-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-3-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-3-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-3.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">Un péptido encontrado en la leche presentó una mayor capacidad potenciadora de kokumi.  </figcaption></figure>



<p>Pero uno de los resultados más interesantes apareció con el péptido LSFD. Las simulaciones moleculares indicaron que podía interactuar tanto con CaSR, relacionado con <strong>kokumi</strong>, como con T1R1/T1R3, uno de los principales receptores asociados al umami. Es una conexión especialmente sugerente porque muestra hasta qué punto umami y <strong>kokumi</strong> pueden participar simultáneamente en la construcción de la percepción de un alimento sin significar lo mismo. El estudio encontró además que los péptidos analizados permanecían estables en condiciones moderadamente ácidas o próximas a la neutralidad y que algunos soportaban temperaturas de entre 75 y 85 grados, características interesantes para su eventual utilización en alimentos procesados.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Umami y kokumi no son lo mismo</h2>



<p>La confusión resulta comprensible. Umami y <strong>kokumi </strong>aparecen con frecuencia en alimentos intensos, fermentados, curados o ricos en proteínas y ambos pueden contribuir a que percibamos un plato como extraordinariamente sabroso. Pero funcionan de manera diferente. El umami posee una identidad gustativa propia asociada fundamentalmente al glutamato y reforzada por nucleótidos como el inosinato y el guanilato. El <strong>kokumi</strong> actúa más bien como modulador.</p>



<p>Podríamos imaginar una pieza musical. El umami sería uno de los instrumentos: podemos escucharlo e identificar su presencia. El <strong>kokumi</strong> se parecería más a aumentar la profundidad de la interpretación: no necesariamente introduce una nueva melodía, pero consigue que el conjunto parezca más lleno y permanezca durante más tiempo. No es una definición científica, pero probablemente sea una de las maneras más sencillas de entenderlo.</p><div class="geoad-inline-inject"><div class="geoad-wrap"><div class="geoad-zone geoad-zone--horizontal" data-zone="subcategoria_vertical_3"><div class="geoad-banner active" data-ad-id="11818" data-mostrar-publicidad="0"><a href="https://jeauvnt6.sibpages.com/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><picture><source media="(max-width: 767px)" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/07/Untitled-image-2026-07-07T095535.355.webp"><img src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/07/Untitled-image-2026-07-07T095523.937.webp" alt="EXPEDICIONES 2026" loading="lazy" width="1230" height="350"></picture></a></div><div class="geoad-banner " data-ad-id="10282" data-mostrar-publicidad="0"><a href="https://geogastronomica.com/newsletter/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><picture><source media="(max-width: 767px)" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133235.613.webp"><img src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133212.029.webp" alt="Suscripción gratuita Newsletter" loading="lazy" width="1230" height="350"></picture></a></div><a class="geoad-label geoad-label--hidden" href="https://geogastronomica.com/politica-privacidad/" target="_blank" rel="noopener noreferrer nofollow">Publicidad</a></div></div></div>



<h2 class="wp-block-heading">Llevamos siglos cocinando kokumi sin conocer su nombre</h2>



<p>Ajo y cebolla. Salsa de soja. Quesos curados. Extractos de levadura. Algunas legumbres. Pescados fermentados. Los investigadores han identificado péptidos γ-glutamil y otros compuestos asociados al <strong>kokumi</strong> en numerosos alimentos, especialmente en productos sometidos a fermentación y maduración. Esto ayuda a explicar por qué el concepto resulta tan atractivo para la gastronomía. Mucho antes de que alguien pronunciara la palabra<strong> kokumi</strong>, las cocinas del mundo ya habían aprendido a buscar profundidad mediante el tiempo: fermentamos, curamos, maduramos, reducimos caldos, sofreímos lentamente ajo y cebolla y dejamos que microorganismos transformen leche, soja, cereales, carne o pescado.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-4-1200x900.webp" alt="Imagen de Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más" class="wp-image-12311" title="Imagen de Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más 14" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-4-1200x900.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-4-900x675.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-4-768x576.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-4-1536x1152.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/09/KOKUMI-4.webp 1600w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">En el queso curado hay compuestos asociados al kokumi.</figcaption></figure>



<p>Pero sería excesivamente simplista atribuir al <strong>kokumi </strong>toda la complejidad que aparece durante esos procesos. En un queso curado, un fondo cocinado durante horas o una salsa fermentada intervienen simultáneamente grasas, aromas, textura, umami, reacciones químicas y cientos de moléculas diferentes. El kokumi puede explicar una parte de la historia, no toda la historia.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La industria alimentaria también está muy interesada</h2>



<p>Hay otra razón por la que estas moléculas despiertan tanta atención. Si determinados compuestos consiguen aumentar la sensación de plenitud, continuidad o intensidad de un alimento, aparece una posibilidad evidente: mantener parte de su atractivo sensorial utilizando menos sal, grasa o azúcar. No significa que el <strong>kokumi</strong> pueda sustituir directamente a ninguno de ellos. Reducir la grasa de un alimento cambia su textura, reducir azúcar altera dulzor, estructura y conservación, y eliminar sal modifica sabor y también puede afectar a determinados procesos tecnológicos.</p>



<p>Pero diferentes investigaciones estudian si los péptidos<strong> kokumi </strong>pueden ayudar a compensar parte de esa pérdida sensorial. La industria no busca únicamente ingredientes que aporten sabor. También busca ingredientes capaces de modificar cómo percibimos el sabor. Y esa diferencia puede convertirse en un enorme negocio. Conviene recordar además que parte de la investigación histórica sobre <strong>kokumi </strong>procede de <em>Ajinomoto</em>, compañía profundamente vinculada al desarrollo industrial de potenciadores del sabor. Eso no invalida los resultados, pero forma parte del contexto que debe acompañar a una historia en la que investigación científica e interés comercial llevan décadas avanzando juntos. El nuevo estudio sobre los péptidos de la leche publicado en <em>npj Science of Food</em>, por su parte, declara que sus autores no tienen conflictos de interés.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La ciencia empieza a explicar algo que la cocina ya sabía</h2>



<p>Quizá lo más interesante del <strong>kokumi</strong> no sea preguntarnos si algún día aparecerá escrito junto a dulce, salado, ácido, amargo y umami. Probablemente esa sea incluso la pregunta equivocada. Lo fascinante es descubrir que nuestra percepción de un plato depende de mecanismos mucho más complejos que identificar una sucesión de sabores. Un caldo puede saber profundo, un queso puede parecer más largo, una salsa puede llenar la boca y un guiso puede tener esa extraña capacidad de permanecer después del último bocado.</p>



<p>Durante siglos hemos descrito esas sensaciones recurriendo a palabras como intensidad, cuerpo, profundidad o riqueza. Ahora la ciencia empieza a identificar algunas de las moléculas y receptores que pueden estar detrás de una parte de ellas. Y eso devuelve el <strong>kokumi</strong> a su paradoja inicial: la cocina siempre ha intentado encontrar ingredientes que sepan bien, pero algunos de los más interesantes quizá sean precisamente aquellos que apenas saben a nada y, sin embargo, consiguen que todo lo demás sepa mejor.</p>



<h2 class="wp-block-heading">NEWSLETTER</h2>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="341" src="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133212.029-1200x341.webp" alt="Imagen de Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más" class="wp-image-10324" title="Imagen de Kokumi: el sabor que no sabe a nada y hace que todo sepa más 15" srcset="https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133212.029-1200x341.webp 1200w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133212.029-900x256.webp 900w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133212.029-768x218.webp 768w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133212.029-1536x437.webp 1536w, https://geogastronomica.com/wp-content/uploads/2026/03/Untitled-image-2026-03-25T133212.029.webp 1920w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></figure>



<p>Si te ha gustado este artículo, es que te gusta comer con sentido y viajar con apetito.</p>



<p>Suscríbete gratis a <strong>GeoGastronómica </strong>y recibe antes que nadie nuestros artículos, crónicas, destinos comestibles y experiencias. Sin postureo. Solo buen comer.</p>



<p>Apúntate hoy y empieza a saborear el mundo desde tu bandeja de entrada.</p>



<div class="wp-block-buttons is-layout-flex wp-block-buttons-is-layout-flex">
<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://geogastronomica.com/newsletter/">SUSCRÍBETE</a></div>
</div>
<p>Este artículo fue publicado originalmente en <a href="https://geogastronomica.com/">GEOgastronómica</a>. Lea el <a href="https://geogastronomica.com/kokumi-sabor-que-no-sabe-hace-que-todo-sepa-mas/">original</a>.</p></div>
GEO GASTRONÓMICA
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.